No era un partido cualquiera. Era, en los hechos y en la cabeza de todos, una final anticipada. Y Racing la afrontó en las peores condiciones posibles: con un jugador menos desde el minuto cuatro, producto de la expulsión de Toto Fernández, y cargando con la presión de una semana en la que el propio entrenador había salido a reclamar públicamente más compromiso y actitud. El resultado final fue un empate ante Barracas Central que deja al equipo de Avellaneda con el corazón partido pero el espíritu intacto. Lo que importa no es solo el punto sumado o perdido, sino lo que ese partido reveló sobre el grupo y sobre el rumbo que puede tomar la campaña. Porque lo que cambió, al menos en la percepción del cuerpo técnico, es que el equipo volvió a encontrarse con su identidad.

Una semana de tensión que terminó con una respuesta en el campo

Días atrás, tras el empate 1-1 ante Aldosivi, Gustavo Costas había encendido una señal de alerta. El entrenador no había quedado conforme con lo que vio en la cancha y lo dijo sin rodeos: faltaba garra, faltaba entrega, faltaba ese sello que históricamente distinguió a Racing en los momentos difíciles. El mensaje fue directo y caló hondo en el plantel. Según el propio DT, en la charla previa al partido y durante la semana de trabajo volvió a remarcar el peso del escudo que cada jugador lleva en el pecho. "Hay que seguirles diciendo dónde están, en un escudo al que hay que llevar lo más arriba posible", expresó tras el encuentro ante Barracas, reconociendo que ese recordatorio es parte del trabajo cotidiano, no solo un discurso de ocasión. El contexto importa: Racing es un club con historia copera, con títulos internacionales en su palmarés, y esa exigencia no es caprichosa sino estructural.

Lo que se vio en el campo fue, según la lectura de Costas, una respuesta contundente. Con inferioridad numérica durante prácticamente todo el partido, el equipo no se replegó ni se resignó a defender. En el primer tiempo presionó alto, dominó el trámite y se sobrepuso a la adversidad táctica que implica jugar casi noventa minutos con uno menos. No es un dato menor: en el fútbol moderno, la expulsión en los primeros minutos suele condenar a cualquier equipo a una actitud defensiva y especulativa. Racing eligió otro camino.

El peso de la gente y la fe del técnico en la clasificación

Antes del pitazo inicial, algo ocurrió en el estadio que trascendió lo deportivo. Los hinchas de Racing, en una demostración masiva de respaldo, ovacionaron a Gustavo Costas de manera sostenida. Para un entrenador que viene de ser ídolo como jugador del club, ese gesto tiene una dimensión emocional difícil de dimensionar desde afuera. "Es una emoción terrible el cariño que me tienen, ellos saben que lo que más quiero es que Racing salga campeón", reconoció el DT visiblemente afectado, y agregó una frase que resume su escala de prioridades: "Racing está por encima de todos". No es retórica vacía viniendo de alguien que dedicó gran parte de su vida a esta institución.

Costas también encontró en los hinchas una explicación simbólica para lo que fue el partido. Ante la pregunta de cómo el equipo pudo sostener el nivel con un jugador menos, el técnico apuntó al factor anímico del estadio: según su visión, la gente ocupó de alguna manera el lugar que dejó libre el expulsado. Es una lectura futbolera, casi mística, pero con sustento real: el apoyo sostenido de una hinchada puede convertirse en un factor diferencial en partidos de alta tensión, especialmente cuando el equipo atraviesa una racha irregular. El Cilindro fue, en ese sentido, el duodécimo jugador del que habla el imaginario popular.

En la conferencia de prensa posterior al encuentro, el entrenador fue categórico respecto al objetivo inmediato: la clasificación a los octavos de final. "Tengo una fe enorme en que vamos a entrar entre los ocho. Después de lo que vi hoy, estamos más vivos que nunca", afirmó, y esa declaración no sonó a voluntarismo sino a convicción fundada en lo observado durante el partido. Además, reveló el mensaje que les transmitió a los jugadores en el vestuario una vez terminado el encuentro: les pidió que proyecten la clasificación como algo alcanzable y que mantengan el foco en el campeonato como meta superior. "Les dije que piensen que nos vamos a clasificar y en que tenemos que ganar el campeonato", detalló.

El empate, un mazazo con la frente en alto

El segundo tiempo fue diferente al primero. Barracas Central, un equipo que en los últimos años consolidó su presencia en la Primera División y demostró capacidad para complicar a los grandes en condición de local, creció con el correr de los minutos y logró empatar el partido. Para Racing, que había sostenido la ventaja durante buena parte del encuentro y había sufrido para hacerlo, el gol rival fue un golpe duro. No hubo tiempo para la reacción. El resultado final dejó una mezcla de sensaciones: bronca por los puntos que se escaparon, pero también alivio y orgullo por la imagen que dejó el equipo en circunstancias extremadamente adversas. Costas lo vivió en el banco con la intensidad de siempre, sufriendo cada pelota, cada falta, cada minuto que pasaba.

Vale señalar que Racing llega a este tramo de la competencia con un historial que le genera presión pero también confianza. El club de Avellaneda tiene tradición en torneos de copa y sabe lo que significa pelear en instancias de eliminación directa. La experiencia acumulada por jugadores que atravesaron campañas coperas anteriores puede ser un activo importante en los partidos que vienen. La clasificación no depende únicamente de Racing, pero el equipo mantiene sus chances vigentes.

Las consecuencias de este empate se ramifican en distintas direcciones. Por un lado, el punto sumado mantiene viva la ilusión clasificatoria, aunque la situación sigue siendo apretada en la tabla. Por otro, la respuesta anímica del plantel ante las críticas del entrenador puede interpretarse como una señal positiva de cohesión interna, o bien como un destello aislado que todavía necesita confirmación. Para los hinchas, el partido fue un motivo de orgullo genuino; para los analistas más escépticos, un empate con uno menos ante un rival directo sigue siendo un resultado insuficiente para un club con las pretensiones de Racing. La verdad, como casi siempre en el fútbol, probablemente esté en algún punto intermedio entre el optimismo de Costas y la cautela que imponen los números.