El Cilindro de Avellaneda fue escenario de un partido que quedará grabado en la memoria de los hinchas de Racing, aunque no precisamente por razones que celebren. En la primera fecha del torneo Clausura 2025, la Academia recibió a Barracas en un encuentro donde los conflictos arbitrales eclipsaron completamente el desarrollo deportivo. Lo que pudo haber sido una jornada de lucha por objetivos clasificatorios se transformó en una noche de frustraciones colectivas, con decisiones del árbitro que generaron una onda expansiva de descontento en las tribunas.
Apenas transcurridos cinco minutos de juego, ya estaba plantada la primera semilla de controversia. Pablo Echavarría, el árbitro designado para dirigir el encuentro, expulsó a Adrián Fernández tras una acción que, aunque clara en sus términos físicos, llegó temprano en el desarrollo del partido. El volante de la Academia había conectado un codazo contra Dardo Miloc, jugador del conjunto visitante. La intervención del VAR, operado por Germán Delfino, llevó a Echavarría a revisar la jugada en pantalla, y su conclusión fue inmediata: tarjeta roja directa. Desde ese instante, la superioridad numérica de Barracas se convirtió en una ventaja que condicionalía todo lo que sucediera después en el rectángulo verde.
Una hinchada que gritó su descontento
La reacción de los aficionados locales no se hizo esperar. Con su equipo ya en inferioridad, los hinchas de Racing canalizaron su indignación a través de cánticos dirigidos no solo contra el arbitraje, sino también contra Claudio Tapia, máxima autoridad de la AFA. Estas manifestaciones vocales se intensificaron cuando Matías Zaracho anotó el primero de los tantos en el minuto 30 del primer tiempo. Los gritos de protesta volvieron a inundar el estadio, demostrando que la frustración había calado profundo entre la afición.
El contexto en el que se desarrollaba este encuentro no era menor. Ambas instituciones llegaban a esta jornada necesitadas de puntos para asegurar sus respectivas clasificaciones a los playoffs del Apertura, lo que significaba que cada decisión arbitral adquiría un peso aún mayor. Sin embargo, los conflictos sobre el terreno de juego terminaron por opacar completamente esos objetivos deportivos en la consideración de la gente.
El drama del final: gol anulado y penal inexistente
Si la expulsión temprana había marcado el tono conflictivo de la noche, lo que sucedería en los minutos finales llevaría la tensión a niveles insostenibles. En el quinto minuto de tiempo adicional del segundo tiempo, Maravilla Martínez conectó un cabezazo que hizo explotar de alegría a la hinchada local. El gol parecía ser la recompensa a los esfuerzos de una Academia que, jugando con diez hombres durante casi noventa minutos, buscaba llevarse un resultado positivo. Pero la celebración duró apenas segundos.
Nicolás Lamolina, árbitro responsable del partido, fue convocado inmediatamente por el VAR para revisar una acción anterior al tanto de Martínez. Lo que encontró en la pantalla fue una supuesta infracción del propio anotador contra Facundo Bruera, defensor de Barracas, dentro del área. Según el criterio del juez, esa acción merecía sanción máxima. La decisión fue contundente: se anuló el gol de Racing y se concedió un penal a favor de los visitantes. Rodrigo Insúa se encargó de convertir desde los doce pasos, sellando la victoria de Barracas. El deporte, entonces, quedó reducido a puro arbitraje, a interpretaciones que dividían aguas y que dejaban a una institución como la Academia sin poder terminar de definir su destino en el campo.
Los últimos compases del encuentro trajeron consigo una expulsión adicional. Costas, futbolista de Racing, también vería la tarjeta roja, completando un cuadro de sanciones que reflejaba el nivel de tensión acumulado a lo largo de los noventa minutos. Cuando el árbitro pitó el final, Barracas se había impuesto 1-0, pero la sensación que quedaba flotando en el Cilindro era la de una jornada donde las máquinas de revisar jugadas parecían haber tenido más protagonismo que los propios jugadores. La hinchada seguiría cantando contra Tapia mucho después de que el balón dejara de rodar.

