La ilusión de conquistar el título mundial en la categoría Sub 18 se desvaneció en el peor de los escenarios posibles para Racing. Los juveniles de Avellaneda atravesaban el mejor momento de sus vidas deportivas tras semanas de un desempeño extraordinario, pero la definición desde los doce pasos les negó la gloria en el torneo disputado en territorio español. Lo que comenzó como una gesta promisoria terminó en una caída 4-3 en la tanda de penales frente al equipo brasileño Athletico Paranaense, luego de que los noventa minutos reglamentarios culminaran igualados en 1-1.

El equipo conducido por Sebastián Belisonzi llegaba a la final como protagonista indiscutible del certamen, acumulando actuaciones que dejaban poco lugar a dudas sobre su capacidad competitiva. Durante la fase clasificatoria, los chicos de la Academia no concedieron un paso en falso: ganaron todos sus encuentros de grupo frente a rivales de renombre europeo, demostrando una solidez colectiva que trasladaron también a las instancias posteriores. La victoria contundente en cuartos de final ante Córdoba FC por 3-1 les permitió avanzar con confianza, y en semifinales ejecutaron una actuación sobresaliente al dejar sin chances al Real Madrid con un abrumador 3-0, resultado que parecía ser un presagio de lo que vendría.

El duelo que casi corona un sueño

Lo que ocurrió en el terreno de juego durante los ochenta minutos reglamentarios evidenció que Racing fue más equipo que su rival de la final. Desde el primer tiempo, los pupilos de Belisonzi impusieron su volumen de juego, con dos futbolistas que brillaron con luz propia durante toda la competencia: Benjamín Borowik y especialmente Román González, quien emergió como la revelación ofensiva del torneo. Ambos generaban peligro constante en el ataque, creando espacios y oportunidades para quebrar una defensa que se mostraba organizada pero vulnerable ante la creatividad exhibida.

Sin embargo, el fútbol no siempre recompensa al que juega mejor. Gustavo Guedes anotó de cabeza en favor del conjunto brasileño durante la primera mitad, poniendo en ventaja a Athletico Paranaense cuando menos se lo esperaba en el desarrollo del partido. Lejos de desmoralizarse, Racing respondió con carácter y empuje constante. A los 19 minutos del segundo tiempo, tras un buen centrado de Alex Balbuena, Román González conectó con su zurda y restableció la igualdad, llevando el encuentro hacia una definición abierta que parecía favorecer a quienes más habían generado en el partido.

Cuando los doce pasos se convierten en un laberinto

Las tandas de penales poseen una lógica propia, ajena muchas veces al desempeño mostrado durante los noventa minutos. En Córdoba, España, donde se disputó esta final histórica, la suerte se giró brutalmente en contra de los dirigidos por Belisonzi. Julián Bado, el arquero de la Academia que había tenido una actuación destacada en toda la competencia y que con sus 2,03 metros de altura se agigantaba bajo los tres palos, logró atajar el primer disparo a Marcos Pesseti. El panorama parecía propicio, pero la serie se encaminó hacia un derrotero impiadoso para los intereses racinguistas.

Arthur Sehn, el guardameta del elenco brasileño, demostró sus reflejos al neutralizar el lanzamiento de Juan Alfonso, y posteriormente el equipo visitante ejecutó una serie prácticamente perfecta. La responsabilidad recayó entonces en Valentino Ahumada, quien enfrentaba la última oportunidad para mantener viva las esperanzas, pero su remate impactó en el travesaño y se fue. Ese hierro que rechazó el balón marcó el final de un viaje que había comenzado con promesas de gloria.

Este subcampeonato, sin embargo, no puede catalogarse como un fracaso absoluto en la trayectoria de estos futbolistas. Racing alcanzó por segunda ocasión en su participación en este torneo internacional la definición por el título máximo, consolidando su posición como uno de los semilleros competitivos más relevantes del fútbol sudamericano en divisiones formativas. El año anterior, estos mismos chicos habían llegado a otra final mundial de la categoría, aunque en aquella oportunidad el rival fue Barcelona y la derrota fue más contundente. La progresión es evidente: de 2025 a este año, la Academia mejoró su desempeño y estuvo más cerca de conquistar la corona.

El recorrido que quedará en la memoria

La ruta hacia la final fue memorable. En la fase inicial, Racing venció consecutivamente al Bayer Leverkusen de Alemania, al Real Betis y a la Real Sociedad española, clasificando con puntaje perfecto en su grupo. Cada rival representaba un nivel de complejidad diferente: desde la fortaleza defensiva de los alemanes hasta la creatividad del fútbol ibérico. Los chicos respondieron en todas las ocasiones, consolidando un bloque cohesionado. En la ronda de cuartos de final eliminaron al Córdoba FC con un marcador abultado de 3-1, y en semifinales ejecutaron su mejor versión al golear al Real Madrid por 3-0, con tantos de González, Lucas Álvarez y Sebastián Elosú. Tres días después, ya en la final, ese mismo equipo que había arrasado a los merengues no pudo sostener la supremacía ante un rival que llegaba con hambre de revancha.

La alineación que dispuso Belisonzi en la final incluyó a futbolistas cuyo potencial futuro probablemente será objeto de seguimiento por parte de clubes de mayor envergadura. Más allá de González, Borowik y Baldo, nombres como Alex Balbuena, Luca Rodríguez, Lucas Álvarez, Erik Florentín y Santiago Bárcena formaban un plantel equilibrado que combinaba experiencia con juventud. El equipo estaba construido para competir en el más alto nivel, y de hecho competió, pero los detalles y la fortuna en los momentos cruciales deciden estas batallas.

La caída de Racing en la final del Mundial de Clubes Juvenil deja abiertos múltiples escenarios para el análisis futuro. Por un lado, la Academia consolida su reputación como cantera generadora de talentos con capacidad de competir internacionalmente, lo que refuerza el prestigio de sus estructuras formativas. Por otra parte, la derrota en penales plantea interrogantes sobre la preparación psicológica en momentos definitorios y sobre cómo se procesan estos fracasos en el desarrollo de jugadores jóvenes. Algunos verán en este subcampeonato una plataforma de aprendizaje invaluable; otros lamentarán una oportunidad que no regresa. Lo cierto es que estas experiencias moldean no solo a futbolistas, sino a personas, y el impacto de esta final será diferente para cada uno de los integrantes de aquel equipo que casi toca el cielo en Córdoba.