La cicatriz de una eliminación continental no cierra fácilmente. A varias jornadas de distancia de aquella caída que dejó a Boca fuera de la Copa Libertadores, la herida se reactiva cada vez que la institución se ve enfrentada a nuevos desafíos competitivos. Mientras el equipo se prepara para disputar encuentros en el certamen sudamericano de segunda categoría, los dirigentes siguen procesando lo que sucedió en la máxima competencia de clubes del continente. Y en esa revisión del pasado, surgen explicaciones que trascienden lo meramente deportivo. Juan Román Riquelme, en su rol de presidente, ha decidido ahora romper el silencio que había guardado hasta hace poco, permitiéndose una reflexión pública sobre dónde apunta responsabilidades por aquella sangría futbolística.
El quiebre en el discurso presidencial
Durante semanas, la palabra oficial desde la conducción del club había evitado apuntar hacia los encargados de dirigir los partidos. Las explicaciones giraban en torno a aspectos tácticos, desempeños de planteles y otras variables propias del fútbol jugado. Sin embargo, en declaraciones recientes formuladas cuando se aproxima un compromiso de magnitud en otra competencia, Riquelme modificó su postura de manera sustancial. Por primera vez, utilizó un lenguaje directo al vincular las decisiones arbitrales con la posibilidad de que el equipo todavía estuviera compitiendo en la máxima categoría continental. "Si no era así, por ahí Boca estaba en Libertadores", expresó, dejando entrever que, en su perspectiva, los fallos de los árbitros funcionaron como determinantes en el resultado final de la serie clasificatoria.
La zona en la que apunta sus críticas es muy específica. Durante los encuentros que enfrentaron a la entidad porteña con Cruzeiro, hubo acciones que generaron polémica y que continúan siendo objeto de debate en los espacios del club. Riquelme se refirió con particular énfasis a la forma en que fueron tratadas situaciones de mano dentro del área, argumentando que existió una inconsistencia en los criterios aplicados por quienes dirigían los partidos. Esta asimetría en la interpretación de las reglas, según su análisis, habría beneficiado sistemáticamente al equipo brasileño en detrimento de los azules.
Las acciones que generan malestar persistente
El presidente detalló dos episodios concretos que ocurrieron durante el encuentro disputado en la Bombonera. El primero de ellos sucedió próximo al cierre del primer tiempo, cuando Miguel Merentiel convirtió un gol que fue anulado tras revisión del VAR. Los árbitros consideraron que en la jugada previa hubo un contacto de mano de un defensor de Boca que ameritaba la invalidación del tanto. La decisión, extensa en su proceso de análisis y finalmente consumada, dejó a la institución con sensaciones de inconformidad, puesto que en los evaluadores internos del club no consideraban que la acción fuera suficientemente clara como para justificar la cancelación de la anotación. Esta fue la primera de dos decisiones que marcarían el transcurso del encuentro.
Posteriormente, ya en los minutos finales, una pelota que había sido despejada mediante un cabezazo impactó en el miembro superior izquierdo de un jugador defensor del equipo carioca, dentro del perímetro de castigo. A diferencia de lo ocurrido momentos antes con el gol anulado, en este caso el árbitro a cargo decidió no interrumpir el juego. El VAR, pese a haber intervenido poco tiempo antes para analizar otra situación similar, no efectuó convocatoria alguna. Desde la perspectiva de los dirigentes y simpatizantes azules, se trataba de una penalidad clara que debería haber sido revisada bajo el mismo estándar interpretativo que se había aplicado para invalidar el gol de Merentiel. Esta disparidad en la aplicación de criterios es lo que Riquelme considera como problemático y, desde su visión, influyente en el desenlace clasificatorio.
La relevancia de estas acciones se amplifica cuando se considera el contexto más amplio de la eliminación. La serie que enfrentó a ambas instituciones por un lugar en las instancias posteriores de la Libertadores estuvo marcada por tensiones y cuestionamientos en múltiples oportunidades. Sin embargo, Riquelme no se limitó a culpar únicamente a los árbitros. En un gesto de reconocimiento de responsabilidades compartidas, el máximo dirigente admitió que en otros momentos de la competencia el desempeño del equipo no fue el esperado. Específicamente, mencionó el partido ante Universidad Católica, disputado en el mismo escenario de la Bombonera, donde Boca cosechó una derrota por la mínima diferencia que resultó ser definitiva para sellar su exclusión de la competencia. "Con Católica no hicimos un buen partido, el equipo estuvo un poco apagado", reconoció Riquelme, demostrando capacidad de autorreflexión sobre los propios errores.
La crítica al sistema y sus implicancias
Lo que resulta particularmente notable en la intervención del presidente es su observación respecto a la falta de consecuencias para los árbitros que, según su evaluación, incurrieron en fallos de interpretación. Riquelme subrayó que quienes dirigen los encuentros operan con cierta inmunidad, ya que "el árbitro no lo suspenden nunca". Esta afirmación apunta hacia una crítica más amplia del sistema de supervisión y control de las decisiones arbitrales en las competiciones continentales. El mensaje implícito es que existe una asimetría en la accountability: mientras que jugadores y entrenadores son pasibles de sanciones y suspensiones por sus acciones, los árbitros parecerían gozar de una protección que impide que sus errores tengan repercusiones equivalentes. Esta observación toca un debate recurrente en el fútbol sudamericano sobre la responsabilidad de quienes dirigen los partidos.
Es relevante contextualizar esta postura dentro de la trayectoria de Riquelme como máximo dirigente. Desde su llegada a la presidencia de Boca hace algunos años, ha buscado mantener un perfil relativamente contenido en sus críticas públicas, enfocándose más en construcción institucional y proyección deportiva. Sin embargo, la magnitud de una eliminación de la Copa Libertadores —competencia que representa el máximo objetivo de cualquier club sudamericano— parece haber movilizado una ruptura en esa contención discursiva. El tiempo transcurrido desde el hecho no ha apaciguado las molestias internas, sino que simplemente las ha transformado en un análisis más estructurado y articulado de lo que se considera como una injusticia competitiva.
Las implicancias de estas declaraciones trascienden lo meramente anecdótico. Cuando un dirigente de la magnitud de Riquelme —figura histórica del club y reconocido internacionalmente— cuestiona públicamente y de forma directa la calidad de la supervisión arbitral, está contribuyendo a un debate más amplio sobre los mecanismos de control en las competiciones continentales. Plantea interrogantes sobre si los sistemas de revisión mediante VAR están siendo aplicados de manera consistente y si existe suficiente claridad en los criterios que utilizan los árbitros para tomar decisiones que afectan el destino de instituciones millonarias y tradicionales.
Ante esta situación, emergen múltiples perspectivas sobre lo que sucedió y sus causas. Para algunos sectores, las palabras de Riquelme representan una justificada demanda de transparencia y coherencia en el arbitraje de competiciones de tanta relevancia económica y deportiva. Para otros, pueden interpretarse como un reclamo que, aun siendo comprensible emocionalmente, podría estar desviando atención de aspectos que también incidieron en el resultado: el desempeño deportivo del equipo en momentos clave, las decisiones tácticas adoptadas, o simplemente la mayor efectividad del rival en circunstancias determinantes. Lo que es incontestable es que la eliminación de Boca de la Libertadores, independientemente de los factores que hayan contribuido a ella, ha dejado un residuo de inconformidad que los dirigentes siguen procesando públicamente, y cuya resolución dependerá tanto de las respuestas que ofrezcan los organismos de control de las competiciones como de los resultados que el equipo logre en futuras participaciones.



