La revancha llega con urgencia. En el Monumental se cocina un partido que trasciende lo meramente deportivo: para Eduardo Coudet, este duelo de octavos de final de la Copa Sudamericana contra Santa Fe es más que un simple compromiso en una competencia internacional. Se trata de una encrucijada donde convergen dos narrativas paralelas que definen tanto el presente como el futuro inmediato de la institución de Núñez. Una victoria abre la puerta a cuartos de final y, simultáneamente, reanima el espíritu de un equipo que necesita urgentemente una bocanada de aire fresco. El escenario inverso —una eliminación— sería un golpe del que resulta difícil imaginar el impacto institucional en estas horas, cuando la presión ya se palpa en los pasillos del club.
Lo que diferencia este encuentro de otros es la convergencia de factores que comenzaron a alinearse durante la semana de preparación. El cuerpo técnico intensificó los trabajos con tres futbolistas que regresaban de complicaciones físicas, una señal inequívoca de que el estratega de River no piensa en reservas ni cautelas. Marcos Acuña, Sebastián Driussi y Gonzalo Montiel acumularon sobrecarga en los entrenamientos previos, indicador palpable de que están destinados a formar parte del once inicial. No se trata de una decisión menor: estos tres nombres representan el cristal de la estructura que Coudet considera ideal para este tipo de encuentros, aquellos donde los márgenes de error se reducen drásticamente y cada detalle técnico y táctico cobra dimensión decisiva.
La recuperación acelerada de los campeones
La metodología empleada durante los últimos entrenamientos fue específica y orientada: trabajos de carga física combinados con ejercicios de fútbol en espacios reducidos, diseñados para que estos tres jugadores reconquistaran sensaciones y ritmo competitivo antes del compromiso copero. En el caso de Driussi, el máximo goleador de River en la temporada con siete tantos, su regreso es particularmente relevante. El delantero se recuperaba de un desgarro en el sóleo derecho que lo mantuvo alejado de las canchas durante más de treinta días. Aunque fue incorporado a la nómina para el encuentro contra Vélez, apenas ingresó en los minutos finales desde el banco de suplentes. Su presencia de inicio contra Santa Fe responde a un cálculo: más allá del rodaje incompleto, su efectividad en territorio rival es un bien escaso que River no puede desaprovechar, especialmente considerando que Lucas Beltrán no integra la lista de buena fe para esta fase y Rafael Santos Borré transita un período sin conexión goleadora.
Montiel, por su parte, clausuró un proceso de recuperación vinculado a una lesión muscular sufrida ante Argentinos Juniors. La distensión lo mantuvo fuera de consideraciones hasta hace poco, pero recibió el alta médica a tiempo para formar parte del plantel contra el Fortín. Sin embargo, no vio acción en ese partido: sus energías estaban preservadas para este duelo de la Sudamericana. Su incorporación como titular reviste importancia estratégica porque River enfrenta una carencia manifiesta de alternativas defensivas en la zona lateral derecha durante esta competencia. En la ida, Lucas Martínez Quarta fue utilizado como central de cuadrilla, rol que ahora retoma en su posición natural, formando dupla con Nicolás Otamendi en la zaga trasera.
El completamiento gradual del once ideal
Acuña recorrió un camino similar en cuestión de tiempos de recuperación. Tras más de tres semanas sin actividad por un desgarro en el isquiotibial derecho, recibió autorización médica y estuvo disponible para el encuentro previo. Como sucedió con Montiel, no sumó minutos en ese partido: el verdadero objetivo estaba depositado en esta revancha copera. Su retorno al lateral izquierdo implica que Facundo González, quien jugó en la ida, dejará su lugar. Aunque González conoce la posición, las lecturas del partido anterior sugirieron que no estaba completamente cómodo en un sitio que no constituye su ubicación natural dentro del esquema.
Con estos tres regresados, la estructura del equipo se aproxima más al ideal que Coudet ha trazado. El medio campo mantiene su solidez con Aníbal Moreno y Tobías Andrada como pilares en funciones de contención y circulación. Hacia adelante, Ángel Correa y Thiago Almada encarnan la creatividad y la capacidad de generación de juego ofensivo, acompañados por Joaquín Freitas en un rol de enlace. Este conjunto, más la presencia de Driussi, compone un ataque donde la capacidad de desequilibrio y definición coexiste con la inteligencia colectiva. La duda se cierne sobre si Driussi o Santos Borré ocuparán la posición de delantero centro, un dilema que probablemente resuelva el técnico en las horas previas al partido, aunque todo indica que la experiencia y efectividad del Gordo inclinarían la balanza hacia su favor a pesar de la falta de continuidad.
Lo que está en juego trasciende los noventa minutos de fútbol. Para un equipo que viene transversalizado por irregularidades y momentos de bajo rendimiento, una clasificación a cuartos de final representaría un punto de apoyo psicológico, una confirmación de que la dirección es la correcta y que los ajustes implementados comienzan a cristalizar en resultados positivos. Por el contrario, una eliminación abriría nuevos interrogantes sobre la construcción del proyecto, las decisiones tomadas en el mercado de pases y la capacidad del entrenador para mantener la coherencia táctica en momentos críticos. En ambos escenarios, la presencia de estos tres futbolistas recuperados en el once será determinante: sea como catalizadores de una remontada emocional o como testigos de una oportunidad no aprovechada.



