La máquina de lesiones que viene consumiendo recursos humanos en River Plate parece haber liberado una de sus piezas. Mauro Arambarri, el volante uruguayo de treinta años, recibió el alta médica tras superar un esguince de tobillo que lo mantuvo fuera de acción durante dieciséis jornadas. El anuncio llegó el viernes pasado, posterior al trabajo táctico del plantel, generando un respiro momentáneo en la estructura del equipo dirigido por Eduardo Coudet. Sin embargo, su vuelta al terreno de juego no será inmediata ni definitiva este fin de semana frente a Argentinos en el Monumental: lo más probable es que el charrúa comience entre los suplentes o que su incorporación efectiva se postergue hasta el miércoles próximo en Bogotá, cuando el equipo millonario enfrente a Independiente Santa Fe en la llave de octavos de final de la Copa Sudamericana.
La lesión del futbolista se remonta al partido disputado hace poco más de dos semanas contra Gimnasia, en el Bosque, encuentro que terminó con una derrota incómoda. Ese día, el impacto accidental durante el desarrollo del juego derivó en una torcedura del tobillo izquierdo que obligó a Arambarri a pausar su participación en competencia. Su ausencia se sintió en el mediocampo, un espacio donde la profundidad táctica requiere de especialistas con capacidad para distribuir el juego y recuperar balones. Ahora, con su regreso pendiente, el cuerpo técnico millonario cuenta nuevamente con la opción de rotación que necesita en esa zona del campo, aunque la decisión sobre cuándo usarlo efectivamente seguirá siendo estratégica según los requerimientos de cada enfrentamiento.
Las heridas que no cierran: Driussi y Acuña en la incertidumbre
Mientras Arambarri obtiene su rehabilitación satisfactoria, el panorama para otros dos futbolistas clave del plantel continúa siendo delicado. Sebastián Driussi, el delantero de treinta años que concentra la responsabilidad ofensiva del equipo, sigue bajo cuidados médicos tras sufrir un nuevo desgarro muscular, esta vez en el gemelo izquierdo. Se trata del segundo problema físico que lo aqueja en el presente ciclo competitivo, lo que evidencia una vulnerabilidad recurrente en su estructura muscular desde que regresó al club tras su paso anterior en el exterior. La afección ocurrió hace más de treinta días, precisamente el catorce de julio, cuando el delantero protagonizaba los preparativos para los dieciséisavos de la Copa Argentina frente a Aldosivi. Esta acumulación de contratiempos físicos ha comenzado a preocupar a la dirigencia y al propio Coudet, quien no puede prescindir de un goleador cuyo rendimiento ha sido determinante en varios pasajes del torneo.
Por su parte, Marcos Acuña, el lateral izquierdo que integró el plantel campeón del mundo en Qatar hace aproximadamente cuatro años, transita por una recuperación que mantiene ritmo más favorable. Su lesión, un desgarro en el isquiotibial del lado derecho, se produjo el veintinueve de julio durante el enfrentamiento contra Gimnasia. La anatomía de su problema y la respuesta del cuerpo a los protocolos de rehabilitación sugieren que podría estar en condiciones para retornar en el viaje a Colombia, apenas tres semanas después de la afección inicial. El zurdo ya atraviesa la recta final de su proceso de recuperación, y tanto él como su entrenador confían en que el miércoles diecinueve de agosto, cuando se cumplan exactamente veintiún días de baja, pueda reincorporarse al grupo. Su experiencia en grandes torneos y su capacidad defensiva hacen que su presencia sea considerada estratégica para la llave que se aproxima.
Un historial de interrupciones que pone en alerta
El presente de Driussi no puede entenderse sin revisar su pasado reciente, un hilo conductor de interrupciones físicas que ha marcado su trayectoria en el club. Un año atrás, justo cuando se disponía a debutar en el Mundial de Clubes, sufrió un esguince severo en el ligamento interno del tobillo izquierdo que lo marginó del comienzo de la campaña anterior, forzándolo a aparecer recién en la quinta fecha del Clausura. Posteriormente, durante los cuartos de final de la Copa Libertadores frente a Palmeiras, una ruptura fibrilar lo condenó a la inactividad en un momento donde River necesitaba revertir la serie de manera urgente. El patrón se repitió a inicios del presente año bajo la dirección de Marcelo Gallardo: después de actuar como titular en las tres primeras jornadas, sufrió una nueva lesión muscular en el isquiotibial izquierdo que demandó casi veintitrés días de pausa. Con la llegada de Coudet, la tendencia no se revirtió. Un desgarro ante Boca lo sacó de los últimos dos encuentros de la fase inicial del Apertura. Durante la fase de grupos de la Sudamericana apenas acumuló noventa minutos de acción. Aunque participó en el arranque de los Playoffs, un esguince grado dos del ligamento colateral medial de la rodilla derecha, sufrido en las semifinales contra Central en el Monumental, le impidió estar en la final frente a Belgrano.
A pesar de este prontuario de contrariedades, el delantero mantiene números que llaman la atención: siete goles en diecisiete partidos oficiales disputados durante lo que va de dos mil veintiséis, sumando mil ciento treinta y dos minutos de acción en total. La proporción es notoria: su promedio de efectividad sugiere que no necesita de una acumulación de minutos para convertir en goles, algo que explica la confianza del técnico en poder utilizarlo aunque sea de forma intermitente. Este factor es crucial para entender por qué Coudet espera poder tenerlo al menos en el banquillo durante el miércoles en Bogotá, o como máximo, para el domingo siguiente frente a Vélez en el estadio de Núñez, cuando se dispute la revancha de los octavos ante Santa Fe. Ambos futbolistas —Driussi y Acuña— requieren sumar rodaje competitivo en estos próximos diez días para llegar en óptimas condiciones a esa serie definitoria que se jugará en casa el miércoles veintiséis de agosto.
El panorama competitivo y las prioridades del equipo
La incorporación del refuerzo estrella Thiago Almada llegó con el propósito de oxigenar el ataque millonario, pero la ausencia de Driussi en varios pasajes de la temporada ha expuesto vulnerabilidades que un solo futbolista no puede compensar. El equipo se prepara para enfrentar a Argentinos este domingo en la quinta fecha del Clausura, un partido donde probablemente Arambarri ocupe un rol secundario desde el banco. Sin embargo, la verdadera prueba llegará en días posteriores, cuando el equipo viaje hacia la capital colombiana para disputar la llave de octavos de la Sudamericana. En esa instancia, Coudet deberá tomar decisiones sobre la condición física de sus futbolistas, evaluando no solo si están aptos para jugar, sino en qué medida su regreso anticipado podría exponerlos a nuevas lesiones. La acumulación de problemas musculares en el plantel ha generado interrogantes sobre el acondicionamiento físico, los volúmenes de trabajo o incluso factores externos que podrían estar incidiendo en la fragilidad de estos futbolistas.
Las próximas dos semanas serán determinantes para el devenir de la campaña millonaria. Si Acuña y Driussi logran recuperarse dentro de los plazos esperados, River contará con sus piezas fundamentales para encarar la doble competencia con mayor solidez. De lo contrario, el equipo deberá ratificar su capacidad de adaptación y aprovechamiento de las opciones disponibles en el banco. La salida de Arambarri del consultorio médico representa apenas un alivio momentáneo en una enfermería que continúa registrando ocupantes de importancia. El próximo miércoles dirá mucho sobre el estado real de la estructura física del equipo y sobre las decisiones que Coudet esté dispuesto a tomar en materia de riesgos calculados.



