La maquinaria ofensiva de Boca volvió a funcionar con precisión quirúrgica en la noche del pasado encuentro contra Central Córdoba, cuando uno de sus atacantes más experimentados resolvió el partido con dos definiciones contundentes que reafirmaron su vigencia en el equipo. Lo que parecía ser una tarde de trámite burocrático se transformó en una demostración de clase, potencia y oportunismo de alguien que llevaba largos días fuera del terreno de juego. El regreso de Ángel Romero después de 47 jornadas sin disputar un encuentro oficial no solo devolvió esperanza a una hinchada que veía con preocupación cómo su equipo se preparaba para desafíos mayores, sino que también abrió interrogantes sobre las decisiones tácticas y de composición de plantilla que prevalecían hasta hace poco en la conducción técnica del club.

El delantero de 34 años había permanecido al margen de las consideraciones competitivas desde aquella caída dolorosa del 26 de julio frente a Deportivo Riestra, cuando ingresó a los 45 minutos en una misión defensiva, intentando contener lo que ya era un naufragio de tres goles en contra. Esa noche, mientras el equipo se desmoronaba en el sur del conurbano bonaerense, pocos imaginaban que su siguiente actuación sería de tamaña relevancia. Las semanas pasaron con el futbolista trabajando en las sombras, acondicionando su cuerpo, manteniéndose en forma y esperando pacientemente una nueva oportunidad que llegaba cuando menos parecía que podría llegar. La tarea de reinsertarse después de casi dos meses de ostracismo deportivo requería no solo aptitud física, sino también una dosis considerable de mentalidad resiliente. Romero lo sabía. Y así lo demostró cuando finalmente su nombre volvió a sonar en los parlantes de la Bombonera.

El regreso explosivo: goles en los extremos del encuentro

Apenas cuatro minutos había transcurrido el partido cuando el destino nuevamente sonrió a quien parecía condenado al ostracismo. Un centro rasante desde el flanco izquierdo encontró al atacante en su mejor versión: anticipado, ubicado, letal. Mientras sus compañeros todavía se acomodaban en los asientos del estadio porteño, Romero ya había desequilibrado el marcador con un remate de zurda que superó a Darío Cáceres y se clavó en la red con la precisión de quien conoce cada rincón del área rival. Era apenas el prólogo de una noche que terminaría siendo suya. La velocidad con que ejecutó el primer tanto —en el minuto cuatro— dejaba clara una cuestión fundamental: no se trataba de un futbolista oxidado por la inactividad, sino de alguien que había aprovechado cada instante de preparación para llegar afilado al momento en que le tocara volver.

La segunda anotación llegó cuando el primer tiempo ya había quedado atrás y el complemento llevaba apenas diez minutos de desarrollo. En esta ocasión, la ejecución fue quizás más vistosa que la primera: recibió un pase de Belmonte, calibró la distancia y ángulo, y ejecutó un remate desde aproximadamente diez metros fuera del área que viajó como un proyectil hacia la escuadra derecha, sin dejarle opción alguna al guardavidas Alan Aguerre. Dos goles en dos momentos distintos del partido, uno en cada etapa, marcando el comienzo y el cierre de la contienda. Era la respuesta más contundente posible a quienes dudaban de su capacidad de impacto. "Recibí solo, lo vi adelantado al arquero y pateé al arco", resumió luego con la parsimonia de quien sabe que su desempeño habla por sí solo, sin necesidad de grandes explicaciones ni justificaciones elaboradas.

Credenciales de regreso y proyecciones hacia Brasil

Con estas dos anotaciones frente a Central Córdoba, el atacante llegó a un total de tres goles en diecisiete encuentros desde su arribo al club en enero pasado, proveniente de las filas del Corinthians. Su contrato se extiende hasta diciembre de este año, lo que significa que aún tiene una ventana de oportunidad para ganarse un lugar privilegiado en los esquemas futuros. El contexto de su vuelta es crucial: Boca se apresta a enfrentar desafíos de mayor envergadura en torneos continentales, y contar con un goleador experimentado en momentos decisivos puede resultar determinante. El futbolista paraguayo ya lo anticipó desde sus propias palabras, mostrando clara conciencia de lo que se avecinaba: "Este fue un partido importante para lo que nos veníamos jugando y ganar confianza. Se viene un partido complicado ante un rival brasileño, en un campo difícil, pero tenemos la capacidad para clasificar".

Durante la entrevista posterior al encuentro, Romero también se refirió a su compañero de equipo, el Ruso Ascacibar, con palabras que revelaban tanto su profesionalismo como su capacidad de liderazgo desde cualquier posición que le toque ocupar. "Concentramos juntos, nos hablamos para mejorar y para que mejore el equipo. Llegamos juntos, si bien a él le toca jugar. Lo acompaño a él desde donde toque", explicó el atacante, demostrando una madurez que trasciende la mera cuestión estadística de goles anotados. Reconoció asimismo que aunque no había estado en la alineación titular durante un tiempo prolongado, nunca dejó de trabajar ni de prepararse con profesionalismo, esperando el momento en que nuevamente lo llamaran a escena. "Me sentí muy bien. Si bien no me tocaba desde hacía un tiempo ser titular, siempre trabajé y me puse a punto desde lo físico. Gracias a Dios se me dio bien", sintetizó con simplicidad desarmante.

La reafirmación de Romero en esta actuación ante el equipo del interior genera ahora un dilema que la dirección técnica deberá resolver en los próximos días: cómo balancear la experiencia de los veteranos con la energía de futbolistas más jóvenes, cómo mantener competencia sana dentro del plantel, cómo extraer el mejor rendimiento de cada uno de los recursos humanos disponibles. El futbolista ha demostrado que, pese al tiempo sin competir, conserva sus habilidades ofensivas intactas. La pregunta que flotaba en el aire durante esas semanas de inactividad encontró respuesta satisfactoria. Ahora bien, los verdaderos exámenes llegarán en los próximos compromisos, especialmente en aquellos de carácter internacional donde se enfrentará a defensas de mayor exigencia técnica y táctica. Su regreso pone nuevamente en el tapete la discusión sobre qué estrategia de rotación y selección de jugadores resulta más efectiva en un equipo que navega múltiples competiciones simultáneamente.

Lo que suceda de aquí en adelante con la participación de Romero en los planes del equipo dependerá tanto de su continuidad en el desempeño como de las decisiones que tome quien dirige los destinos del Xeneize desde el banquillo. El futbolista hizo su parte: respondió cuando fue requerido, mostró estar en condiciones competitivas, aportó goles en un contexto donde estos resultan vitales. Ahora bien, mantener ese nivel de exigencia en compromisos de mayor envergadura y ante rivales de otro calibre será la verdadera prueba de fuego. Los aficionados de Boca, por su parte, tienen motivos renovados para albergar esperanzas de cara a lo que resta del torneo.