Cuando las clasificaciones provisionales de la tercera etapa del Rally de Marruecos se cerraron en Zagora, la realidad superó cualquier guion que los expertos hubieran imaginado. Por primera vez en la historia del Campeonato Mundial de Rally-Raid, desde su nacimiento como competición de alcance planetario, dos pilotos de la misma nacionalidad ocupaban simultáneamente la primera posición en las dos disciplinas principales: la categoría de automóviles y la de motocicletas. Carlos Sainz lideraba la general en coches mientras Edgar Canet hacía exactamente lo mismo en motos. Un hito que no solo reflejaba el desempeño excepcional de dos competidores españoles, sino que también revelaba algo más profundo sobre la naturaleza de esta prueba: en el Rally de Marruecos, llegar importa más que ganar.

La estrategia de la constancia: Sainz construye su liderato sin victorias de etapa

La trayectoria de Carlos Sainz durante estas primeras tres jornadas desafía la lógica convencional del deporte motor. Mientras sus rivales acumulaban victorias parciales o se veían obligados a abandonar la competencia, el piloto español optó por un camino alternativamente tortuoso pero efectivo: la regularidad implacable. Tras recibir una sanción de cinco minutos en la jornada inicial que lo colocó en una posición complicada, Sainz necesitaba ejecutar una recuperación quirúrgica. Lo hizo día tras día, manteniendo su Ford Raptor alejado de los problemas mecánicos y los errores de navegación que diezmaban a sus competidores más agresivos. En la segunda jornada, cuando la clasificación indicaba que ocupaba el tercer lugar, ya acumulaba un conocimiento invaluable del terreno y de sus propias capacidades en condiciones de presión.

La etapa de este jueves alrededor de Zagora, con sus 360 kilómetros de recorrido a través de zonas rápidas, pistas de arena profunda y las icónicas dunas de Merzouga, representaba un campo de pruebas ideal para su estrategia. Mientras Sainz circulaba de manera ordenada pero firme, el destino orquestaba actos de teatro en su favor. Lucas Moraes, el brasileño que salió como líder de la jornada y que durante prácticamente todo el recorrido mantuvo una ventaja tangible, sufrió un accidente devastador aproximadamente a 12 kilómetros de la meta. Su Dacia quedó inmovilizado tras el impacto. El liderato que había construido durante horas de navegación en condiciones extremas desapareció en segundos. Quien estaba perfectamente posicionado para heredar esa ventaja era precisamente Sainz.

El resultado final de la etapa reconoció a Sébastien Loeb, el legendario piloto francés de nueve campeonatos mundiales de rallies, quien logró su 25ª victoria en este formato de competición. Loeb aprovechó magistralmente su posición retrasada de salida para establecer un ritmo que nadie pudo igualar, ganando la especial con márgenes confortables. Sin embargo, mientras el francés celebraba en meta, Sainz consolidaba algo más valioso: la primera posición en la general del Rally de Marruecos, con una ventaja de 3 minutos y 20 segundos sobre Seth Quintero. Esta es la primera ocasión desde que el piloto español se incorporó al proyecto con Ford en el que ostenta el liderato en una prueba mundialista. Resulta particularmente significativo que haya alcanzado esta posición de privilegio sin haber ganado ninguna de las tres etapas largas disputadas hasta el momento. Su aproximación contrasta radicalmente con la de los pilotos que lo rodean en la tabla, la mayoría de los cuales ha acumulado victorias parciales pero ha caído víctima de inesperados contratiempos que los han desplazado de la carrera por el podio final.

El desplome de Dacia y la emergencia de Ford en la clasificación general

Observar el desarrollo de las tres primeras etapas es reconocer un patrón inquietante para el equipo Dacia: sus pilotos líderes han experimentado una serie de problemas mecánicos y de navegación que parecen orquestados por una fuerza maligna invisible. En la jornada inicial, Sébastien Loeb tuvo complicaciones que lo sacaron de la contienda por el liderato general. Veinticuatro horas después, Nasser Al-Attiyah sufrió un incidente que le costó aproximadamente 45 minutos de ventaja cuando ostentaba prácticamente la victoria parcial dentro de su alcance. Este jueves, fue el turno de Lucas Moraes, quien transitaba por una excelente etapa hasta que el accidente cercano a la meta truncó todas sus aspiraciones. Este patrón de infortunio ha dejado el camino expedito para que Ford, con Sainz y Nani Roma (quien junto a su copiloto Álex Haro asciende a la tercera posición de la general), consolide una posición de dominio que hace apenas tres días parecía lejana.

La actuación del equipo Ford ha incluido otras contribuciones notables. Cristina Gutiérrez, la competidora burgalesa que realiza su debut mundial con el proyecto del vehículo Santana y el copiloto Marc Solà, ha demostrado un dominio técnico impresionante considerando que se trata de su primer acercamiento con esta configuración de equipo en una competencia de esta envergadura. Durante la tercera etapa, Gutiérrez llevó su automóvil hasta la novena posición de la jornada, superando incluso al vehículo oficial Century conducido por el francés Mathieu Serradori. Esta actuación la proyectó al 11º lugar de la clasificación general, una posición que refleja tanto su capacidad de adaptación como su potencial para futuras apariciones en el calendario mundial de rally-raid.

La estructura de la general tras tres etapas presenta un escenario complejo pero fascinante. Detrás de Sainz, la segunda posición es ocupada por Seth Quintero con su deficit de poco más de tres minutos. Sin embargo, la lista de perseguidores es extensa y peligrosa. Los vehículos Toyota de João Ferreira y Henk Lategan rondan a menos de dos minutos y medio de distancia, manteniendo vivas sus opciones de protagonismo en las dos etapas restantes. Este concentrado grupo de candidatos asegura que las emociones no han terminado en absoluto, especialmente considerando que aún restan dos etapas de competencia en un terreno que históricamente ha demostrado ser impredecible.

Canet a los 21 años: la renovación generacional llega con fuerza a las motos

Si la trayectoria de Sainz fue construida sobre los cimientos de la paciencia y la gestión del riesgo, la de Edgar Canet fue tejida con fibra de adrenalina pura y reacciones instintivas frente a la adversidad. El joven piloto catalán de 21 años, quien apenas hace doce meses competía en la categoría Rally2 en este mismo rally y que ahora se presenta en su primera temporada completa en RallyGP, escribió su propio libreto durante la tercera etapa. La estructura de la salida lo colocaba en desventaja: Daniel Sanders, el australiano del equipo Red Bull KTM que ganó la etapa anterior, partía en la primera posición con todas las ventajas que eso conlleva. Ricky Brabec salía tres minutos después, también con referencias de pista que le permitían transitar con mayor seguridad. Canet llegaba con el número de salida correspondiente a un tercer puesto, partiendo tres minutos atrás de Brabec, lo que significaba que debería superar una distancia temporal y física considerable para llegar al frente.

Lo que ocurrió en los primeros 27 kilómetros de recorrido alteró completamente el escenario. Sanders, quien había dominado con autoridad la etapa anterior, cometió un error de navegación que lo obligó a invertir tiempo valioso en rectificar su rumbo. Canet, navegando astutamente por detrás, recuperó instantáneamente los seis minutos de distancia física que lo separaban de su rival australiano. De un momento a otro, el joven español pasó de ser un perseguidor lejano a estar virtualmente en la disputa por la victoria. Pero el día de Canet incluiría aún más pruebas de carácter. En algún punto del recorrido, mientras navegaba en la zona delantera de la especial, sufrió una caída. Cualquier piloto menos determinado habría permitido que ese incidente minara su confianza o comprometiera su máquina. Canet se levantó, continuó la marcha y logró integrarse nuevamente en el grupo de batalla donde Sanders y Brabec libraban su propio duelo.

Durante la mayor parte de los 360 kilómetros de la especial, estos tres pilotos navegaron juntos, formando un pelotón de élite en el desierto marroquí. Detrás de ellos circulaban otros competidores experimentados que gozaban de ventajas de posición de salida superior, lo que les permitía transitar sobre una pista ya marcada por quienes los precedían. Fue en este contexto donde Luciano Benavides, el piloto argentino, ejecutó su mejor rendimiento de la competencia. Aprovechando su posición de salida ventajosa, Benavides fue acelerando progresivamente su ritmo en la segunda mitad de la etapa, construyendo un margen sostenido que culminó con su 20ª victoria en el Campeonato Mundial de Rally-Raid. Detrás suyo cruzaban la meta Tosha Schareina, el valenciano que iniciaba su recuperación después de dos días complicados, e Ignacio Cornejo.

Para Canet, sin embargo, la victoria de etapa no era el objetivo primordial. Su verdadera batalla transcurría en otro nivel. Al finalizar la jornada con un cuarto puesto en la especial, parecía que su día había sido meramente competitivo pero sin resultados revolucionarios. Sin embargo, cuando los comisarios aplicaron las bonificaciones por velocidad y las penalizaciones correspondientes —entre ellas 10 segundos para Canet y 1 minuto con 10 segundos para Sanders por exceso de velocidad—, la clasificación general reveló algo inesperado. El catalán había saltado al liderato absoluto de la categoría de motocicletas. A los 21 años, en su primer año completo en la categoría superior de rally-raid, Edgar Canet ostentaba la primera posición en el Campeonato Mundial. Detrás suyo, la lucha se presentaba extraordinariamente cerrada: Luciano Benavides a 1 minuto y 25 segundos, Daniel Sanders a 1 minuto y 30 segundos, y Ricky Brabec a 2 minutos y 48 segundos. Cuatro pilotos de talla mundial separados por menos de tres minutos en una competencia que aún tiene dos etapas por disputarse.

Este ascenso de Canet representa más que un resultado favorable; constituye un símbolo de la renovación generacional que experimenta la disciplina del rally-raid a nivel global. Hace un año, el mismo piloto llegaba a Marruecos compitiendo en la categoría Rally2, la división para pilotos en desarrollo. Ganó ese título hace doce meses. Ahora regresa no como aspirante sino como potencial campeón del mundo. Su capacidad para mantener la compostura mental tras sufrir una caída, su habilidad para recuperarse de desventajas aparentemente insalvables y su disposición a tomar riesgos calculados en momentos críticos lo posicionan como una amenaza seria para la corona mundial, independientemente de lo que suceda en las dos etapas restantes.

La recuperación de Schareina y el escenario de la cuarta etapa

Mientras la atención mediática se concentraba en los ascensos de Sainz y Canet, otro piloto español ofrecía signos de resurgimiento. Tosha Schareina, el valenciano que ganó esta misma prueba hace exactamente doce meses, había iniciado su participación en Marruecos bajo las sombras del desánimo. Sus primeras dos jornadas fueron particularmente difíciles, acumulando más de 23 minutos de retraso después de haber reconocido públicamente que todavía estaba recuperando la confianza tras una caída sufrida durante el rally disputado en Brasil. Sin embargo, en la tercera etapa, la chispa de su velocidad habitual volvió a encenderse. Schareina finalizó segundo en la especial, a apenas 1 minuto y 58 segundos del ganador Luciano Benavides, demostrando que los ingredientes técnicos que lo llevaron a la victoria el año anterior siguen intactos en su capacidad de pilotaje. Este resultado, aunque emocionante desde la perspectiva de recuperación personal, lo deja en la sexta posición general a 18 minutos y 45 segundos de Canet, un déficit que en términos de rally-raid profesional representa una montaña prácticamente insalvable con solo dos etapas restantes, pero que le ofrece al menos una plataforma desde la cual construir un regreso parcial al protagonismo.

La cuarta etapa del Rally de Marruecos promete ser particularmente desafiante tanto para los líderes como para los perseguidores. Con 384 kilómetros de recorrido cronometrado, se perfila como la jornada más extensa de toda la competencia. Además, coches y motocicletas transitan por rutas parcialmente diferenciadas durante la mayor parte del día, lo que reduce significativamente las referencias visuales y aumenta exponencialmente la responsabilidad para quienes deben abrir pista. Para Canet, la ventaja de partir en cuarto lugar en la categoría de motos le permite beneficiarse parcialmente de referencias dejadas por Sanders y Brabec, quienes saldrán por delante. Sin embargo, sus dos grandes rivales contarán con la ventaja de transitar sobre el terreno ya explorado, lo que podría traducirse en velocidades superiores y márgenes recortados. En la categoría de autos, Sainz enfrenta una dilema clásico del liderato: debe seguir ejecutando el plan que lo llevó a la primera posición mientras que sus perseguidores están obligados a atacar, lo que inevitablemente los expondrá a