La decisión está tomada y se verá reflejada esta noche sobre el césped de la Bombonera. Rodolfo Arruabarrena ha colocado todas sus fichas sobre la mesa internacional, dejando en claro que la Copa Sudamericana no es simplemente otra competencia en el calendario sino la brújula que orienta cada movimiento del equipo durante estas próximas semanas. El duelo que enfrenta a Boca contra San Pablo en los cuartos de final representa mucho más que un encuentro de eliminación directa: es el espejo en el que se reflejará la verdadera intención del comando técnico respecto a sus prioridades competitivas en el presente semestre.
La configuración del equipo que saltará al terreno de juego será indicativa de esta apuesta estratégica. Mientras hace apenas unos días el xeneize empataba contra Gimnasia de Mendoza con una alineación completamente diferente, esta noche verán acción Leandro Paredes desde el inicio, pese a que hace menos de una semana dejaba la cancha antes de una tanda de penales en el partido ante Vélez. Esa decisión por sí sola comunica un mensaje inequívoco sobre dónde prefiere invertir su capital futbolístico el entrenador. No es un detalle menor: un futbolista de trayectoria internacional regresa a la titularidad apenas días después de una salida anticipada, lo cual solo tiene sentido cuando el escenario adquiere dimensiones que justifican ciertos riesgos.
La vuelta de los titulares y la búsqueda de solidez defensiva
La alineación proyectada también incluirá el retorno de los laterales que habían sido preservados en Mendoza, mientras que la dupla central mantendrá la continuidad con Lautaro Di Lollo y Jagger Herrera, ambos productos de la cantera azul y oro. Estos cambios no responden a criterios aleatorios sino a la intención deliberada de presentar un bloque más robusto defensivamente, capaz de enfrentar la ofensiva que seguramente despliegue el equipo paulista. A su vez, Alan Velasco seguirá siendo pieza clave, en su mejor momento desde su llegada al club, ofreciendo dinamismo en el ataque.
Lo que no estará presente en el banco de suplentes es igualmente revelador. Sebastián Villa y Miguel Merentiel quedaron fuera de la convocatoria para el partido mendocino, mientras que Santiago Ascacibar ni siquiera fue incluido entre los reemplazantes pese a las dudas sobre su estado físico. Estas ausencias en territorio local se transformarán en presencias estratégicas esta noche, reservadas justamente para el escenario que Arruabarrena considera prioritario. Es una reasignación de recursos que habla con claridad sobre las verdaderas prioridades.
Un historial reciente que pesa como una losa
Sin embargo, la tarea que tiene por delante Boca es de una complejidad que no debe minimizarse. Desde 2020, el xeneize se ha cruzado en siete oportunidades con rivales brasileños en series eliminatorias, y los números no sonalentadores. De esos siete enfrentamientos, apenas dos terminaron con clasificación azulgrana: la semifinal de la Libertadores 2023 ante Palmeiras y los octavos de 2020 frente a Inter de Porto Alegre. En el lado opuesto de la balanza quedó una serie de fracasos que incluye eliminaciones ante Santos en las semifinales del 2020, Atlético Mineiro y Corinthians en octavos de ediciones consecutivas, y más recientemente Cruzeiro en octavos de la Copa Sudamericana 2024, tras haber caído ante Fluminense en el Maracaná en la instancia anterior.
Este patrón de derrotas frente a equipos brasileños en los últimos años no es anecdótico. Representa una tendencia que genera preocupación genuina entre los hinchas y que debe ser revertida precisamente en esta oportunidad. San Pablo, por su parte, no es un rival menor: es uno de los grandes del continente con historia propia de gloria internacional, capaz de competir de igual a igual contra cualquier equipo que se cruce en su camino. La serie de cuartos de final implicará dos encuentros, con la revancha programada para territorio brasileño dentro de una semana, lo cual añade presión a la necesidad de obtener un resultado favorable en casa.
Arruabarrena es consciente de estas complejidades porque las vivió como futbolista en esos años dorados del club. Su experiencia forma parte de la memoria colectiva xeneize, especialmente aquella gesta continental del año 2000 cuando Boca derrotó a Palmeiras precisamente en el escenario mítico donde ahora se pretende volver a la gloria. Han pasado 18 años desde la última conquista internacional, una sequía que pesa sobre la institución y que explica la elevada temperatura emocional con la que los seguidores vivirán los próximos compromisos. No se trata solamente de avanzar de ronda, sino de mantener vigente la identidad de club copero que durante décadas caracterizó a la institución.
El panorama general del equipo, más allá de estos compromisos internacionales, presenta aristas que generan cierta inquietud. Aunque existen momentos de buen juego, remontadas que evidencian fortaleza mental y la recuperación de futbolistas en su mejor nivel, los resultados locales y la posición en las tablas del torneo de Primera División cuentan una historia algo distinta. La efectividad ofensiva ha sido cuestionable, y persiste la sensación de que al plantel le faltan algunos refinamientos para transformarse en una unidad completamente sólida. El equipo acumula 11 partidos sin perder, lo cual es positivo, pero la consistencia en la capacidad goleadora sigue siendo una asignatura pendiente.
La ambigüedad que debe resolverse en territorio internacional
Esa ambigüedad entre buenos momentos futbolísticos y resultados inconsistentes es precisamente lo que Arruabarrena y su grupo deben catalizar en rendimiento concreto ante los brasileños. Todo lo que implica este duelo —en términos de continuidad competitiva, de autoconfianza grupal y de confirmación de que el camino trazado es el correcto— está condensado en estos dos encuentros. La decisión de priorizar la Copa Sudamericana no es caprichosa: es una apuesta consciente sobre dónde reside la posibilidad más real de reconquistar la gloria internacional y de retomar una identidad que se había asociado históricamente con Boca.
Lo que suceda en los próximos días en la Bombonera y posteriormente en Brasil definirá no solo el presente competitivo del club, sino también la percepción sobre si las decisiones tomadas por el cuerpo técnico fueron acertadas. Un avance confortante ante San Pablo justificaría plenamente la estrategia de concentración de recursos en este frente. Una eliminación, en cambio, dejaría interrogantes profundos sobre la viabilidad de ese planteo y sobre la capacidad real del equipo para competir en los máximos escenarios. Las próximas horas traerán claridad sobre si Boca efectivamente puede volver a ser protagonista en la geografía continental.



