La etapa de experimentación terminó. Lo que fue una campaña de rotaciones casi permanente durante la fase de grupos del campeonato doméstico llega a su fin con la conclusión de esa ronda clasificatoria, y Boca entra ahora en una dinámica radicalmente distinta donde Claudio Ubeda deberá armarse con sus mejores recursos para enfrentar una serie de compromisos decisivos. El viaje a Ecuador por la Copa Libertadores, el partido disputado en condiciones extremas de cancha pesada, y ahora el inicio de los octavos de final contra Huracán este sábado a las 19 horas marcan un punto de inflexión en la temporada del club de La Boca.

Durante las jornadas previas a la definición grupal, el cuerpo técnico xeneize utilizó la oportunidad para probar diferentes esquemas y darle continuidad a futbolistas que no siempre contaban con protagonismo. Esa estrategia respondía a una lógica de competencia interna y rotación de esfuerzos. Sin embargo, con la llegada de los compromisos eliminatorios, todo cambia. Ubeda ha comunicado claramente que a partir de ahora irá montando sus alineaciones en función de lo que el equipo requiera para ganar, evaluando partido tras partido quiénes están en condiciones óptimas físicamente. La rotación no desaparece, pero pasa de ser una decisión estratégica general a ser una cuestión de necesidad puntual y gestión de desgaste.

El rompecabezas de los próximos compromisos

La agenda que se despliega ante el Xeneize es apretada y demanda eficiencia. Después de enfrentar a Huracán este fin de semana en octavos, viene una semana sin participación en la Copa Libertadores. Eso permite concentrar la atención en los cuartos del Apertura. Luego, la semifinal toma su turno. Y recién el martes 19 de noviembre, ya en un escenario más calmado relativamente, llegará el encuentro de visitante en Brasil contra Cruzeiro por la fase de grupos de la máxima competencia sudamericana, pero en territorio xeneize. Este calendario superpuesto obliga a Ubeda a pensar en términos de rotación mínima, cuidando los recursos humanos sin sacrificar competitividad.

El desgaste acumulado en Ecuador es un factor que pesa en la definición de nombres. El equipo viajó, jugó en condiciones que demandaron un esfuerzo adicional, y regresó con cansancio físico. Ubeda ha dejado en claro que tomará en consideración cómo se recuperen los futbolistas en los entrenamientos. Por eso, aunque ya hay lineamientos generales sobre quiénes deberían volver a la titularidad, la confirmación final dependerá de lo que observe en los trabajos de la semana. El entrenador no quiere apresurarse. La práctica de este jueves y, probablemente, algunos estudios adicionales el viernes terminarán de delinear el equipo que saltará al campo contra el Globo.

Las definiciones pendientes y las certezas que asoman

No todas las posiciones presentan interrogantes del mismo calibre. En el arco existe una duda que aún no se resolvió completamente: Ubeda deberá elegir entre Brey y Javier García para ocupar el puesto de guardameta. Ambos tienen credenciales válidas, pero solo uno ocupará el lugar. En defensa y mediocampo, los movimientos ya están más definidos. Santiago Ascacíbar retornará a la cancha como titular, ya que su participación en Ecuador fue mínima y sus minutos se cuentan casi con los dedos de una mano. Este regreso representa una normalización luego de la rotación que lo dejó parcialmente fuera durante la fase grupal.

En el ataque, el cambio también apunta hacia un retorno de futbolistas que vienen siendo importantes en los compromisos por Libertadores. Adam Bareiro volverá a ocupar un lugar protagónico en el equipo titular, desplazando en esa oportunidad a Giménez. Este movimiento responde a la dinámica de los últimos compromisos internacionales y a lo que Ubeda considera más efectivo para enfrentar a Huracán. Sin embargo, el técnico ha señalado que el resto de las posiciones las irá definiendo gradualmente, sin apuros, en función de cómo se vea el rendimiento en los entrenamientos y la recuperación física de cada jugador. No hay prisa en comunicar de manera definitiva el equipo completo, puesto que aún quedan días de evaluación.

El cambio de mentality que representa esta transición de fase grupal a playoffs no es menor. Boca pasa de una lógica de experimentación y distribución de protagonismo a otra donde prevalece la búsqueda de la máxima competitividad sostenida. Eso no significa que no habrá más cambios en las alineaciones —los habrá, pero serán más quirúrgicos—, sino que la prioridad ya no es dar minutos a futbolistas en búsqueda de ritmo, sino asegurar que quienes salten al campo sean aquellos que el entrenador considera más preparados para resolver cada encuentro en particular. Este cambio de enfoque puede traer consecuencias variadas: por un lado, podría significar un aumento en la solidez defensiva y ofensiva del equipo, permitiendo una mayor consistencia en los resultados. Por otro, la ausencia de una rotación más amplia podría generar desgaste físico en los futbolistas titulares, con el riesgo de lesiones o disminución del rendimiento en partidos decisivos. Además, los futbolistas que quedan sin protagonismo podrían ver comprometida su continuidad o su ritmo de juego para futuras ventanas de oportunidad. Ubeda deberá balancear estas variables a medida que avance en los playoffs.