La incertidumbre rodea una de las posiciones más delicadas del equipo azul y oro. A pocas horas de un encuentro que puede significar la permanencia en competencia o el adiós a las aspiraciones en el Torneo Apertura, Claudio Ubeda todavía no define quién defenderá el arco de Boca cuando reciba a Huracán el sábado en la Bombonera. Un viernes de entrenamiento en el predio dejó más preguntas que respuestas sobre esta cuestión que, en contextos de eliminación, adquiere importancia superlativa. El técnico xeneize no cierra las puertas a ninguna opción y mantiene la deliberación abierta hasta el momento en que sus futbolistas pisen el terreno de juego para disputar los octavos de final del campeonato doméstico.
Durante la sesión de trabajo previa al partido, Javier García ocupó el lugar bajo los tres palos, integrando una formación que mostró con claridad la estructura que Ubeda proyecta ejecutar. Junto al experimentado arquero, el entrenador dispuso Weigandt, Di Lollo y Costa en la línea defensiva, con Blanco cubriendo tareas laterales. En el mediocampo, la dupla Ascacibar-Paredes controló las acciones, mientras que en la ofensiva desplegó a Delgado, Aranda, Merentiel y la ausencia de Milton Giménez, reemplazado por un retorno confirmado: Alejandro Bareiro completará tres partidos de ausencia para reaparecer en un compromiso de alta exigencia. El delantero paraguayo había sido preservado deliberadamente en la última jornada del campeonato debido a la acumulación de sanciones disciplinarias, una táctica preventiva para tenerlo disponible cuando la competencia se tornara definitoria.
La incógnita del guardavidas después de la lesión
No obstante, la decisión sobre quién atajaría no depende únicamente del desempeño mostrado en los entrenamientos. Leandro Brey sufrió un golpe que lo sacó del campo a los 23 minutos del partido disputado ante Barcelona en Ecuador, en una acción que puso en alerta al cuerpo técnico sobre su disponibilidad para las siguientes fechas. El impacto obligó su salida anticipada de aquel encuentro, generando dudas razonables sobre su integridad física para afrontar un duelo de eliminación directa. Ubeda, por lo tanto, no solo evaluó el rendimiento de García en su práctica, sino que también supervisó de cerca los trabajos de recuperación que realizó Brey fuera de las actividades colectivas del grupo. Los reportes iniciales indicaban que el joven guardavidas respondía favorablemente en sus sesiones de trabajo complementario, un dato alentador aunque insuficiente para una definición prematura.
García regresó recientemente a las responsabilidades que ostentaba hace dos años, período durante el cual se había mantenido como titular indiscutible. Su actuación en Ecuador, en un partido donde Boca controló mayormente los tiempos, no generó grandes demandas defensivas; sin embargo, su intervención crucial en los minutos finales, cuando ejecutó una atajada de mano a mano que pudo haber sido fatal, demostró que su experiencia de 39 años sigue siendo un activo valioso en momentos de presión. Esta muestra de capacidad operativa reforzó la confianza sobre su posible participación. Pero la metodología de Ubeda no contempla apresuramientos innecesarios: solo si la evaluación de Brey descarta riesgos concretos el técnico modificaría sus planes al respecto.
Un calendario que exige precisión en las decisiones
La cronología de los próximos días impone urgencia en los cálculos del estratega. El sábado a las 19 horas en el Templo dará comienzo el choque ante el Globo, punto de partida que puede conducir hacia una bifurcación de caminos. Si Boca logra superar este obstáculo, el martes siguiente deberá presentarse nuevamente para los cuartos de final, un escenario que mantendría vigente la competencia doméstica. Una semana después, las semifinales cercarían la definición del campeonato. Pero más allá del Apertura, existe otro compromiso en el horizonte que requiere atención: la Copa Libertadores retorna el martes 19 con Boca en casa enfrentándose a Cruzeiro, rival brasileño que posee su propio legado en competiciones continentales. Este calendario superpuesto genera una demanda física y mental que obliga a calibrar cada decisión sobre quién estará disponible y en qué condiciones.
La elección sobre el arquero trasciende lo meramente deportivo. En un contexto donde los márgenes de error se reducen y cada acción cobra relevancia exponencial, contar con un portero que ofrezca certidumbre psicológica al resto del equipo forma parte de la ecuación táctica. García conoce la presión de estos escenarios y ha demostrado solvencia en circunstancias similares a lo largo de su trayectoria. Brey, por su parte, representa el futuro de la institución y posee atributos que lo proyectan como una alternativa de largo aliento. La prudencia de Ubeda al no descartar a ninguno de los dos hasta el último momento refleja una ponderación que considera tanto el presente inmediato como las implicancias mediatas de cualquier decisión que tome.
Lo que suceda en la Bombonera el sábado determinará no solo si Boca avanza en el Apertura, sino también cómo impactará en la disponibilidad de recursos humanos para los compromisos que se avecinan. Una eventual progresión en el torneo doméstico implicaría un desgaste adicional que podría afectar la performance en la Libertadores, donde el equipo ya acumula compromisos ineludibles. Conversamente, una eliminación temprana liberaría energías para concentrar esfuerzos en la competición continental. Las perspectivas difieren según de qué ángulo se observe: para los sectores que priorizan el torneo local, es imperativo sumar victorias; para quienes enfatizan el valor de la Libertadores como objetivo superior, el balance de fuerzas adquiere otras dimensiones. Lo cierto es que Ubeda dispone del sábado como fecha límite para cerrar la incógnita en el arco, una decisión que repercutirá en los cálculos de Boca hacia adelante.



