La estructura de poder dentro de los grandes clubes argentinos siempre genera interrogantes sobre quién manda realmente en cuestiones deportivas. En Boca, esa pregunta ha resonado de manera especial cada vez que los resultados no acompañan, y los señalamientos apuntan invariablemente hacia la influencia que Juan Román Riquelme ejerce en las decisiones que atañen al fútbol. Ahora, después de abandonar su cargo como director técnico, Claudio Ubeda se propuso aclarar un asunto que ha generado controversia, debate y especulación: cómo era realmente la dinámica de trabajo entre él y el máximo dirigente del club en relación a las cuestiones tácticas y estratégicas que definen a un equipo de fútbol profesional.
Las conversaciones detrás de los bastidores
Durante una entrevista en una emisora radial, el exentrenador brindó detalles específicos sobre la naturaleza de las charlas mantenidas con Riquelme a lo largo de su gestión. Según su relato, estos intercambios existían pero no eran especialmente frecuentes. La cuestión central que planteó Ubeda fue distinguir entre lo que significa conversar sobre fútbol y lo que implica tomar decisiones concretas sobre quién juega y quién se queda fuera del equipo. "Hablábamos con Román, no mucho, pero hablábamos", señaló, dejando clara la existencia de un diálogo que consideraba "suficiente" para los propósitos de su trabajo. Este matiz resulta importante porque sugiere una comunicación limitada pero deliberada, no una ausencia total de intercambio ni una saturación de contactos que pudiera limitar la autonomía del entrenador.
El exdirector técnico explicó que el contenido de estas conversaciones se centraba en aspectos del desempeño colectivo e individual que ambos observaban en el equipo. Riquelme, desde su rol de presidente, expresaba percepciones sobre cómo estaba funcionando el equipo, cuáles eran los rendimientos que notaba y cuál era su evaluación general del trabajo realizado. Ubeda, por su parte, aportaba la perspectiva de quien dirige los entrenamientos, observa día a día el desenvolvimiento de los jugadores y es responsable directo de la ejecución táctica en los partidos. La confluencia de estas dos miradas —la del presidente y la del conductor técnico— formaba parte de lo que podría considerarse una dinámica normal dentro de una estructura profesional de fútbol. Sin embargo, lo que Ubeda enfatizó fue que estas conversaciones tenían límites muy definidos.
La frontera entre opinión y decisión
Un punto que el exentrenador subrayó con particular énfasis fue la diferencia fundamental entre escuchar opiniones y aceptar imposiciones. Cuando se le preguntó si Riquelme le comunicaba su desagrado respecto a ciertos futbolistas, Ubeda no negó que sucedía. "Sabía que no le gustaba algún jugador producto de las charlas", reconoció sin rodeos. Pero aquí viene el núcleo de su argumento: conocer la preferencia del presidente respecto a un jugador no significa verse obligado a aplicarla. La decisión final, en su narrativa, permanecía bajo su responsabilidad. "Yo lo ponía igual", expresó, dejando sentado que en múltiples ocasiones alineó a futbolistas que sabía no eran del agrado de Riquelme. Esta declaración constituye el elemento más provocador de su relato, porque plantea de manera directa una cuestión que ha alimentado debates intensos: ¿hasta qué punto un presidente puede influir en las decisiones deportivas sin convertirse en un factor limitante para el entrenador?
Ubeda sistematizó su posición afirmando que, aunque existían charlas de fútbol con el cuerpo técnico, el presidente y otras partes interesadas, las determinaciones finales respecto a la composición del equipo eran responsabilidad suya exclusivamente. Mencionó también a Miguel, probablemente refiriéndose a otra figura dentro de la estructura de dirección, señalando que las decisiones pasaban primero por esa persona y luego recaían completamente en él. "Tengo plena seguridad con eso", subrayó, buscando traspasar la certeza de que sus decisiones fueron autónomas y no condicionadas por presiones externas. Este énfasis repetido en la autonomía sugiere que, al menos desde su perspectiva, quería dejar constancia de que los resultados en cancha fueron producto de sus criterios técnicos, no de compromisos impuestos por la dirigencia.
El contexto de las decisiones en Boca
Dentro del contexto histórico de Boca Juniors, la cuestión de quién controla verdaderamente las decisiones futbolísticas ha sido un tópico recurrente que trasciende el mandato de Riquelme o Ubeda. Durante décadas, el club ha experimentado tensiones entre autoridades deportivas y figuras con peso político o histórico. La particularidad del caso actual radica en que Riquelme, siendo presidente, es también una leyenda viva del club, alguien cuyas opiniones sobre fútbol cargan un peso específico derivado de su trayectoria como jugador. Esto genera una dinámica distinta a la de otros presidentes sin ese bagaje futbolístico. Las palabras de Ubeda adquieren relevancia precisamente en este escenario, porque sitúan la relación dentro de parámetros que, según su versión, eran claros y delimitados.
El exentrenador fue especialmente cuidadoso al no presentar su relación con Riquelme como antagónica o conflictiva. No acusó al presidente de interferir indebidamente ni de tomar decisiones que le competen únicamente al director técnico. En cambio, describió una estructura donde había comunicación, intercambio de puntos de vista, y espacios donde ambos podían expresar sus percepciones. La diferencia clave, insistió, radicaba en que las decisiones concretas sobre quién jugaba permanecían dentro de su ámbito de competencia. Esta distinción es crucial para entender cómo él mismo interpreta su propia experiencia, aunque obviamente deja abierta la posibilidad de que otros protagonistas o analistas tengan visiones diferentes sobre el grado real de influencia que ejercía Riquelme.
Las implicancias de estas declaraciones
Las manifestaciones de Ubeda tocan directamente una de las controversias más persistentes en la vida del club en los últimos tiempos. Cada vez que Boca atraviesa momentos de menor rendimiento o crítica, emergen voces que cuestionan el rol de Riquelme en las definiciones tácticas. Algunos sostienen que su intervención en cuestiones estrictamente futbolísticas genera limitaciones para el trabajo del cuerpo técnico; otros argumentan que es natural que un presidente, especialmente si tiene experiencia deportiva, opine sobre el desempeño del equipo. Las palabras de Ubeda se sitúan en el territorio de este debate sin resolverlo completamente, pero aportando una perspectiva desde adentro de la estructura decisoria. Lo que su relato parece sugerir es que existe un espacio intermedio: presidentes que opinan sin imponer, y directores técnicos que escuchan esas opiniones pero mantienen autonomía en sus decisiones finales.
El hecho de que Ubeda haya dejado el club abre también interrogantes sobre los motivos de su desvinculación. Si efectivamente mantenía una relación operativa clara con Riquelme y tenía libertad decisoria, ¿qué llevó a que su paso por Boca llegara a su fin? Esta pregunta permanece en el aire, porque el exentrenador no profundizó en los detalles de su salida. Sus declaraciones parecen estar orientadas más a desvanecer rumores sobre una posible sombra de Riquelme condicionando sus elecciones, que a explicar las causas concretas del término de su vínculo laboral con la institución.
Miradas diversas sobre la gobernanza deportiva
La cuestión de cómo deben distribuirse las responsabilidades en la toma de decisiones dentro de un club de fútbol no tiene una respuesta única. Desde cierta perspectiva, la participación de un presidente en conversaciones sobre el equipo puede considerarse como apropiada supervisión de la estructura deportiva, una forma de mantenerse informado sobre la marcha del proyecto. Desde otra óptica, cualquier injerencia que no sea la de delegación clara y exclusiva al cuerpo técnico representa un factor de riesgo para la coherencia táctica y la responsabilidad individual. Lo que las declaraciones de Ubeda contribuyen a la conversación es un testimonio desde la experiencia directa, aunque evidentemente su visión está atravesada por su propia perspectiva de los hechos vividos.
El futuro dirá si el modelo de relación descrito por Ubeda se mantiene, se modifica o es reemplazado por otro esquema. Las consecuencias de estas dinámicas de trabajo se reflejarán en los resultados deportivos del club, en la estabilidad de los procesos técnicos, y en la capacidad del equipo de competir en los torneos que disputa. Mientras tanto, sus palabras quedan en el registro de lo que fue su experiencia en un rol de máxima responsabilidad dentro de una institución que históricamente ha sido campo de debate sobre estos mismos temas de poder, decisión y autonomía.



