El tablero táctico se agita en Independiente. Después de semanas convulsivas donde las llegadas y salidas de futbolistas dominaron la conversación en Avellaneda, la realidad deportiva ahora ocupa el centro de la escena. Jadson Viera enfrenta el desafío de armar un once competitivo con los recursos disponibles, y lo hará este fin de semana frente a Central Córdoba, un rival que no resulta menor en la búsqueda de recuperación que necesita urgentemente el conjunto rojo. La goleada sufrida ante Gimnasia de Mendoza —un 0-3 que dejó cicatrices profundas— actuó como catalizador de cambios. El entrenador brasileño naturalizado uruguayo, quien asumió las riendas del club hace pocas semanas, no tiene margen para nuevos traspiés si quiere consolidarse en su rol y comenzar a sumar victorias en una campaña que hasta ahora no ha dejado buenas sensaciones.
Las ausencias que pesan en el esquema defensivo
Cuando un equipo pierde a futbolistas como Kevin Lomónaco y Maximiliano Gutiérrez en momentos clave de la temporada, las consecuencias trascienden lo meramente estadístico. Ambos jugadores representaban experiencia y referencia en sus respectivas líneas. Lomónaco, quien ocupaba un lugar de privilegio en la defensa, y Gutiérrez, pieza fundamental en el ataque por su polivalencia, dejaron un vacío que Viera debe rellenar con creatividad y adaptaciones sobre la marcha. La salida de ambos futbolistas no fue producto de decisiones deportivas, sino de operaciones comerciales que formaron parte de ese cierre frenético del mercado de traspasos que caracterizó a Independiente durante las últimas jornadas.
Para reemplazar la línea defensiva, el estratega ensayó durante los entrenamientos con Juan Manuel Fedorco en el puesto que abandonó Cumbia, acompañado por Juan Arrayago como el otro central de la zaga. Esta dupla deberá mostrar solidez frente a las embestidas que Central Córdoba seguramente intentará desplegar. Simultáneamente, Leonardo Godoy retendría su posición en el lateral derecho, a pesar de la actuación que dejó dudas tras el encuentro anterior frente al equipo mendocino. La decisión de mantenerlo refleja tanto la escasez de alternativas en ese sector como la confianza que Viera deposita en su capacidad de reacción y mejora inmediata.
El mediocampo, zona de experimentos y pugnas
Donde verdaderamente cristaliza la búsqueda de soluciones es en la mitad de la cancha, espacio que Viera considera crucial para recuperar el equilibrio perdido. Iván Marcone, capitán del equipo, enfrenta la posibilidad de perder su sitio de titular, algo que no ocurría en las jornadas recientes. La alternancia entre el #23 y David Martínez representa más que una simple rotación: es un interrogante táctico sobre quién debe ser la brújula del mediocampo. Martínez, quien regresa tras su experiencia en el Volos griego, busca recuperar confianza y protagonismo en el equipo de sus amores. Su potencial retorno al once inicial marcaría un punto de inflexión en la estrategia del técnico.
La incertidumbre también asoma en la zona volante derecha del campo, donde Maximiliano Meza y Mateo Pérez Curci compiten por la titularidad. Se trata de un duelo generacional: por un lado, la experiencia y madurez de Meza; por el otro, la frescura y energía de Pérez Curci. Cualquiera de los dos que finalmente alineé Viera llevará responsabilidades diferentes según su perfil. Además, Luciano Cabral recibiría minutos de consideración como protagonista inicial, reemplazando a Santiago Montiel. El argentino naturalizado chileno estaría encargado de aportar fluidez ofensiva en el sector medio, buscando generar transiciones que sorprendan al rival.
Estos cambios en la estructura del mediocampo responden a una filosofía clara: Viera intenta recuperar el dominio y la capacidad de maniobra que caracteriza a los equipos que logran imponer su juego. Tras la paliza de Mendoza, quedó expuesto que el Rojo carecía de control territorial y de circulación de balón, elementos que el brasileño consideraría prioritarios para revertir la situación.
El ataque, ante la necesidad de ser más certero
En el frente delantero, la búsqueda por mayor efectividad también genera reacomodamientos. Matías Abaldo se perfila para ocupar el extremo izquierdo, heredando la posición que dejó la salida de Gutiérrez. A su lado, Ezequiel Ávila entraría en lugar de Facundo Tempone, una apuesta por mayor contundencia y presencia física en el área contraria. Estos cambios sugieren que Viera pretende contar con futbolistas que combinen creatividad con capacidad de definición, dos aspectos que estuvieron ausentes en la presentación anterior.
La configuración ofensiva que ideó el técnico busca generar opciones de juego más variadas, sorteando la marca del rival mediante diferentes puntos de generación de peligro. Esto implica que no todo descansará en los centros laterales, sino que habrá circulación interna del balón, pases inteligentes y movimientos coordinados para desestabilizar la defensa rival. Central Córdoba, dirigido por Sebastián Domínguez, conoce bien estas dinámicas, por lo que Independiente deberá ejecutar con precisión sus planes para obtener un resultado positivo.
El contexto: desde la asunción hasta la búsqueda de la primer victoria
Viera comenzó su gestión hace apenas varias semanas, un período que resulta ínfimo para consolidar un proyecto futbolístico serio. Sin embargo, la presión por sumar los primeros tres puntos es innegable. Cada jornada que transcurre sin victories acumula presión sobre los hombros del técnico y del plantel. El fútbol argentino se caracteriza por su exigencia inmediata: los resultados son lo que respalda cualquier idea táctica o proceso en construcción. En ese sentido, la visita a Córdoba adquiere dimensiones mayores a las que representaría un partido cualquiera.
El periplo del mercado de pases que atravesó Independiente durante estas últimas semanas dejó señales contradictorias. Por un lado, hubo movimientos que permitieron resolver situaciones internas complejas, como la salida de Gustavo Quinteros, anterior conductor del equipo, acuerdo que finalmente se concretó y permitió a Viera viajar sin nubes grises sobre su cabeza. Por el otro, las bajas de futbolistas con experiencia y peso específico en el esquema generaron dudas sobre la capacidad competitiva inmediata del equipo. La dirigencia apostó a una reestructuración que tiene plazos de materialización prolongados, mientras que el director técnico debe resolver problemáticas de corto plazo.
Las implicancias de las decisiones tácticas hacia adelante
Las alternativas que Viera ensaya representan un mapa de ruta que trasciende esta presentación puntual. Si las variantes funcionan, es probable que se repliquen en las próximas jornadas; si fallan, abrirán espacio a nuevas experimentaciones. El resultado en Córdoba será un indicador fundamental para comprender hacia dónde apunta el proceso del técnico brasileño. Un triunfo validaría su diagnóstico sobre cuáles son los cambios necesarios y permitiría seguir construyendo sobre esa base. Una nueva derrota, en cambio, obligaría a replanteos más profundos y generaría interrogantes sobre la viabilidad de su proyecto dentro de los plazos que la institución requiere. Entre tanto, los futbolistas comprometidos con estas nuevas disposiciones tácticas cargan con la responsabilidad de demostrar que en Avellaneda aún existen los recursos para competir y ganar, más allá de los nombres que se hayan marchado.



