La década transcurrida desde que Juan Pablo Vojvoda asumió el banco de Racing ha sido un viaje emocional de montaña rusa. Hace apenas semanas, después de ganar los primeros dos partidos y sumar una victoria en Copa Argentina, el técnico parecía haber encontrado una ruta sólida para sacar al equipo del pozo. Hoy, con la Academia hundida en la Zona B del Torneo Clausura y fuera de las posibilidades de acceso a competiciones internacionales en la tabla anual, esa ilusión se desmorona. El viernes próximo, cuando Racing reciba a Sarmiento por la décima jornada del campeonato doméstico, volverá a poner en práctica un cambio de formación. Será el cuarto en apenas cuatro encuentros: una cifra que ilustra el desespero táctico de un entrenador que modifica su estructura casi cada vez que el árbitro suena el silbato inicial.

El triángulo de las bajas

Las lesiones han jugado un papel determinante en la vorágine de cambios. La pasada fecha, Lautaro Díaz regresó a la titularidad tras superar su lesión, lo que permitió a Vojvoda respirar en la retaguardia. Pero la tranquilidad fue efímera. El equipo sufrió golpes nuevos que alteraron los planes. Ezequiel Cannavo, lateral derecho de Racing, pidió el cambio durante el partido frente a Huracán por un intenso dolor en la zona del aductor derecho. Aunque desde la institución aclararon que se trata de una fatiga muscular sin lesión estructural, el cuerpo técnico prefiere preservarlo pensando en el duelo próximo contra Boca, un partido que el hincha considera como la última oportunidad de redención en un año desastroso.

Pero Cannavo no fue el único golpe. Juan Barinaga, ex futbolista de Boca, también salió del circuito con una lesión muscular en el recto anterior de su pierna derecha. El diagnóstico es más grave: tres semanas de baja. Con ambos laterales derechos fuera del tablero y sin un tercer «cuatro» disponible, Vojvoda quedó sin opciones tradicionales. El entrenador no tiene otro lateral derecho de confianza, lo que lo obliga a repensar completamente la estructura. Así, en los entrenamientos de miércoles por la mañana, el técnico exploró una alternativa radical: un sistema de tres defensores centrales, inédito en su paso por Racing hasta el momento.

La experimentación forzada del 3-5-2

Durante la práctica matutina del miércoles, Vojvoda dispuso una línea defensiva integrada por Mateo Martínez, Marcos Rojo y Gonzalo Escudero. La formación del 3-5-2 representa un giro táctico importante, especialmente considerando que Matías Pérez, otro de los defensores disponibles, está marginado por un esguince en el tobillo derecho. En este esquema experimental, Matías Zaracho ocuparía la banda derecha como carrilero, continuando así en un rol que ha desempeñado como titular en los últimos encuentros. La medular sería completada por Leonel Pérez, Gastón Lodico e Ignacio Rodríguez, con Matko Miljevic reemplazando a Ulises Ortegoza en la prueba práctica.

Sin embargo, este nuevo esquema presenta un problema evidente. Tanto Rojo como Escudero son futbolistas de pie izquierdo, lo que genera un desequilibrio en una línea de tres que idealmente requiere equilibrio en la distribución de perfiles. Esta particularidad técnica puede generar dificultades en el posicionamiento defensivo y en la salida con el balón desde el fondo. Aun así, con las opciones limitadas por las lesiones, Vojvoda parece decidido a poner a prueba este modelo si la situación lo amerita. La necesidad se vuelve innovación por obligación.

Un historial de fracasos tácticos recientes

Lo que hace más preocupante la situación es el rastro de esquemas fallidos en las últimas fechas. Contra Independiente Rivadavia, Racing alineó un 4-3-1-2 que no generó el resultado esperado. Luego, en el encuentro frente a Atlético Tucumán, Vojvoda optó por un 4-3-3 buscando mayor profundidad ofensiva, pero el cambio tampoco rindió dividendos. El pasado domingo, en la visita a Huracán, el técnico implementó un 4-1-3-2 con la esperanza de encontrar un punto medio entre solidez defensiva y capacidad creativa. Nuevamente, el resultado no acompañó. Cada modificación táctica se ha presentado como una solución que se desmorona apenas el equipo sale a la cancha. Este ciclo repetitivo sugiere que el problema quizá no radica únicamente en la disposición de los futbolistas, sino en dinámicas más profundas del juego colectivo.

La trayectoria reciente de Racing en el Clausura ha sido catastrófica desde la perspectiva de los resultados. El equipo acumula tres derrotas consecutivas y se ubica en posiciones que lo alejan de las aspiraciones europeas, factor determinante para un club de la envergadura de la Academia. El viernes, Sarmiento llega al Cilindro como un rival que, aunque no sea un gigante, representa una oportunidad concreta para cortar la racha negativa. La décima fecha del torneo doméstico marca un punto de inflexión: de aquí en adelante, sin puntos acumulados, Racing verá cómo se desmorona la posibilidad de competir por los objetivos internacionales, un horizonte que meses atrás parecía más accesible.

Las consecuencias de los próximos partidos serán múltiples. Si Vojvoda logra estabilizar el equipo con el sistema de tres defensores y Racing comienza a acumular victorias, el experimento táctico habrá sido justificado por los hechos. Por el contrario, si las derrotas continúan, la incertidumbre respecto de la continuidad del entrenador crecerá exponencialmente. Algunos analistas sostienen que los cambios frecuentes de formación pueden generar confusión en los futbolistas, impidiendo que desarrollen automatismos tácticos necesarios para funcionamientos eficaces. Otros argumentan que la flexibilidad táctica es una virtud que permite adaptarse a las circunstancias cambiantes del torneo. Lo cierto es que Racing llega a un punto crítico donde los resultados determinarán no solo la viabilidad de un esquema, sino también la del propio proyecto deportivo.