La victoria llegó como una bocanada de aire para Juan Pablo Vojvoda tras una travesía árida que se extendía por ocho encuentros consecutivos. El técnico de Racing había acumulado seis derrotas y dos empates en ese lapso, un rosario de resultados adversos que generaba tensión en el ambiente. Pero el triunfo frente a Sarmiento por 3-1 en el Cilindro cambió el registro emocional, aunque trajo consigo una complicación estratégica que ahora condiciona los planes para el próximo desafío: el clásico rioplatense contra Boca en los cuartos de final de la Copa Argentina. Lo peculiar de ese quiebre de racha es que surgió a partir de una modificación táctica de carácter improvisado, nacida de la necesidad más que de la premeditación. Y es precisamente ese cambio el que genera el dilema que Vojvoda debe resolver en las próximas horas.

Las ausencias que forzaron la adaptación

Cuando Racing enfrentó al conjunto mendocino, el equipo carecía de dos piezas fundamentales en el lateral derecho. La situación de Ezequiel Cannavo, quien padecía una molestia muscular en el sector del aductor, llevó a que fuera preservado como medida preventiva. Simultáneamente, Juan Barinaga estaba fuera de servicio por un desgarro en el recto anterior de la pierna derecha. Ante este escenario de limitaciones, Vojvoda no tuvo más remedio que improvisar, recurriendo a una estructura con línea de tres defensores complementada con una quinta línea de contención, un esquema que habitualmente no era su predilección pero que resultó siendo la solución emergente. Esa fórmula táctica funcionó a la perfección contra Sarmiento, exhibiendo una solidez defensiva notable y permitiendo que los laterales ganaran amplitud. El resultado fue tan positivo que la experiencia dejó una huella en la consideración técnica del estratega.

Este martes, el panorama cambió significativamente. Cannavo completó su proceso de recuperación y trabajó sin inconvenientes en las prácticas, lo que lo posiciona como disponible para el enfrentamiento del domingo ante el Xeneize. Su regreso a la disponibilidad abre un abanico de posibilidades que Vojvoda debe evaluar meticulosamente. No se trata simplemente de reincorporar al jugador, sino de decidir en qué rol específico participará del dispositivo táctico y cuál será la consecuencia de esa decisión sobre la estructura global del equipo. La incertidumbre no es trivial: los hinchas que se manifiestan en las redes sociales se inclinan mayoritariamente por que se mantenga el sistema que acaba de producir dividendos positivos, argumentando que los rendimientos ofrecidos por los tres defensores centrales —Mateo Martínez, Marcos Rojo en calidad de líbero y Gonzalo Escudero— fueron de alto nivel.

Las alternativas sobre el tapete

Vojvoda dispone de dos caminos diferenciados. La primera opción consiste en reinstalar a Cannavo en su posición habitual como lateral por el flanco derecho, lo que implicaría el desplazamiento del joven Escudero. Esta alternativa representa un retorno a la conformación tradicional con cuatro defensores, recuperando la estructura original sobre la cual el equipo desarrollaba su juego antes de la sequía de resultados. Supone un razonamiento conservador: volver a lo conocido, a lo que supuestamente debería funcionar según los perfiles y características de los futbolistas disponibles. Sin embargo, esta lógica enfrenta una objeción práctica: los últimos rendimientos colectivos no son secundarios al momento de tomar decisiones tácticas, especialmente cuando se aproxima un duelo de magnitud como un clásico.

La segunda posibilidad es más intrincada y requiere un reajuste mayor. Consistiría en mantener la línea de tres pero reconvertir a Cannavo en carrilero dentro de un esquema 3-1-4-2, donde el ex jugador de Defensa y Justicia ocuparía una franja de circulación más avanzada que la del lateral puro. Esta alternativa preservaría la estructura defensiva que mostró efectividad contra Sarmiento, pero exigiría la salida de uno de los volantes. Los candidatos identificados son Ulises Ortegoza, Gastón Lodico y Matías Zaracho, siendo este último el que menor probabilidad ostenta de abandonar el campo. La preferencia por Zaracho radica en la confianza que Vojvoda deposita en su capacidad dinámica y en su criterio para el manejo del balón, atributos que lo hacen valioso en momentos de presión táctica. Tanto Ortegoza como Lodico tuvieron un primer tiempo flojo contra Sarmiento pero mejoraron su desempeño en la segunda mitad, lo que añade complejidad al análisis.

Más allá de las permutaciones sobre la escaleta de Cannavo, existen otras consideraciones en torno al plantel disponible. Matías Pérez, otro defensor central, se recupera de un esguince de tobillo que lo apartó del compromiso más reciente y probablemente no esté listo para participar el domingo. Incluso en el hipotético caso de que llegara con el tiempo justo, Vojvoda parece inclinado a privilegiar a Martínez, quien atraviesa una fase óptima de rendimiento y no necesariamente sentiría la presión de ser reemplazado. Asimismo, Leandro Córdoba, delantero de la escuadra, continúa en proceso de recuperación de una lesión antigua que arrastra desde su etapa anterior en Racing de Córdoba, una molestia que se manifiesta esporádicamente en el tobillo y que limita su disponibilidad plena.

El peso de la decisión en un clásico

La elección que tome Vojvoda en los próximos días trasciende lo meramente táctico. En el contexto de un clásico rioplatense por la Copa Argentina, cada decisión adquiere una carga simbólica y práctica amplificada. Mantener el esquema que funcionó podría ser interpretado como una ratificación de confianza en el equipo y como una apuesta por la continuidad positiva. Cambiar de vuelta al dibujo tradicional podría leerse como un retorno a la normalidad estructural, pero también como un paso atrás respecto a lo que funcionó. No existe una respuesta única y objetivamente correcta; la validez de cada alternativa dependerá de cómo se desarrolle el partido, de los ajustes que implemente el rival y de la capacidad del equipo para ejecutar lo propuesto. Lo cierto es que Racing emerge de una crisis de resultados con una victoria reciente que funcionó como reseteo emocional, y esa inercia positiva es un activo que no debería subestimarse. La definición que Vojvoda adopte será un test de sus convicciones estratégicas y de su capacidad para leer el contexto donde debe decidir.

Las consecuencias potenciales de esta decisión proyectan sombras hacia el futuro inmediato. Si la opción elegida funciona y Racing avanza de ronda, la confianza en esa estructura se profundizará, y probablemente se replique en compromisos posteriores. Si, por el contrario, no produce los resultados esperados, la crítica sobre la elección táctica será inevitable, realimentando ciclos de duda sobre la conducción. Los hinchas, como expresan actualmente en las redes, aguardan con expectativa una decisión que equilibre la búsqueda de la continuidad con la incorporación de recursos recuperados. El desempeño de Cannavo, su adaptación al rol que se le asigne y su impacto en la dinámica ofensiva y defensiva serán observados bajo lupa. Vojvoda tiene la oportunidad de demostrar que sus decisiones estratégicas responden a un análisis coherente del grupo, más allá de presiones externas o del clamor popular, aunque en el fútbol profesional argentino estos elementos raramente se pueden separar completamente.