La Academia enfrenta un dilema creciente que trasciende lo meramente deportivo y expone tensiones internas en el plantel. Mientras Juan Pablo Vojvoda continúa perfilando un equipo acorde a su visión táctica, dos futbolistas de considerable trayectoria en el club permanecen en el limbo institucional: ni juegan ni se van. Nazareno Colombo y Santiago Solari viven una suerte de purgatorio competitivo que pone en evidencia los conflictos que genera un mercado de pases donde las negociaciones fracasan y las ambiciones personales colisionan con las decisiones administrativas.

La situación de ambos jugadores representa mucho más que simples omisiones técnicas. Expone el costo oculto de una dirigencia que rechaza ofertas por argumentos vinculados a valores contractuales, mientras los futbolistas afectados ven cómo se cierran puertas que, talvez, no vuelvan a abrirse. El técnico, por su parte, ha dejado clara su postura mediante actos más que mediante palabras: solo necesita futbolistas genuinamente comprometidos con el proyecto. No hay espacio para dilemas emocionales ni para quienes tienen la cabeza puesta en otro lado.

Colombo: cuatro ausencias consecutivas y una carrera en suspenso

El defensor central arribaría este semestre con un futuro incierto. Por cuarto encuentro seguido, Colombo quedó excluido de la nómina de convocados que viajó a Mendoza para enfrentar a Independiente Rivadavia. Esta cadena de exclusiones revela el grado de deterioro en su relación con el cuerpo técnico. Lo más elocuente del asunto es que Vojvoda prescindir de él incluso en momentos donde no contaba con alternativas naturales en su posición, obligado a incorporar a Matías Pérez García —quien apenas llevaba una sesión de entrenamiento con sus compañeros— antes que mantener a Colombo en la consideración.

Vinculado a la institución mediante contrato hasta finales de 2027, Colombo intenta abandonar Racing hace ya varios ciclos de transferencias. La llegada de esta ventana de mercado generó expectativas concretas cuando Talleres de Córdoba manifestó interés genuino en sus servicios. Sin embargo, esa operación se desmorona cuando Matías Catalán, quien se encontraba separado del proyecto córdobés, decide reintegrarse al equipo dirigido por Walter Ribonetto. Con esa opción cerrada, Colombo regresa a la casilla de salida: sin salida contractual, sin minutos en cancha y con una relación cada vez más distante respecto de su entrenador.

Las actuaciones recientes no lo favorecen. El ex jugador de Defensa y Justicia acumula performances que generan desconfianza en el técnico y resistencia visible de la hinchada. La combinación de estos factores —rendimiento fluctuante, ausencia de respaldo emocional del público, distancia con la dirección técnica— configura un escenario donde la continuidad parece cada vez menos probable, al menos en el corto plazo. Colombo representa el arquetipo del futbolista atrapado: demasiado veterano para esperar cambios, demasiado valiosos contractualmente para ser prescindido sin compensación económica.

Solari: ofertas internacionales rechazadas y frustración acumulada

La trayectoria de Santiago Solari en las últimas semanas dibuja un patrón diferente pero igualmente preocupante. Su desempeño, aunque menos dramático que el de Colombo, dista enormemente de ser satisfactorio. Durante el Torneo Clausura, Solari fue excluido de la convocatoria en el cotejo ante Banfield. En el clásico frente a Boca, integró el banco de suplentes pero nunca recibió oportunidad de ingreso, mientras Vojvoda optaba por movilizar a Duván Vergara y los jóvenes Alberto Campo y Francisco Fraga. Ante Belgrano, el atacante comenzó como titular pero apenas resistió hasta los 21 minutos del complemento, cuando Tomás Conechny lo sustituyó.

La frustración de Solari no radica únicamente en la falta de continuidad deportiva. Durante esta semana de trabajo previo a la contienda mendocina, el delantero se ausentó de dos entrenamientos por un cuadro gripal. Pero ese aspecto físico constituye apenas la superficie de un conflicto más profundo: Solari mantiene una disputa abierta con la estructura directiva del club respecto de operaciones rechazadas que lo involucraban. Tres propuestas llegaron a Racing en los últimos tiempos: préstamo desde Toronto en Canadá (institución de la Major League Soccer), movimiento similar del Fortaleza brasileño y una oferta adicional proveniente de un club belga cuyos detalles aún permanecen en la penumbra.

La posición adoptada desde Avellaneda fue categórica: solo negocia la salida de Solari mediante una operación de venta. Esa negativa generó una reacción inmediata en el futbolista, cuyo descontento rápidamente trascendió hacia el cuerpo técnico y los círculos internos del club. Vojvoda no tardó en registrar esa incomodidad y, como suele suceder en estos casos, la traducción en el terreno competitivo fue inmediata: menos minutos, menos consideración, menos futuro aparente en el club. El técnico envió así un mensaje inequívoco: quien no está mentalmente disponible para competir por la Academia no tendrá cabida en sus esquemas tácticos.

Implicancias futuras y reflexión sobre el modelo

Ambas situaciones plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de mantener a futbolistas de esta envergadura fuera del proyecto. Por un lado, la posición de Vojvoda resulta lógica desde la perspectiva del desempeño: un entrenador necesita certidumbre emocional en sus jugadores, compromiso visible, actitud ganadora. Por otro, la estructura administrativa enfrenta un dilema económico real: retener a futbolistas que generan costos salariales sin aportaciones en cancha es insostenible a mediano plazo. Sin embargo, exigir ventas a precio de mercado cuando el futbolista desea partir por préstamo genera un estancamiento donde nadie gana. Colombo seguirá sin jugar, Solari seguirá con ofertas rechazadas, y Racing seguirá cargando con pasivos que afectan tanto el clima grupal como la estructural salarial. El próximo mercado de pases será determinante: si estas negociaciones no encuentran cierre, la Academia deberá evaluar si mantener la intransigencia vale el costo de tener futbolistas descontentos en sus instalaciones.