Hace exactamente una década, Axel Werner vivió uno de esos momentos que definen carreras. Era 11 de diciembre de 2016, tenía apenas 20 años y una llamada telefónica cambió todo. La lesión de Guillermo Sara —una luxación en el hombro derecho que lo dejó fuera de combate en el último minuto— abrió una puerta inesperada. El joven guardavidas de Boca tendría que saltarse todos los escalones y hacer su estreno oficial en el arco del Xeneize nada menos que en un superclásico, en el estadio de River, ante Marcelo Gallardo y sus dirigidos. No era un partido cualquiera; era el partido. Los nervios que debieron dominar su cuerpo se transmutaron en una actuación de ensueño que terminó con un abrazo emotivo con Guillermo Barros Schelotto sobre el césped tras una goleada de 4-2. Aquel día quedó grabado a fuego en su memoria.

Ahora, una década después, el mismo futbolista regresa al Monumental, pero todo es distinto. No viene como héroe de un clásico ganador, sino como uno de los pilares de un Aldosivi que lucha por su supervivencia en la categoría. A los 30 años, con una trayectoria que incluye pasos por Atlético de Madrid bajo la dirección de Diego Simeone, Huesca, Elche, San Luis de México, Atlético Rafaela, Arsenal y Rosario Central, Werner llega a Núñez con una misión mucho más urgente: ayudar a su equipo a conseguir los tres puntos en una situación de emergencia. El contexto no podría ser más contrastante. En 2016, celebraba un título moral dentro de una estructura ganadora; hoy busca rescatar a un equipo que aún no conoce la victoria en este torneo.

Un arquero maduro frente a la adversidad

Lo interesante de Werner es que no llegó a Aldosivi por casualidad ni por una decisión impulsiva. Según sus propias palabras, fue la confianza que el club depositó en él lo que lo convenció de aceptar el desafío. "No dudé por la confianza que tuvieron en Aldosivi en ir a buscarme", explicó el guardavidas en una conversación con Olé. Para alguien de su calibre internacional, jugar en un equipo en zona de peligro podría verse como un paso atrás; sin embargo, Werner lo ve como una oportunidad para demostrar que está vigente, que sus habilidades no se han oxidado y que puede marcar la diferencia en momentos críticos. Su llegada significó ocupar el arco que dejara el histórico Jorge Carranza, quien se retiró a los 44 años. Una responsabilidad enorme, considerando que Carranza es una leyenda en la institución.

Lo que llama la atención de Werner es su madurez mental y emocional. En la charla previa al encuentro contra River, el arquero se mostraba reflexivo y estratégico. No se trata de alguien que simplemente va a jugar un partido de fútbol; es alguien que analiza, que estudia, que busca comprender las dinámicas del rival. "Más allá del clásico en sí como espectáculo, intenté verlo de otra manera. Cómo se lo puede lastimar, cuáles son las facetas del juego que River domina", explicó sobre su preparación específica para este encuentro. Esa capacidad de descifrar adversarios surge de años de experiencia, de haber enfrentado a los mejores en Europa y en la Argentina. No es solo reflejo de un portero; es la inteligencia táctica de un profesional que sabe que cada detalle cuenta.

La derrota previa de River: una ventaja psicológica para Aldosivi

Un elemento crucial en el análisis de este partido es el estado emocional de River tras haber caído ante Boca recientemente. Mientras que muchos podrían ver esto como una desventaja para Aldosivi —enfrentar a un equipo que busca venganza—, Werner lo interpreta de otra manera. "Los contextos muchas veces no se eligen, se dan. Si hubiese ganado te diría que tendríamos que haber aprovechado eso y en este caso hay que aprovechar la derrota", señaló con pragmatismo. El arquero entiende que River llegará con una necesidad visceral de ganar, de que la tribuna reclame goles desde el primer minuto. Esa ansiedad podría ser, paradójicamente, el lado débil que Aldosivi puede explotar. "Vamos a intentar hacer un partido largo, que les cueste rompernos líneas siendo un equipo compacto y que cuando tengamos nuestras chances poder convertirlas y golpear", fue su descripción de la estrategia.

Lo revelador es que Werner no ve este encuentro como una misión imposible, sino como una oportunidad real. En su visión del fútbol existe el concepto de que "muchas veces las victorias llegan cuando el resto menos las espera". Es una filosofía que va más allá del simple optimismo; es una lectura de cómo funcionan los partidos, cómo un equipo que juega sin presión puede sorprender a uno que carga con el peso de las expectativas. Aldosivi es el único equipo del Apertura que aún no ha cosechado una victoria, lo que genera una tensión palpable en el vestuario. Sin embargo, Werner advierte sobre no trasladar esa ansiedad a la cancha: hay que canalizarla en energía pura, en motivación, en concentración. "Somos los que más rápido queremos que eso se corte y empezar a ganar", afirmó convencido de que el cambio de dinámica está más cerca de lo que parece.

Sobre el técnico rival, Coudet, Werner expresó un profundo respeto. Lo caracterizó como alguien que trabaja en alta intensidad, cuyos equipos presionan agresivamente y que ha tenido buenos resultados. Reconoce el desafío, pero no lo intimida. Ha jugado bajo la dirección de Simeone, ha enfrentado a Messi, ha ganado títulos con Boca y Rosario Central, ha participado en los Juegos Olímpicos. Su currículum avala que está acostumbrado a los grandes momentos. Lo que ha cambiado no es su capacidad, sino el escenario: ya no pelea por el título, pelea por la permanencia. Y eso, para un jugador de su trayectoria, es quizás incluso más movilizador.

Una carrera de rodaje que lo habilita para el presente

Al reflexionar sobre su propia evolución desde 2016 hasta hoy, Werner fue honesto: "En experiencia por todos estos años de rodaje. En el arco es algo que se nota más todavía que en otros puestos". La carrera de un arquero tiene una particularidad única en el fútbol: tiende a mejorar con la edad, contrario a lo que sucede con otros futbolistas donde la merma física aparece más temprano. Werner aprovecha esa lógica a su favor. A los 30 años está en su prime como guardavidas, cuando su lectura de juego es más afilada, cuando sus reflejos siguen siendo excepcionales pero complementados con la sabiduría de haber visto miles de situaciones. "Quiero transmitir esa confianza y esa seguridad desde atrás para que el equipo se sienta seguro y vaya creciendo en las demás líneas", expresó sobre su rol dentro de la estructura defensiva de Aldosivi.

Lo curioso de su trayectoria es que pasó por momentos dorados en clubes grandes —Atlético de Madrid, Boca, Rosario Central— y también por episodios difíciles. Esa diversidad de experiencias lo ha templado. "Me ha tocado atravesar situaciones delicadas que quizás en el exterior se viven distintas, campañas que no fueron de las mejores o en los primeros puestos y se vive con la misma intensidad y profesionalismo". Para él, la lucha por la permanencia no es algo desconocido ni vergonzante; es simplemente otro capítulo de una carrera que siempre fue hacia arriba. Esa perspectiva, esa ausencia de dramatismo innecesario, es lo que lo diferencia y lo posiciona como un factor emocional clave en el vestuario de Aldosivi.

Werner es, además, alguien que nutre su mente más allá del fútbol. Lector voraz de temas diversos —actualidad, novelas, autobiografías, literatura sobre energía— el portero entiende que la vida y el deporte requieren una formación integral. Incluso dejó inconcluso su paso por Comunicación Social en la universidad, una "cuenta pendiente" como él mismo reconoce. Esa curiosidad intelectual se refleja en su forma de aproximarse al juego, más reflexiva, más analítica, más estratégica que puramente instintiva.

Cuando el partido se juegue en el Monumental, cuando Werner se coloque los guantes en ese arco donde debutó entre aplausos y emotividad hace diez años, habrá cerrado un círculo simbólico. No será el mismo jugador, aunque siga siendo él. No será el mismo contexto, aunque siga siendo River. Pero llevará dentro la memoria de aquella goleada de 2016, esos buenos recuerdos que menciona con frecuencia, y los canalizará en beneficio de un Aldosivi que necesita creer que los milagros existen. "¿Por qué no?", preguntó rhetóricamente sobre la posibilidad de un batacazo. En el fútbol, como en la vida, a veces las respuestas llegan cuando menos se las espera.