No todo fue ruido y malestar en el Cilindro. Mientras una parte de la hinchada de Racing Club descargaba su frustración con cánticos contra la dirigencia en medio de un empate que supo a poco, el entrenador Gustavo Costas procesaba el resultado con una mirada diferente. Entre los rescoldos de un partido que no terminó de satisfacer a nadie, el técnico encontró algo que para él valió más que tres puntos: la confirmación de que Matías Zaracho está de regreso. No el Zaracho de los últimos meses, opacado por las lesiones y la falta de continuidad, sino algo mucho más cercano al volante que supo ser referencia en esta misma institución.

El regreso de un jugador que el club necesitaba recuperar

La historia de Zaracho con Racing es larga y tiene capas. Surgido de las inferiores del club en Avellaneda, el mediocampista de 28 años construyó su identidad futbolística en la Academia antes de emigrar hacia el fútbol brasileño. Su vínculo con la institución siempre fue más que contractual: es de esos jugadores que el hincha siente propios, que llevan el escudo tatuado en la forma de jugar. Por eso su regreso, concretado a comienzos de 2025 en el primer mercado de pases de la gestión encabezada por Diego Milito, generó expectativa genuina. El club acordó con Atlético Mineiro la adquisición del 50% de su pase por alrededor de 2.000.000 de dólares, y el jugador firmó contrato hasta finales de 2028. Una apuesta concreta, con números y fechas, que dejó en claro que la intención era recuperarlo en serio.

Sin embargo, el camino no fue sencillo. Las lesiones musculares lo persiguieron con una insistencia que desespera a cualquier futbolista. Cada vez que asomaba la posibilidad de encadenar partidos y ganar ritmo, algo se interrumpía. Y cuando lograba ingresar a la cancha, su rendimiento estaba lejos de convencer. No porque le faltara talento —ese nunca desaparece— sino porque sin confianza y sin continuidad, hasta el mejor jugador puede parecer otro. En este Torneo Apertura, Zaracho acumuló 13 participaciones, pero apenas cuatro de ellas como titular: ante Atlético Tucumán, Sarmiento, Estudiantes de Río Cuarto y, la más reciente, frente a Barracas Central. Un número que refleja la cautela con la que fue administrado.

Un gol y una actuación que valen más que el resultado

Ante Barracas Central, algo cambió. Zaracho fue figura. Tuvo movilidad constante, se asoció con criterio, pisó el área con intención y coronó una tarde sólida con un gol de cabeza —de anticipo, con timing perfecto— en un centro que llegó desde la derecha por parte de Santiago Solari. La pelota entró al ángulo superior izquierdo del arquero Juan Espíndola. Fue su segundo tanto consecutivo, después del que había marcado ante Aldosivi, y el dato que más llama la atención es el contexto histórico: llevaba exactamente siete años sin convertir en el estadio de la Academia. Su último antecedente en ese escenario databa del 18 de febrero de 2019, en una victoria por 3 a 0 sobre Godoy Cruz donde anotó un doblete, en un partido que también incluyó un gol de Lisandro López y que fue dirigido por Eduardo Coudet, el técnico bajo cuya conducción Zaracho alcanzó su mejor versión individual.

Costas fue directo al hablar de él después del partido: lo vio bien en los entrenamientos durante la semana, notó que el gol anterior le había devuelto algo que le faltaba —la confianza—, y celebró lo que mostró en el campo como si se tratara de una victoria propia. "Es un chico nuestro, del Tita. Es un gran jugador y ojalá lo podamos recuperar", expresó el entrenador, con una frase que dice mucho: recuperar no significa solamente volver de una lesión, sino recuperar al jugador que todos saben que puede ser. Zaracho fue reemplazado por Baltasar Rodríguez a los 16 minutos del segundo tiempo, en una sustitución que estaba planificada pero que se demoró porque el propio mediocampista pidió seguir. Según relató el DT, Zaracho le había solicitado al menos quince minutos más después del entretiempo. "Me dio pena sacarlo porque estaba jugando bien", reconoció Costas.

El presente inmediato y el desafío continental

Con este escenario de recuperación en curso, Racing enfrenta una decisión concreta y urgente: ¿será Zaracho titular este miércoles frente a Caracas FC, en Venezuela, por la tercera fecha del Grupo E de la Copa Sudamericana? La pregunta no es menor. El equipo de Avellaneda llega a ese partido en una situación incómoda dentro del grupo: está ubicado en el tercer puesto, producto de su derrota ante Botafogo de Brasil y del triunfo que cosechó Caracas sobre Independiente Petrolero de Bolivia. Ganar en territorio venezolano es casi una obligación para no quedar demasiado rezagado en la pelea por la clasificación. Caracas, históricamente considerado un equipo opaco a nivel continental, ha mostrado en los últimos años mayor organización táctica y aprovechamiento de la localía en su estadio a más de 900 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que representa una variable física que los visitantes suelen subestimar.

En ese contexto, contar con un Zaracho enchufado podría ser determinante. Un volante con su capacidad de asociación, llegada al área y definición transforma el juego colectivo. Pero también está la cuestión de su cuerpo: él mismo reconoció que no estaba en condiciones de sostener noventa minutos ante Barracas. ¿Podrá recuperarse en pocos días para afrontar otro partido de alta exigencia, esta vez en condiciones climáticas y geográficas distintas? La respuesta dependerá del cuerpo médico y del propio jugador, que parece haber retomado el hilo de su mejor rendimiento justo cuando el equipo más lo necesita.

Las consecuencias de este momento son múltiples y aún inciertas. Para Zaracho, encadenar actuaciones sólidas podría consolidarlo como pieza fija en el once de Costas y cerrar definitivamente el ciclo de fragilidad física que lo condicionó. Para Racing, contar con ese jugador en plenitud representa una diferencia real en términos de jerarquía y variantes ofensivas. Pero también existe la posibilidad contraria: que el manejo de sus tiempos sea más conservador, que se priorice su integridad por sobre la urgencia de resultados inmediatos, y que su presencia en el equipo siga siendo dosificada. Lo que quedó claro el viernes en el Cilindro es que cuando Zaracho está bien, el equipo se transforma. Eso, en medio de tanto ruido, fue la noticia más silenciosa y quizás la más importante de la noche.