La indefinición rodea a Exequiel Zeballos en un momento donde debería existir claridad. Cuando falta poco para que comience la pretemporada, el delantero que resurgió como figura determinante en los últimos meses del año pasado aún no tiene resuelta su continuidad en el club. Este es el cuadro que enfrentará en los próximos días: un vínculo laboral que vence sin acuerdo de renovación, ninguna oferta formal llegó a los escritorios de la institución de La Boca, y el calendario corre implacable hacia el regreso a las prácticas. Lo que cambió respecto a situaciones anteriores es que el Chango abandona sus vacaciones no como un relegado, sino como un jugador que demostró su valor cuando más se lo necesitaba, generando una tensión extraña entre su importancia actual y la falta de definiciones contractuales.
El superviviente de una camada que brilló juntos
Zeballos es prácticamente el último miembro en pie de una generación que marcó un punto de inflexión en la historia reciente de Boca Juniors. Alrededor de él circulaban otros nombres que formaban parte de ese mismo lote de promesas: Cristian Medina, Alan Varela, Equi Fernández, Agustín Almendra, Luca Langoni y el Colo Barco. Todos ellos compartieron espacios de cancha durante los primeros años de gestión de Juan Román Riquelmecomo dirigente, cuando el club vivía un proceso de reestructuración deportiva que buscaba devolver la competitividad a través del desarrollo de futbolistas formados en la casa. Ese grupo tuvo la virtud de protagonizar momentos de gloria, de ganar títulos y de validarse en competiciones de importancia. Pero con el paso del tiempo, unos partieron hacia el exterior, otros encontraron su lugar en ligas extranjeras, y varios simplemente no lograron cristalizar lo que prometían.
La trayectoria de Zeballos es paradigmática de esa incertidumbre que persiguió a toda su generación. No se trata de un recorrido lineal ni predecible. Fue considerado una apuesta de futuro, un jugador con condiciones para brillar. Luego vino un tramo donde las lesiones graves lo sacaron del camino, relegándolo a los márgenes del proyecto. Pasó tiempo prácticamente olvidado, sin protagonismo, donde parecía que su carrera en el club de Olivos y San Telmo se aproximaba a su fin. Pero el fútbol tiene estos giros inesperados. En el cierre de 2025, cuando menos se esperaba, Zeballos reapareció como una pieza clave en los planes ofensivos. Su regreso no fue discreto: fue un resurgimiento que llamó la atención, que generó optimismo sobre sus posibilidades futuras. Y precisamente en ese punto de máxima relevancia, la entidad enfrentó un desafío administrativo que dejó todo en suspenso.
El contrasentido entre el rendimiento y la falta de acuerdos
Lo paradójico de esta situación radica en el desfasaje temporal. Mientras el Chango estaba relegado a un segundo plano, Boca no priorizó asegurar su continuidad mediante una renovación contractual. Quizás porque en ese momento nadie confiaba plenamente en una recuperación de ese nivel. Quizás porque las prioridades estaban dirigidas hacia otros perfiles. Lo cierto es que cuando finalmente Zeballos demostró que podía ser nuevamente un factor importante en el esquema táctico, el club se encontró con un panorama poco favorable: un contrato próximo a vencer, sin acuerdo entre las partes y sin ofertas formales que presionaran desde afuera.
Desde el entorno del futbolista se manifestó en reiteradas oportunidades que existía la voluntad de continuar. Incluso se mencionó la existencia de propuestas provenientes del extranjero, lo que podría haber funcionado como catalizador para una negociación acelerada. Sin embargo, los primeros seis meses del año transcurrieron sin que se produjera un desenlace. No hubo firma, no hubo anuncio, no hubo cierre. A medida que se aproxima la fecha de inicio de la pretemporada, esa indefinición se vuelve más incómoda y más compleja de resolver. El jugador deberá reintegrarse a los trabajos de campo sin tener claridad respecto a qué sucederá con su futuro profesional a mediano plazo. Eso genera presiones psicológicas y plantea interrogantes sobre cuál será su rol dentro de la nueva estructura que está construyendo el proyecto de Boca.
Las conversaciones entre ambas partes siempre se caracterizaron por mantener un tono cordial y respetuoso. No hubo conflictos públicos, no hubo declaraciones cruzadas que encendieran alarmas, no hubo rupturas dramáticas. Pero la cordialidad no es suficiente cuando lo que está en juego es la continuidad de un contrato. Para que Zeballos pueda estar tranquilo y enfocado en las semanas venideras, esas charlas deberían transformarse en algo más concreto: un avance efectivo hacia la renovación, un documento con números y fechas que cierren el tema.
Las variables que pueden inclinar la balanza
La llegada de Rodolfo Arruabarrena como nuevo entrenador introduce un elemento de variables inciertas. El Vasco trae consigo su propia concepción del juego, sus preferencias tácticas, su modo de construir equipos. Lo que se conoce de su historial como director técnico es que ha dado lugar a futbolistas formados en las canteras, que ha confiado en el talento doméstico y que ha construido planteles equilibrados. Además, el equipo que heredará tiene una característica particular: carece de jugadores desequilibrantes que actúen por las bandas. En ese contexto, las características de Zeballos adquieren una nueva relevancia. Su capacidad para jugar en posiciones ofensivas, su velocidad, su aptitud para dinamizar el ataque podrían resultar valiosas en los planes de Arruabarrena.
Si el nuevo entrenador realmente ve potencial en el Chango, es probable que solicite su permanencia y que presione internamente para que se concrete una renovación contractual cuanto antes. Eso podría ser el empujón que necesitan las negociaciones para avanzar. Pero también existe otro escenario: si no hay movimientos concretos en las próximas semanas y llega la pretemporada con todo sin resolver, es posible que Boca comience a contemplar alternativas diferentes. Una de ellas sería incluir a Zeballos en alguna transacción comercial con otro club, utilizándolo como moneda de cambio para resolver otras necesidades del plantel. Perder al delantero sin compensación económica alguna sería un resultado indeseable para la institución, especialmente después de invertir años en su desarrollo. Por eso, si los acuerdos no prosperan antes del regreso a los entrenamientos, todo puede suceder. Incluidas salidas hacia destinos inesperados.
La realidad es que Boca llega a esta encrucijada sin haber tomado decisiones anticipadas. El futuro de Zeballos dependerá de conversaciones que deberían haber avanzado hace meses pero que aún permanecen en territorio ambiguo. El Chango inicia sus vacaciones sabiendo que es un jugador importante dentro de los planes deportivos del club, pero regresará a los entrenamientos sin certezas respecto a cuánto tiempo permanecerá en la institución. Eso es una realidad incómoda para todas las partes, pero especialmente para un futbolista que acaba de demostrar que puede ser decisivo en competencia oficial.
Lo que suceda en las próximas semanas determinará no solo el futuro profesional de Zeballos, sino también la capacidad de Boca para retener el talento que desarrolla internamente. Los clubes grandes de América Latina enfrentan constantemente el desafío de mantener a sus mejores jugadores, equilibrando el costo de los salarios con las presiones financieras y las ofertas que llegan desde el extranjero. En este caso particular, la institución tiene la oportunidad de cerrar un capítulo de una manera ordenada y constructiva, o bien de permitir que la incertidumbre continúe acumulándose hasta generar un desenlace complicado. El reloj avanza, el calendario de la pretemporada se aproxima, y las definiciones siguen siendo elusivas. Todo lo que suceda a partir de ahora estará influenciado por decisiones que debieron haberse tomado con anterioridad pero que aún permanecen pendientes.



