La permanencia de Bruno Zuculini en Racing representa uno de esos desenlaces incómodos del fútbol profesional: un futbolista que quiso partir, un club que prefirió retenerlo, y una negociación que nunca llegó a buen puerto. A los 33 años, el mediocampista continúa vinculado con la Academia pese a que su deseo explícito era abandonar la institución durante el presente mercado de transferencias. La chance de sumarse a Nacional de Uruguay se esfumó sin que se concretaran los términos económicos necesarios, dejando en el camino un conflicto silencioso pero evidente entre las partes que revela grietas profundas en la relación entre el jugador y su club.
Desde el núcleo cercano al futbolista, las versiones resultan meridianamente claras: Zuculini contemplaba esta ventana de pases como la oportunidad definitiva para cambiar de aire. No se trata de un capricho pasajero ni de una maniobra especulativa. El jugador, según quienes lo rodean, consideraba que lo mejor para ambas partes era una separación inmediata. En ese contexto llegó el interés desde Montevideo. El presidente de la institución oriental se comunicó con Racing para sondear las posibilidades de una incorporación, pero desde la conducción académica nunca respondieron con una propuesta monetaria concreta. Desde la vereda del futbolista aseguran que simplemente no hubo respuesta, que la Academia nunca colocó sobre la mesa un número que permitiera avanzar en las tratativas.
Las deudas que quedan flotando en el aire
Existe un antecedente cercano que guarda cierta simetría con lo acontecido: Agustín García Basso intentó abandonar Racing en el pasado mercado buscando llegar a San Lorenzo, pero tampoco pudo concretar su salida. La diferencia sustancial radica en los tiempos contractuales. Mientras que el defensor posee un vínculo extendido hasta finales de 2027, los meses que restan en el contrato de Zuculini son apenas seis. La Academia le propuso ampliar su acuerdo laboralmente, aunque aquí comienza un capítulo donde las versiones divergen radicalmente. Desde el círculo íntimo del jugador sostienen que le ofrecieron renovar con una reducción salarial del cincuenta por ciento. En cambio, desde la dirigencia aseguran que mantuvieron la propuesta sin mermas de ingresos. Lo cierto es que tampoco hubo acuerdo en esa materia.
Quien representa los intereses de Zuculini fue categórico al describir la situación. Explicó que el deseo original del volante era marcharse durante este período del calendario futbolístico porque creía honestamente que eso beneficiaría tanto al club como a su propia carrera. Lo particularmente significativo es que la agencia enfatizó que el futbolista mantiene una vinculación emocional profunda con Racing, al punto de dejar dinero sobre la mesa en ocasiones anteriores. Recordaron que cuando emigró hacia Manchester City en 2014, Zuculini no reclamó los montos pendientes que le adeudaban. Incluso realizó donaciones a la institución. Más recientemente, el jugador habría estado dispuesto a marcharse como agente libre sin exigir compensación alguna, gesto que simboliza su intención de partir sin generar conflictos patrimoniales.
El desgaste invisible de un ciclo que se agota
Más allá de los números que reflejan su actividad en el campo de juego, existe un factor emocional y contextual que explica la postura del futbolista. Durante los primeros seis meses del año, Zuculini experimentó un desgaste significativo producto del clima político interno que describe como denso. Considera genuinamente que cumplió un ciclo en la Academia, más allá de que tiempo atrás retornó al club con la expectativa de finalizar su carrera vistiendo esa camiseta. A nivel de rendimiento deportivo, participó en 22 encuentros por todas las competencias disputadas, aunque apenas 10 de ellos como titular. Si bien no sufrió las complicaciones lesionarias que lo aquejaron en 2025, tampoco logró consolidarse como una figura indiscutible en el mediocampo. Uno de los aspectos que no pasan desapercibidos es que fue de los pocos futbolistas que asumió una autocrítica pública y frontal frente a los micrófonos cuando llegaban las derrotas o los desempeños deficientes del equipo.
La representación del jugador fue contundente en sus declaraciones, aunque también incluyó un matiz importante. Subrayaron que si finalmente Zuculini debe permanecer en Racing, lo hará dándolo todo por la institución, como lo ha hecho a lo largo de su trayectoria. Sin embargo, dejaron una aclaración significativa: no se debe contar con él para ocupar el rol de capitán. Es un detalle que trasciende lo meramente simbólico, porque revela una línea que traza el propio jugador en cuanto a su implicación futura. Resulta relevante notar que quien venía asumiendo esa responsabilidad era Santiago Sosa, de modo que esta advertencia no modificaría sustancialmente la estructura del equipo desde lo administrativo, pero sí marca una postura clara respecto a su disposición emocional.
La situación deja múltiples interrogantes abiertos sobre cómo continuará la relación entre Zuculini y Racing en los próximos meses. Desde la perspectiva de la dirigencia académica, retener un futbolista veterano que explícitamente comunicó su deseo de partir podría resultar contraproducente si el rendimiento desciende o si las tensiones internas se profundizan. Desde el punto de vista del jugador, quedarse sin haber logrado su objetivo puede afectar su desempeño futuro y su satisfacción personal en la recta final de su carrera. Para la institución, mantener a un jugador cuestionado económicamente en un contexto donde hay urgencias presupuestarias presenta un cálculo complejo. Y para el futbolista, la perspectiva de marcharse como agente libre en diciembre sin compensación alguna para Racing contrasta con la actual retención contractual. Las próximas semanas definirán si esta convivencia forzada logra transformarse en una relación productiva o si, por el contrario, perpetúa un malestar que afecte al conjunto en su totalidad.



