La terminal aérea porteña más transitada de la región enfrentará un parate de 55 horas a fin de agosto para intervenir su infraestructura de movimiento. Entre el 25 y 27 de agosto, el Aeroparque Jorge Newbery suspenderá por completo sus actividades, según confirmó Aeropuertos Argentina, la empresa concesionaria que administra la instalación ubicada frente al río. El cierre responde a una necesidad técnica urgente: ejecutar trabajos de mantenimiento preventivo en la pista de aterrizaje que impidan futuras clausuras de emergencia, como ocurrió hace meses cuando un desprendimiento de asfalto obligó a paralizar operaciones de improviso durante tres horas en plena actividad. Esta intervención marca el inicio de una transformación más vasta que demandará inversión superior a los US$ 85 millones en el conjunto de la terminal.
El contexto que rodea esta decisión no es casual. La terminal de la Costanera ha registrado un crecimiento explosivo en sus movimientos durante los últimos meses, consolidándose como el polo aéreo preferido de Buenos Aires y sus alrededores. Durante el primer trimestre del año, el promedio diario alcanzó 409 vuelos, una cifra que proyecta escenarios de saturación si no se interviene la infraestructura a tiempo. Las aerolíneas que operan en la terminal ya han comenzado a avisar sobre una demanda creciente de conexiones domésticas e internacionales, lo que presiona aún más la necesidad de modernizar instalaciones que, en algunos aspectos, no han recibido mantenimiento integral en años. Ante este panorama, la decisión de cerrar la pista de manera programada busca precisamente lo contrario a lo que parece: evitar cierres impredecibles que serían aún más costosos y disruptivos.
Un operativo logístico sin precedentes en la región
El impacto del parate será significativo. Aproximadamente 900 vuelos serán afectados durante las 55 horas de clausura, distribuidos en 600 operaciones de cabotaje y 300 internacionales. Para absorber este flujo, Aeropuertos Argentina coordinó con anticipación a las autoridades aeronáuticas y las compañías aéreas un plan de derivación hacia el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, ubicado en la provincia de Buenos Aires. Los servicios internacionales serán trasladados completamente a esa terminal, mientras que los vuelos domésticos se distribuirán entre Ezeiza y permanencias en Aeroparque según la decisión de cada línea aérea, con posibilidad de absorber hasta el 50% de la demanda doméstica en la terminal alternativa.
Lo desafiante de este operativo radica en la concentración temporal del impacto. Durante menos de tres días, el aeropuerto de Ezeiza deberá procesar un volumen extraordinario de movimientos, tanto en sus áreas de arribos como de partidas. Las terminales de check-in, los mostradores de atención al público, los puestos de control migratorio y las salas de espera enfrentarán una demanda nunca vista en un período tan breve. Aunque la infraestructura de Ezeiza posee capacidad técnica para absorber este incremento, el estrés operacional será intenso. Las aerolíneas ya trabajan en diseñar esquemas de contingencia que incluyen reprogramaciones, coordinación con otras terminales y, en algunos casos, la cancelación de vuelos que no puedan ser reubicados. Este desafío logístico adquiere dimensión histórica si se considera que ningún evento anterior de esta magnitud se había coordinado de manera tan comprimida en el sistema aeroportuario metropolitano.
Trabajos que van más allá de reparaciones menores
Las tareas que se ejecutarán durante el cierre no son simples retoque de superficies. El plan incluye reparación y sellado de juntas y fisuras, que es fundamental para extender la vida útil de la estructura de hormigón y prevenir infiltraciones de agua que debilitan la base. Se llevará adelante un proceso de descontaminado y demarcación de la superficie, eliminando residuos químicos acumulados por años de operación y renovando las señalizaciones visuales que guían a las aeronaves durante aterrizajes y despegues. Además, se incluye mantenimiento y ajuste del sistema de balizamiento, ese conjunto de luces especializadas que permite a los pilotos identificar los límites de la pista, especialmente en condiciones de visibilidad reducida o durante operaciones nocturnas. Este sistema es crítico para la seguridad aeroportuaria y su funcionamiento deficiente puede derivar en incidentes graves.
La decisión de concentrar estos trabajos en un cierre programado responde a experiencias negativas del pasado. Hace apenas algunos meses, un desprendimiento espontáneo de asfalto obligó a clausurar la pista de emergencia durante tres horas, lo que provocó caos operacional, cancelaciones en cascada y afectación de miles de pasajeros sin previo aviso. Este tipo de contingencias son más disruptivas y costosas que una clausura planificada con semanas de anticipación. Cuando se cierran las pistas de manera imprevista, las aerolíneas no tienen tiempo de reorganizar sus operaciones, los pasajeros quedan varados sin alternativas claras, y la reputación de la terminal se ve comprometida. En contraste, un parate programado permite movilizar recursos de manera coordinada, comunicar cambios con tiempo y ejecutar trabajos sin presión.
Transformación integral más allá de la pista
Sin embargo, la intervención en la pista de aterrizaje es apenas el inicio de una metamorfosis mayor. El plan de inversión de Aeropuertos Argentina contempla la ampliación de más de 13.000 metros cuadrados en los sectores de preembarque nacional e internacional, una expansión destinada a descongestionar áreas que actualmente operan al borde de su capacidad durante las horas pico. Las nuevas estructuras incluirán mayor cantidad de mostradores de check-in con tecnología renovada, puestos de control más eficientes y pasillos de circulación ampliados que reduzcan los embotellamientos característicos de las mañanas y tardes de mayor movimiento.
La renovación tecnológica de los puestos de control migratorio y de seguridad aeroportuaria también es protagonista en esta transformación. La Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Dirección Nacional de Migraciones contarán con instalaciones mejoradas que agilicen el procesamiento de pasajeros en tiempos de congestión. Se prevé la implementación de un nuevo núcleo de arribos y partidas remotas, una solución de ingeniería que permite flexibilizar las conexiones entre vuelos sin saturar los pasillos principales, fundamental para pasajeros en tránsito que deben cambiar de aeronave rápidamente. La experiencia del usuario también será mejorada mediante la incorporación de la sala VIP Amae Lounge en el sector doméstico y un espacio exclusivo con vista al Río de la Plata en el área internacional, iniciativas que buscan posicionar a Aeroparque en línea con estándares globales de confort. La visión de la administración es convertir las áreas de espera pasiva en centros de servicios y entretenimiento donde la comodidad sea un valor agregado tanto para viajeros corporativos como para turistas.
Ezeiza afronta su propio desafío de mantenimiento
Mientras Aeroparque se prepara para su parate de agosto, el panorama en Ezeiza no es menos complejo. Aeropuertos Argentina y el ORSNA presentaron un plan estratégico para el Aeropuerto Internacional de Ezeiza que contempla desembolso superior a los US$ 100 millones y que también incluye obras e inutilización temporal de pistas. La etapa crítica de estos trabajos se concentrará entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre, período durante el cual Ezeiza operará de manera severamente limitada. La complicación es que la pista secundaria quedará inhabilitada, canalizando toda la actividad a través de la pista principal, que además sufrirá una reducción temporal de su longitud útil, pasando de los 3.300 metros habituales a tan solo 1.850 metros.
Esta drástica disminución en la superficie disponible plantea restricciones severas para el movimiento de aeronaves. Los despegues con carga completa se vuelven imposibles para aviones de gran porte, lo que obliga a esquemas de operación excepcionales. Grandes líneas aéreas como Emirates y Air Canada han comenzado a anunciar que finalizarán sus rutas habituales a Buenos Aires en Brasil, evitando llegar a Ezeiza bajo estas condiciones. Otras compañías como Iberia y American Airlines reducirán sus frecuencias e incorporarán escalas técnicas en Montevideo o Río de Janeiro para reabastecimiento de combustible, puesto que no pueden despegar con carga completa desde una pista que se reduce casi a la mitad de su extensión. El impacto en la conectividad internacional de la Argentina será palpable durante esos meses.
Lo que emerge de este escenario dual es que tanto Aeroparque como Ezeiza se encuentran en una encrucijada donde la mantención postergada de años requiere intervenciones urgentes que inevitablemente afectarán la operación. Las dos terminales aeroportuarias de mayor relevancia en la región enfrentarán períodos de restricción operacional en menos de tres meses, lo que plantea interrogantes sobre cómo el sistema absorbará esas limitaciones. Las aerolíneas deberán optimizar sus operaciones, los pasajeros experimentarán cambios en sus itinerarios, y la competencia entre aeropuertos de la región podría intensificarse. Sin embargo, estas intervenciones responden a una necesidad estructural ineludible: mantener la infraestructura en condiciones que garanticen seguridad operacional y servicios de calidad en el mediano y largo plazo. Los costos de no actuar hoy serían exponencialmente mayores que los desafíos logísticos que estos cierres programados generarán en el corto plazo.



