El cierre de Will Der SA representa mucho más que la desaparición de dos establecimientos fabriles en el conurbano bonaerense. El suceso pone de manifiesto las tensiones profundas que atraviesan el sector textil argentino y, simultáneamente, expone cómo la crisis económica termina expresándose en momentos de comunicación cara a cara entre empresarios y empleados, donde los números se transforman en lágrimas y las decisiones estructurales se convierten en interpelaciones políticas. La firma, que durante décadas confeccionó prendas deportivas para clientes de envergadura mundial, cerró sus puertas en General Pacheco y Las Flores con un saldo de 120 despidos. Pero lo que ocurrió allí trasciende los datos laborales: fue un encuentro entre la fragilidad de un modelo productivo y la angustia de quienes quedan afuera.
La magnitud del cierre y sus implicancias inmediatas
El desmantelamiento de estas dos plantas significó la desvinculación de 90 trabajadores en General Pacheco y otros 30 en Las Flores. No se trata de despidos aislados o de una reducción de dotación: fue un cierre total de operaciones. Will Der SA fabricaba indumentaria deportiva para marcas de alcance internacional como Adidas, Puma, Lacoste, Fila, Salomon, New Balance y Macron, lo que demuestra que la crisis no afecta únicamente a empresas de menor escala o con dificultades previas de gestión. Las plantas cerradas contaban con tecnología y experiencia acumulada en un rubro altamente especializado. La decisión de bajar definitivamente las persianas refleja un contexto donde incluso los proveedores de grandes corporaciones encuentran insostenible mantener la actividad. Los dueños atribuyeron el colapso a tres factores convergentes: la caída de pedidos, la contracción del consumo interno y el incremento sostenido de importaciones que desplaza la producción local.
El timing del cierre agrega una dimensión adicional al análisis. La comunicación de la decisión a los trabajadores ocurrió de forma presencial, generando una escena que quedaría registrada en audios difundidos posteriormente por redes sociales. Este aspecto no es menor: en tiempos de comunicaciones digitales, que los empresarios hayan optado por la comunicación directa sugiere una intención de humanizar lo inevitable, aunque el resultado haya sido todo lo contrario. Los empleados no recibieron un correo corporativo ni un comunicado institucional, sino que escucharon las razones del cierre de boca de sus propios accionistas, quienes a su vez se quebraron emocionalmente durante el anuncio.
Las voces de los dueños: entre la economía y la política
Santiago "Tati" Phelan, exjugador de Los Pumas y exentrenador del seleccionado argentino de rugby, fungía como accionista de Will Der. Durante la comunicación del cierre a los empleados, Phelan explicó la concatenación de eventos que llevó al colapso operativo. Su análisis se centró en factores que escapan al control empresarial directo: "Mucho de lo importado que está reemplazando a lo nacional y mucho de lo que no consumen las marcas y no hay reposición, todo eso nos mata", expuso ante los trabajadores. Más allá de esta descripción diagnóstica, Phelan también revelló el periplo de tentativas de supervivencia que la empresa atravesó en los últimos tiempos. Recurrieron a financiamiento externo para afrontar obligaciones salariales. "Para pagar el aguinaldo tomamos créditos, cambiamos cheques, pagamos en descubierto, pero el aguinaldo llegó", relató, intentando transmitir que cada peso destinado a los trabajadores requería maniobras financieras cada vez más complejas. Este tipo de narrativa, aunque busca explicar las limitaciones objetivas de la firma, también ilustra cómo las empresas manufactureras llegan al punto de quiebre: no por decisiones puntuales de mala gestión, sino por el agotamiento paulatino de los márgenes operativos.
Su socio, Armando Anasal, volvió a expresarse durante el mismo encuentro, pero su intervención adquirió tonalidades distintas. Anasal llevaba cinco décadas vinculado al sector textil. Cuando anunció el cierre, la emoción lo desbordó. "En diciembre cumplo 50 años en este rubro. Son 50 años tirados a la basura porque no puedo llegar a nada", manifestó entre sollozos. La expresión "tirados a la basura" no debe leerse como una frase menor. Sintetiza la experiencia de una trayectoria profesional que, independientemente de los esfuerzos realizados, termina en un callejón sin salida. Anasal fue más allá de la lógica meramente empresarial: vinculó el cierre con decisiones de orden macroeconómico. "La política digita nuestras vidas", afirmó, cuestionando las políticas económicas de apertura de importaciones implementadas por el Gobierno nacional. Luego, dirigiéndose a los trabajadores presentes, interpelÓ directamente su responsabilidad electoral: "Seguro entre ustedes hay 50 que lo votaron. Solo les pido que piensen la próxima vez que voten, porque la vida es política".
La encrucijada laboral y los desafíos de reinserción
La desvinculación de 120 empleados ocurre en un contexto donde el mercado laboral argentino experimenta presiones significativas. Los empresarios de Will Der advirtieron a los trabajadores que no podrían garantizar el pago inmediato de la totalidad de las indemnizaciones correspondientes. Plantearon realizar las liquidaciones de forma progresiva, conforme las posibilidades financieras de la compañía lo permitieran. Para los empleados despedidos, esta situación compone un escenario particularmente adverso: no solo pierden sus empleos, sino que enfrentan incertidumbre respecto a los montos que percibirán como indemnización y, simultáneamente, deben reingresar a un mercado laboral que se contrae.
Los datos macroeconómicos confirman esta tendencia. Durante el último trimestre de 2025, el empleo formal registrado cayó en aproximadamente 50.000 puestos de trabajo, lo que representa una reducción del 0,8% respecto al trimestre anterior. En ese mismo período, la cantidad de empresas empleadoras se redujo en alrededor de 6.200 firmas, equivalente a una caída del 1,1%. Más específicamente, un análisis de la Secretaría de Trabajo relevó que casi una de cada seis empresas (16,9%) redujo su dotación de personal, mientras que una proporción menor (3,7%) directamente cesó sus operaciones con personal registrado. Will Der forma parte de este último grupo, pero su magnitud y perfil sectorial lo destacan dentro del universo de cierres. No es una pequeña empresa de servicios que se retrae: es un fabricante que operaba a escala con clientes multinacionales.
El sector textil en perspectiva histórica
La industria textil argentina mantiene una relación compleja con la historia económica nacional. Ha sido durante décadas un sector dinámico, empleador de grandes contingentes de trabajadores y expresión de la capacidad productiva interna. Sin embargo, desde hace años experimenta ciclos recurrentes de crisis, despidos y reestructuraciones. El caso de Will Der no es aislado ni extraordinario en su tipología: representa más bien el patrón predominante en la rama. Lo distintivo en este caso reside en la visibilidad adquirida a través de los audios difundidos, que pusieron al descubierto emociones y cuestionamientos que normalmente quedan contenidos en espacios cerrados.
El relevamiento de Fundar proyecta dimensiones más amplias del fenómeno. Desde diciembre de 2023 hasta el momento, cerraron 30.633 empresas en Argentina, cifra equivalente a una caída del 6% respecto al universo empresarial existente al inicio de la actual gestión gubernamental. Estos datos sugieren que estamos ante un proceso de contracción no limitado al textil, sino que afecta amplios segmentos de la estructura productiva nacional. Will Der es una microexpresión de un fenómeno macroeconómico más vasto.
Política económica, industria y la pregunta por el modelo
Las afirmaciones de Anasal respecto a las políticas de apertura de importaciones adquieren relevancia en este contexto. El actual gobierno ha privilegiado una estrategia de apertura comercial y reducción de barreras arancelarias como mecanismo para contener la inflación y atraer inversiones. Desde la perspectiva de empresarios como los de Will Der, esta política genera un efecto contradictorio: mientras que en teoría la apertura beneficia al consumidor final mediante menores precios, en la práctica expone a fabricantes locales a una competencia que muchas veces resulta insostenible. Las prendas importadas, producidas en países con menores costos laborales y estructuras productivas consolidadas, desplazan gradualmente a la producción nacional. Los pedidos que Will Der hubiera esperado recibir se canalizan hacia proveedores externos, y las marcas internacionales encuentran más económico importar que producir localmente.
La interpelación política de Anasal hacia los trabajadores adquiere entonces una dimensión de crítica al modelo. No se trata únicamente de una descarga emocional de un empresario quebrantado, sino de una señalización respecto a cómo las decisiones de política económica generan consecuencias distributivas concretas. Al pedirles que "piensen la próxima vez que voten", Anasal está sugiriendo que la política económica adoptada ha tenido efectos adversos para el sector que nucleaba y para los empleos que generaba. Independientemente de cómo se evalúen las bondades o limitaciones de una estrategia de apertura, los hechos indican que los sectores manufactureros intensivos en mano de obra han experimentado presión significativa bajo este modelo.
Consecuencias y escenarios futuros
El cierre de Will Der plantea interrogantes sobre múltiples planos. En lo inmediato, los 120 trabajadores despedidos enfrentan la necesidad de reinserción laboral en contextos de contracción empleo. Las indemnizaciones inciertas complican aún más esta situación. Para el sector textil argentino, el evento refuerza tendencias visibles desde hace años: la incapacidad de mantener competitividad en segmentos donde la mano de obra es un factor decisivo de costos. Las grandes cadenas de valor global han reconfigurado sus geografías productivas, y Argentina ha quedado progresivamente excluida de esos circuitos. La pregunta sobre si esto es reversible, o si representa un punto de no retorno, permanece abierta y divide opiniones entre especialistas y analistas. Algunos argumentan que la apertura comercial es transitoria y que eventualmente emergerán nichos de diferenciación para productores locales. Otros sostienen que la desindustrialización parcial es un costo inevitable de las políticas de estabilización macroeconómica. Lo cierto es que mientras se desarrollan esos debates de nivel agregado, empresas como Will Der cierran sus puertas y sus trabajadores quedan en el terreno.



