A solo horas de iniciarse el octavo mes del año, la política de contención cambiaria ejecutada por la autoridad monetaria durante julio no solo se mantiene vigente sino que se refuerza con mayor intensidad operativa. El escenario que caracterizó al mes saliente —presión sobre el peso y necesidad de intervenir para evitar saltos en el tipo de cambio— persiste sin tregua en los primeros compases de agosto, pero ahora con un giro significativo en las dinámicas del mercado de deuda soberana, que comienza a mostrar signos de recuperación después de semanas turbulentas. Lo que cambia es la magnitud del esfuerzo oficial: mientras la autoridad monetaria que encabeza Santiago Bausili busca establecer y sostener un piso de contención, los inversores que volvieron a posicionarse en títulos en dólares parecieran estar reevaluando sus perspectivas sobre la economía argentina.

Durante la jornada de apertura del mes, la cotización del dólar en el mercado minorista avanzó cinco pesos para cerrarse en $1.515, lo que podría interpretarse como una continuidad en los movimientos de los últimos días de julio. No obstante, detrás de esa cifra se desplegó un operativo de sofisticación considerable. En el segmento mayorista —el que utilizan bancos y grandes empresas— se registró el movimiento de apenas poco más de US$ 500 millones, un volumen relativamente moderado en términos de lo que suele circular en una jornada normal. Pero dentro de ese volumen, la presencia de la autoridad monetaria fue determinante y omnipresente. Los analistas y operadores que participan en estas transacciones detectaron una estrategia que se ha ido consolidando a lo largo de los últimos días: la venta sostenida de divisas para evitar que la cotización mayorista traspase la barrera de los $1.500, considerada por el equipo económico como el nivel máximo tolerable.

La opacidad de las operaciones y el juego de atribuciones

Uno de los aspectos más complejos de analizar en el accionar de la autoridad monetaria es la dificultad para determinar con precisión de dónde provienen exactamente los dólares que se venden en el mercado. El organismo ha adoptado la práctica de atribuir parte de estas operaciones al Tesoro Nacional en vez de reconocerlas como propias, lo que genera un escenario de información nebulosa para los operadores. Al cierre de esta jornada de agosto, el Banco Central informó haber cerrado con un saldo positivo de US$ 18 millones, resultado de sus intervenciones. Esto significaría que en simultáneo realiza compras en bloque mientras vende en el mercado de contado, un movimiento que le permite acumular reservas de una manera menos visible pero también menos efectiva que si simplemente comprara de manera sostenida. Este juego de atribuciones entre el Central y el Tesoro genera confusión genuina entre quienes operan en estos mercados, quienes ni siquiera pueden estar seguros de si la autoridad monetaria está agotando las reservas que acumuló durante el primer semestre del año o si está simplemente reasignando dólares entre distintos compartimentos del sector público.

La acumulación total de divisas que registra el Banco Central desde el comienzo del año alcanza los US$ 13.345 millones, un número que contrasta fuertemente con el comportamiento de los últimos siete días. Hasta el martes pasado, la institución que preside Bausili había completado una racha ininterrumpida de 135 jornadas de compra neta, una secuencia de compras que resultó prácticamente sin precedentes en magnitud. Pero esa tendencia se quiebra abruptamente, y lo que sucede a partir de entonces es un cambio de humor que genera múltiples interpretaciones. Durante la última semana completa de julio, las compras del Central sumaron US$ 226 millones distribuidos entre cinco jornadas hábiles, lo que arroja un promedio diario de US$ 45 millones. Comparativamente, la semana previa había mostrado un ritmo promedio de US$ 98 millones diarios, aunque ese número se encontraba distorsionado por un pico anómalo registrado el viernes 24. Cuando se contempla que durante ese mismo período el Tesoro realizó ventas de divisas por US$ 146 millones, el balance neto real de la semana se reduce significativamente a apenas US$ 80 millones, trasladando el promedio diario a apenas US$ 16 millones, una fracción mínima del ritmo que caracterizó a las semanas previas.

El mercado de futuros como extensión de la batalla cambiaria

Un fenómeno adicional que los operadores detectaron durante esta jornada de apertura de agosto es la aplicación de presión oficial también en el segmento de contratos de futuros, una dimensión del mercado que suele estar menos visibilizada pero que resulta fundamental para la formación de expectativas sobre dónde irá el tipo de cambio en los próximos meses. Mientras la cotización spot —es decir, la del mercado de contado— experimentaba un ascenso respecto del viernes anterior, los precios de los futuros registraban un movimiento inverso: una caída que desafía la lógica de mercado bajo condiciones normales. Este desacoplamiento es interpretado por los analistas como evidencia de que la autoridad monetaria no solo está defendiendo la cotización actual sino que está marcando también la trayectoria esperada para el futuro próximo, buscando anclar las expectativas de inflación y de depreciación. La sensación generalizada entre los operadores es que el Banco Central ha decidido extender su presencia restrictiva a todos los segmentos simultáneamente, multiplicando así los puntos de contacto donde se despliega la defensa del nivel de $1.500.

Más allá de los movimientos puntuales del dólar mayorista, lo que comienza a ocurrir en el mercado de deuda soberana sugiere un viraje en el humor de los inversores respecto de los títulos argentinos. Los bonos denominados en dólares iniciaron agosto registrando ganancias de hasta 0,9%, un movimiento que podría parecer modesto pero que adquiere relevancia cuando se lo coloca en perspectiva con la volatilidad que caracterizó a julio. Como resultado de estos movimientos al alza, el indicador de riesgo país elaborado por la banca JP Morgan descendió más de 4% para ubicarse en 411 puntos, el nivel más bajo registrado en las últimas tres semanas. Este retroceso es particularmente significativo cuando se considera que el indicador había alcanzado máximos de vulnerabilidad durante el mes anterior, superando los 430 puntos en el cierre de julio y llegando apenas a rozar brevemente los 400 puntos en la primera quincena de ese mismo mes. La volatilidad que caracterizó al mes que acaba de cerrarse dejó a los bonos de mayor plazo —aquellos con mayor sensibilidad a cambios en las tasas de interés y en las perspectivas de largo plazo— con pérdidas acumuladas cercanas a 0,8%, mientras que los instrumentos de corto plazo lograron apenas rendimientos positivos cercanos a 0,3%.

La dinámica observada al cierre de julio y en la apertura de agosto plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la estrategia de contención cambiaria que viene ejecutando la autoridad monetaria. Por una parte, el cambio de tendencia en las compras netas de divisas —con una caída abrupta en los volúmenes operados— podría interpretarse como señal de que las reservas disponibles están siendo administradas con mayor cautela, o bien como indicativo de que la política se está reorientando hacia mecanismos alternativos de contención. Por otra parte, la recuperación incipiente en el mercado de bonos sugiere que los inversores internacionales podrían estar viendo una ventana de oportunidad luego de semanas de presión sobre el precio de estos instrumentos. Las implicancias de estos movimientos serán objeto de evaluación en las próximas semanas: si la autoridad monetaria logra sostener el nivel de contención sin agotar sus reservas, podría consolidarse un escenario de mayor estabilidad; si por el contrario la presión sobre el peso persiste y obliga a intervenciones cada vez mayores, podría evidenciarse una situación de fragilidad subyacente en los equilibrios macroeconómicos.