Un respaldo público al rumbo económico del gobierno nacional, pero con matices que revelan las tensiones internas del sector más tradicional de la producción argentina. Así se puede sintetizar lo que ocurrió durante el almuerzo que el Rotary Club organizó en el corazón porteño para honrar a Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, en momentos donde esa histórica institución —que celebra 160 años de trayectoria— atraviesa enfrentamientos políticos que podrían definir su futuro institucional. El mensaje fue claro aunque contradictorio: avanzar sin quejarse, pero sin dejar de exigir cambios estructurales que, hasta hace poco tiempo, parecían imposibles de conseguir en la arena política nacional.
El escenario elegido para este acto no fue casual. El hotel Libertador se convirtió en epicentro de un encuentro que congregó a empresarios, ejecutivos bancarios y productores de las principales explotaciones agropecuarias del país. La decoración fue pensada como un tributo a la identidad rural: empanadas criollas, locro regional y vigilante como postre típico marcaron un menú que buscaba anclar el evento en las tradiciones del sector. Incluso la banda musical del Regimiento de Patricios estuvo presente para interpretar el Himno Nacional y la Marcha de Las Camelias, como parte de una coreografía que pretendía elevar el acto a la categoría de festejo institucional. Todo esto mientras la Bolsa de Comercio, otra de las instituciones más longevas del país con 170 años, también transitaba sus propios procesos de celebración.
La defensa implícita de una gestión cuestionada
Lo más revelador del discurso de Pino fue precisamente aquello que no esperaban escuchar muchos de los presentes. Minutos antes de su alocución principal, el presidente de la Rural confesó haber visitado por la mañana las oficinas de YPF en Puerto Madero, donde se reunió con Horacio Marín, CEO de la petrolera estatal. Y allí soltó una frase que funcionó como termómetro de su posicionamiento político: "Siento un enorme orgullo como argentino por YPF y también por Aerolíneas, por haberrecuperado esas empresas". El matiz es sustancial si se considera que el actual presidente de la Nación había prometido, en plena campaña electoral, la privatización de ambas compañías. Pino, cuya afinidad con el proyecto político oficialista es conocida en los círculos empresariales, eligió no enfatizar ese contraste y en cambio exaltó el rescate de estas firmas como logros nacionales. Una postura que buscaba, probablemente, desactivar críticas de quienes dentro de su propio espacio demandan medidas más radicales en materia de privatizaciones y desmantelamiento del Estado empresario.
Cuando la periodista Clara Mariño lo interrogó sobre su satisfacción respecto del actual tipo de cambio —una de las variables más sensibles para el agro, que depende de la rentabilidad que el peso brinde a sus exportaciones—, Pino respondió con la prudencia característica de quien intenta equilibrar expectativas. "Nosotros queremos un tipo de cambio lógico, no pedimos nada raro", expresó, para luego rememorar que la brecha entre el dólar oficial y paralelo "supo llegar al 200%, y fue nefasto". Su apelación a la "unificación" como objetivo central revelaba el espíritu pragmático de alguien que, lejos de demandar una devaluación abrupta, busca previsibilidad y reglas estables. Una postura que contrasta con las presiones de otros sectores del agro que mantienen demandas más maximalistas respecto de la política cambiaria.
La grieta interna que marcará a la institución
Sin embargo, el evento también puso sobre la mesa la puja interna que define el futuro de la Sociedad Rural. Marcos Pereda, actual vicepresidente de la institución, compite contra Pino en las próximas elecciones y ha adoptado una postura radicalmente diferente respecto de las políticas oficiales. Donde Pino busca el consenso y la cercanía con el gobierno, Pereda reclama posiciones más duras, particularmente en relación a la baja de impuestos para el sector. Cuando se le preguntó sobre esta tensión interna, Pino no se anduvo con vueltas: "Es bueno que un socio de la Rural tenga aspiraciones a ser presidente, y que haya puja. Ahora, que el actual vicepresidente haga campaña en contra del presidente y de su comisión directiva, de la cual él es parte, no es correcto". El reproche funciona como indicador de una ruptura que se profundizará hacia adelante, especialmente considerando que Pereda ha señalado públicamente que la institución vive un proceso de "degradación".
Las retenciones a las exportaciones agrícolas emergieron como el gran ausente reclamado. Pino admitió durante su intervención que había recibido comunicaciones escritas en mayúsculas pidiéndole que no olvidara exigir "la eliminación de las retenciones". Y cumplió con el mandato: caracterizó ese gravamen como "el impuesto más nocivo" y aseveró que "lo único que genera es que no se invierta". Para graficar su preocupación, acudió a una comparación histórica: en los años 70, Brasil y Argentina poseían aproximadamente la misma cantidad de cabezas de ganado. Hoy, Brasil triplica la cifra argentina, mientras que el país mantiene alrededor de 50 millones de cabezas de bovinos. Este estancamiento, según Pino, es consecuencia directa de decisiones gubernamentales que "lo único que hacían era poner palos en la rueda" del desarrollo productivo. También señaló a los Ingresos Brutos como otro impuesto lesivo para el sector, una carga que incrementa el famoso "costo argentino".
Pino enfatizó, en múltiples ocasiones, la necesidad de construir confianza como base para cualquier crecimiento económico. "No hay inversión sin confianza, no hay crecimiento sin confianza, no hay comunidad sin confianza. La confianza no nace de un discurso, se construye todos los días", señaló, en una reflexión que apuntaba menos a políticas puntuales y más a un cambio de mentalidad sistémico. Su discurso inicial abordó el legado que cada profesional deja a la sociedad: un médico deja salud, un maestro conocimiento, un ingeniero obras. Desde la perspectiva de Pino, el productor agrícola "deja muchas oportunidades" y genera comunidades que pueden crecer alrededor de cada emprendimiento. Esta narrativa buscaba elevar el debate por encima de demandas puntuales de política fiscal y colocarlo en el terreno de la responsabilidad social y el bien común.
Infraestructura y gobernanza como palancas de transformación
Más allá de las retenciones, Pino insistió en que las verdaderas transformaciones requieren de reglas claras y justas, acompañadas de una mejora sustancial en la infraestructura productiva. Mencionó específicamente iniciativas como la reactivación de Belgrano Cargas y la Hidrovía como ejemplos de proyectos en marcha que podrían contribuir a reducir el "costo argentino", ese fantasma que persigue a los productores locales frente a competidores internacionales. También criticó la proliferación de impuestos en distintos niveles: nacionales, provinciales y municipales, siendo particularmente ácido respecto de las tasas municipales por servicios que "el intendente cobra sin brindar". Este tipo de carga, según su perspectiva, perpetúa un sistema de ineficiencia que desalienta la inversión productiva.
Es importante notar que Pino intentó, deliberadamente, no profundizar en la supuesta grieta que existe entre quienes priorizan el agro ("la vaca viva") y quienes apuestan por minería y energía ("la vaca muerta"). En su intervención, señaló que "nadie sale solo" y que el trabajo conjunto entre sectores es fundamental para lograr avances estructurales. Esta postura refleja una estrategia de consenso que, a diferencia de la confrontación que suele caracterizar a Pereda, busca articular intereses diversos dentro de un marco de colaboración. Al cierre del evento, cuando llegó la hora de brindar por el 9 de Julio, Pino pronunció un discurso que condensaba su filosofía: "Se construye cumpliendo la palabra, respetando las instituciones, trabajando con honestidad y asumiendo responsabilidades. Exige ciudadanos comprometidos, empresarios responsables, dirigentes con visión, instituciones fuertes y una sociedad que vuelva a creer en sí misma".
Lo que suceda en los próximos meses, cuando se celebren las elecciones de la Sociedad Rural, tendrá implicancias que trascienden los límites de esa institución. Por un lado, una eventual reelección de Pino profundizaría la alianza entre el agro y la gestión económica actual, con todo lo que ello implica en términos de negociación de políticas tributarias y cambiarias. Por otro lado, si Pereda llegara a ganar, probablemente se abriría un período de mayor confrontación con el gobierno, con demandas más radicales en materia de retenciones y una revisión de las políticas que Pino ha validado implícitamente. La muestra de Palermo, que tradicionalmente se utiliza como espacio de expresión de las aspiraciones del sector, podría convertirse en arena de estas disputas internas. Lo cierto es que la composición del campo argentino está en transición: ya no existe un bloque monolítico, sino múltiples visiones sobre cómo maximizar la rentabilidad y la sustentabilidad de una actividad que históricamente ha sido motor de la economía nacional.



