La brecha entre lo que desearía ocurrir en materia económica y lo que efectivamente sucede en los números reales quedó expuesta este viernes en un encuentro que reunió a los máximos referentes de la política monetaria nacional con el establishment empresarial cuyana. Un crecimiento anual del 2%, muy por debajo de las ambiciones declaradas, constituye la realidad que debe procesarse en las mesas de decisión. Este reconocimiento público tiene importancia porque marca distancia con ciertos relatos optimistas y porque, en economía, la aceptación del diagnóstico es el punto de partida para plantear soluciones viables. Lo que cambió en este encuentro es que dejó al descubierto una verdad incómoda: después de casi dos años de gestión y profundos cambios de política económica, el motor de la producción sigue funcionando a revoluciones muy bajas.

Cuando se habla de recuperación macroeconómica en contextos como el argentino, usualmente se hace referencia a variables como inflación, reservas y déficit fiscal. En esta oportunidad, los funcionarios del Banco Central enfatizaron precisamente estos indicadores como logros alcanzados. Las reservas internacionales se ubicaron cerca de los 50 mil millones de dólares, cifra que representa una acumulación significativa después de años de crisis cambiaria. La inflación mensual de julio se posicionó en 2,1%, manteniéndose dentro de los parámetros que las autoridades consideran aceptables. El balance de la institución fue objeto de saneamiento, eliminándose los pasivos remunerados que habían sido un drenaje permanente de recursos. Estos logros, sin embargo, no se traducen automáticamente en una aceleración visible de la actividad productiva, y esa desconexión es precisamente lo que genera tensión en los empresarios mendocinos que permanentemente deben tomar decisiones sobre inversión y empleo.

El fantasma del miedo económico en las decisiones empresariales

Uno de los diagnósticos más perspicaces del encuentro giró en torno a algo que no aparece en los gráficos convencionales de análisis económico: el estado psicológico de los actores. La referencia al "estrés postraumático" como factor dominante en las decisiones de inversión resulta particularmente reveladora cuando se analiza el contexto histórico argentino. Durante las últimas dos décadas, el país experimentó ciclos alternados de bonanza y crisis, con efectos devastadores en el patrimonio de ahorristas, empresarios y trabajadores. La pesificación de depósitos en dólares en 2002, la inflación descontrolada de 2018-2019, el salto cambiario de 2020 y la crisis de 2023 dejaron secuelas en la confianza de los agentes económicos que no desaparecen simplemente porque los números macro mejoren. Ese miedo manifestado en la renuencia a endeudarse o invertir representa un obstáculo estructural que las tasas de interés o las regulaciones no pueden eliminar completamente. Es la economía del comportamiento chocando contra la economía de manual.

En materia de política crediticia, los funcionarios describieron una paradoja que sintetiza bien los dilemas actuales. El sistema financiero dispone de dólares abundantes por parte de los depositantes, pero los bancos, a pesar de contar con esos recursos, no muestran urgencia por expandir el crédito. Esta realidad responde a múltiples factores: márgenes de rentabilidad que los bancos consideran suficientes con instrumentos seguros, evaluación de riesgo crediticio que sigue siendo restrictiva, y falta de demanda empresarial fuerte que justifique asumir riesgos mayores. La medida de permitir que las instituciones financieras presten el 15% de sus ahorros en dólares a empresas exportadoras con garantías representa un paso, pero reconocidamente "restrictivo" según las propias palabras de los funcionarios. La intención es canalizar el efectivo que se encuentra fuera del sistema financiero —literalmente guardado en colchones— hacia circuitos de inversión productiva. Sin embargo, mientras predomine el miedo, los mecanismos formales de crédito enfrentarán límites naturales en su expansión.

Desregulación y competitividad: los reclamos que no encuentran respuesta completa

Los empresarios cuyana plantearon con claridad cuáles son sus principales preocupaciones operativas: la distorsión en la estructura de tasas de interés que afecta los costos de producción, la presión de la carga impositiva que se perpetúa a pesar de los anuncios de revisión, y la pérdida de competitividad relativa frente a economías vecinas como Brasil, Paraguay y Uruguay. Estos tres factores operan simultáneamente, creando un entorno donde incluso sectores con potencial exportador encuentran dificultades para expandirse. La promesa de desregulación fue reiterada por los funcionarios como la vía para liberar el potencial productivo, pero la experiencia de casi dos años de gestión sugiere que los procesos de desregulación avanzan de manera desigual y encuentran resistencias burocráticas u obstáculos políticos que frenan su implementación completa. La expresión de que "las empresas están mucho más libres, aunque en esa libertad, algunos se pueden ir mucho más fuertes para arriba y otros mucho más fuertes para abajo" refleja una realidad que pocas veces se verbaliza públicamente: la desregulación genera ganadores y perdedores, y esa concentración de oportunidades genera tensiones sociales que eventualmente retroalimentan la inestabilidad política.

El gobernador de Mendoza, quien acompañó al presidente del Banco Central en esta presentación, resaltó logros en el orden macroeconómico y enfatizó la necesidad de consolidarlos. Su apoyo a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que busca dotarlo de mayor autonomía institucional, representa un alineamiento claro con el proyecto nacional en materia de política monetaria. Sin embargo, la agenda que Cornejo planteó—acumulación de reservas, reducción inflacionaria a niveles compatibles con economías normales, saneamiento del balance central, normalización del mercado cambiario—resulta más una descripción de un horizonte deseado que de un camino claramente trazado. La brecha entre esos objetivos y la realidad del 2% de crecimiento anual sigue siendo amplia, lo que sugiere que los mecanismos disponibles están operando a su máxima capacidad sin producir los resultados esperados.

El encuentro en Mendoza funcionó como un espejo de las tensiones que caracterizan el actual momento económico argentino. De un lado, hay logros reales en estabilización macroeconómica que constituyen base necesaria para cualquier recuperación. Del otro lado, hay obstáculos estructurales—el miedo, la falta de demanda de crédito, la pérdida de competitividad, la carga fiscal persistente—que no se resuelven solamente con políticas de estabilización. La admisión de que el crecimiento es "mucho más lento de lo que nos gustaría" es un reconocimiento implícito de que el arsenal de herramientas actualmente desplegadas resulta insuficiente. A medida que se aproxima el escenario electoral de 2027 mencionado en las conversaciones, la pregunta que se abre es si nuevas medidas de desregulación, reforma fiscal o reformas institucionales lograrán romper el círculo de bajo crecimiento que persiste, o si la recuperación requerirá cambios más profundos en la confianza de los agentes económicos, algo que ningún funcionario ni política pública puede decretar unilateralmente sino que debe ser ganado a través de resultados tangibles y consistentes en el tiempo.