La moneda estadounidense inició la semana sin sobresaltos. En las pizarras del Banco Nación, el billete verde se posicionó en $1.535 para la venta y $1.485 para la compra, reproduciendo exactamente los valores con que había cerrado la jornada anterior. Mientras tanto, en los circuitos informales de la City porteña, los operadores lo ofrecían a $1.550, manteniendo una brecha relativamente contenida respecto de la cotización oficial. La estabilidad aparente en el tipo de cambio contrasta, sin embargo, con dinámicas más profundas que están redefiniéndose en los mercados financieros locales y globales, incluyendo decisiones críticas sobre la acumulación de reservas internacionales y negociaciones con organismos multilaterales que marcarán el rumbo económico de los próximos meses.
Dentro del abanico de cotizaciones alternativas, los dólares de liquidación contado con liqui y MEP continuaron traccionando a cotizaciones dispares. El primero culminó la sesión a $1.576, mientras que el segundo cerró a $1.534, cuatro pesos por debajo del viernes anterior. En la madrugada, después de las operaciones locales, ambos registraban leves movimientos al alza: el CCL alcanzaba $1.599,17 y el MEP operaba en $1.535,24. Estos instrumentos, utilizados por inversores que buscan canalizar fondos hacia el exterior, reflejan presiones diferentes a las del mercado oficial y expresan expectativas sobre la capacidad del país de mantener abiertos los canales de dolarización de activos. El dólar cripto, por su parte, se mantuvo prácticamente sin cambios a $1.604,59, en un contexto donde el bitcoin acumulaba ganancias cercanas al 5%, cotizando por encima de los US$ 85 mil.
El colapso en la compra de divisas del Central
El dato más inquietante para quienes siguen la salud de las reservas monetarias surge del comportamiento de las autoridades monetarias durante las primeras tres semanas de septiembre. El Banco Central prácticamente dejó de comprar dólares en el mercado de cambios. Durante ese período, los responsables de administrar los activos externos acumularon apenas US$ 203 millones, una cifra que representa menos de la cuarta parte de lo adquirido en agosto, mes que ya había mostrado un ritmo desacelerado con compras por US$ 770 millones. Para contextualizar esta caída, el promedio histórico durante 2024 había sido significativamente superior. Este cambio de estrategia o esta reducida capacidad de acumulación levanta interrogantes sobre las presiones que enfrenta la tesorería en dólares y las limitaciones operativas para fortalecer las reservas cuando persisten los desequilibrios externos.
El panorama bursátil reflejó turbulencias marcadas por movimientos en economías desarrolladas. Los títulos de deuda argentina más sensibles a cambios en el apetito por riesgo experimentaron bajas notables durante la jornada: el GD46 retrocedió 1,2%, el GD30 bajó 0,7%, mientras que el AE38 y el GD35 cayeron 0,5% cada uno. El indicador de riesgo soberano, el EMBI que calcula JP Morgan, presentó un comportamiento contradictorio: mientras que ciertos reportes lo ubicaban en 533 puntos, otros señalaban una baja de 3 puntos básicos a 521 unidades. Esta volatilidad en las métricas de percepción de riesgo refleja la incertidumbre global tras decisiones de política monetaria en centros financieros clave. La Reserva Federal de Estados Unidos había aumentado su tasa de referencia a comienzos de semana, movida que fue seguida por decisiones del Banco de Japón, que elevó su tasa de política monetaria a 1,25%, el máximo desde 1995.
El euro se mantiene y el régimen fiscal se prorroga
La moneda europea conservó su cotización sin variaciones, manteniéndose en $1.780 para la venta y $1.680 para la compra en la pizarra oficial. Entre los principales bancos privados operantes en el mercado doméstico, la divisa estadounidense se ofrecía dentro de un rango reducido: Santander y BBVA la cotizaban a $1.535 para venta y $1.485 para compra, el ICBC lo hacía a $1.535 y $1.475 respectivamente, mientras que Supervielle la fijaba en $1.542,50 para venta y $1.487,50 para compra. Estos pequeños diferenciales entre entidades responden a dinámicas de liquidez y composición de sus tenencias de divisas. En paralelo, las autoridades tributarias confirmaron una nueva extensión de plazos para que contribuyentes personas físicas y sucesiones indivisas presenten sus declaraciones juradas del Impuesto a las Ganancias correspondientes al ejercicio fiscal 2025. La prórroga llegaba justo cuando vencía el plazo original del 22 de septiembre, en un contexto donde se aguardaba la reglamentación completa de la nueva Ley de Inocencia Fiscal II, que amplía beneficios para quienes blanqueen activos.
La llegada de una nueva misión del Fondo Monetario Internacional a Buenos Aires marca otro momento crítico en la relación institucional con el organismo multilateral. Los técnicos desembarcarían conducidos por Joyce Wong para avanzar en la tercera revisión del acuerdo vigente. Los temas en agenda incluyen el sostenimiento del objetivo de superávit fiscal, la capacidad de acumular reservas internacionales y la viabilidad política de aprobar el Presupuesto para 2027 junto con reformas estructurales que requieren consensos legislativos amplios que involucren tanto a aliados como a bloques de la oposición peronista. Estos diálogos ocurren en un contexto donde la economía argentina enfrenta desafíos de largo plazo que trascienden los equilibrios macroeconómicos inmediatos. En 1965, el producto bruto interno argentino superaba al de Brasil. Actualmente, la economía nacional es más reducida que la del Estado de São Paulo, reducto industrial brasileño. Este declive relativo en tres décadas condensa transformaciones estructurales profundas en la capacidad productiva, diversificación industrial y posicionamiento competitivo global que ningún ajuste coyuntural de precios puede resolver por sí solo.
Las dinámicas de estabilización cambiaria que se observan en el corto plazo coexisten con tensiones subyacentes que permanecen latentes. La brecha reducida entre el dólar oficial y el informal, la relativa quietud en los mercados bursátiles locales y la contención inflacionaria del tipo de cambio no deben ocultar los desafíos sobre los que se construye este equilibrio: la reducida acumulación de reservas, la dependencia de los ingresos de divisas por exportaciones en un contexto de precios internacionales variables, la necesidad de refinanciar deuda externa y la urgencia de aprobar herramientas fiscales y presupuestarias que tengan respaldo legislativo. Los próximos meses determinarán si este equilibrio es sustentable o si las presiones acumuladas terminarán por buscar nuevas vías de expresión.



