La renovación de equipamiento en las empresas argentinas atraviesa un momento de dinamismo inusitado. El financiamiento mediante leasing acumula medio año de expansión sin interrupciones, mostrando cifras que desafían la volatilidad económica del contexto local. Con una cartera que alcanzó $1.062.730 millones a finales de marzo de 2026, el mecanismo de alquiler con opción de compra se consolida como la herramienta preferida para que las compañías modernicen sus operaciones sin desembolsar el capital de una sola vez. Lo que hace significativo este fenómeno no es solo su magnitud, sino quiénes lo impulsan: las pequeñas y medianas empresas tomaron las riendas, posicionando sus demandas por encima de las grandes corporaciones.

Durante los últimos doce meses transcurridos hasta ese cierre de trimestre, se registraron 6.079 operaciones de leasing en distintas modalidades. El crecimiento real anualizado del saldo de cartera alcanzó 25,9%, superando ampliamente al crédito prendario tradicional que avanzó 19,3% en el mismo período. Esta diferencia de casi siete puntos porcentuales sugiere un cambio de preferencias entre los empresarios: muchos optan por esta fórmula flexible en lugar de endeudarse convencionalmente. El sector ha acumulado seis trimestres consecutivos de expansión cuando se ajustan los números por inflación, un logro que refleja tanto recuperación de demanda como una mayor confianza en la continuidad de negocios. Solo en el primer trimestre de este año, las operaciones concretadas generaron 1.044 puestos de trabajo directos, cifra que dimensiona el impacto multiplicador de estas decisiones de inversión empresarial.

El transporte y la logística, motores indiscutibles

No sorprende que el financiamiento destinado a vehículos y equipos de transporte concentre la mayor parte del movimiento. De todas las operaciones efectuadas, 81,5% corresponden a la adquisición de equipamiento de transporte y logística. Este predominio abrumador tiene raíces profundas en la estructura económica argentina: la distribución de mercaderías, el traslado de cargas y la movilidad de bienes son pilares sobre los que se sostienen innumerables cadenas de valor. Las pequeñas empresas de logística, los transportistas autónomos que formalizan sus operaciones y las compañías medianas de distribución encuentran en el leasing una vía práctica para renovar sus flotas envejecidas sin agotar recursos de capital de trabajo.

Más allá del dominante sector logístico, el financiamiento se dispersa en nichos específicos. Equipamiento industrial representa 6% de las operaciones, mientras que maquinaria para construcción también alcanza 6%. Tecnología y telecomunicaciones concentran 2%, y maquinaria agrícola cierra con 1%. Esta diversidad, aunque menor en volumen, refleja cómo el leasing permea distintos sectores productivos. En términos de cartera acumulada, la distribución muestra un panorama ligeramente distinto: transporte y logística incluyendo automóviles concentran 66,1% del saldo total; maquinaria de construcción representa 10,6%; tecnología y telecomunicaciones acumula 10,5%; equipos industriales alcanzan 5,4%; y maquinaria agrícola suma 2,6%. Esta composición revela que los contratos más antiguos y de mayor envergadura están anclados en el transporte, mientras que sectores como tecnología avanzan con operaciones más recientes.

Las pymes toman protagonismo inédito en el financiamiento de equipos

El dato más determinante de esta coyuntura refiere al protagonismo de las pequeñas y medianas empresas en el segmento del leasing. Su participación en el saldo total de cartera trepó hasta 49,3%, un salto dramático respecto al 40,3% que registraban hace apenas tres meses. Esta expansión de casi nueve puntos porcentuales en apenas noventa días posiciona a las pymes en su nivel más alto desde el tercer trimestre de 2023. El fenómeno sugiere que este segmento empresarial, históricamente vulnerable ante restricciones crediticias, encontró en el leasing una alternativa viable para capitalizar equipamiento y modernizar operaciones. La flexibilidad del mecanismo —donde no se requiere desembolsar el valor total del activo de una vez— parece haber resultado atractiva para empresarios que enfrentan limitaciones de liquidez pero poseen proyectos de expansión concretos.

En el universo pyme, The Capita Corporation operando a través de Banco Comafi consolida su liderazgo con una cartera asignada de $137.130 millones, equivalente a 27% del total del segmento. El Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) le sigue con 12%, mientras que Supervielle completa el podio con 10%. En el segmento de grandes empresas, HPE Financial Services comanda con $96.022 millones concentrando 24% del mercado, seguido nuevamente por The Capita Corporation / Banco Comafi con 21% y Supervielle con 13%. En el financiamiento dirigido al sector público, Provincia Leasing domina con $49.507 millones representando 51% de esa cartera, mientras que el Banco de la Provincia de Buenos Aires participa con 18% y Banco Patagonia con 15%. Esta fragmentación entre múltiples actores sugiere un mercado competitivo donde ningún jugador impone condiciones unilaterales.

Para comprender la mecánica de estas operaciones, conviene recordar que el leasing funciona como un contrato tripartita. En una primera etapa, la entidad financiera adquiere el bien específico que el cliente empresario necesita. Seguidamente, el cliente utiliza ese vehículo o máquina durante el período contractual, pagando un canon mensual que funciona como alquiler. Al vencimiento del acuerdo, el empresario enfrenta una decisión: ejercer la opción de compra abonando un valor residual predeterminado, devolverlo a la financiera, o renegociar los términos. Esta estructura, más antigua de lo que muchos suponen en Argentina, ofrece ventajas tributarias y contables que el crédito tradicional no proporciona, además de permitir mayor flexibilidad operativa.

Indicadores de riesgo que tranquilizan a analistas

Entre los datos que generan optimismo en el sector se encuentra la evolución de la morosidad. El promedio de atrasos en los pagos del leasing alcanza apenas 3,5% de la cartera total, cifra que contrasta favorablemente con la tasa de incumplimiento del 5,1% registrada en operaciones de crédito prendario tradicional al sector privado en febrero de 2026. Este diferencial, donde el leasing muestra menor riesgo de mora que sus competidores, apunta a dos conclusiones posibles: primero, que los clientes del leasing podrían tener un perfil de riesgo intrínsecamente menor; segundo, que el mecanismo de garantía implícita —la financiera retiene la propiedad del bien hasta que se complete el pago— funciona como desincentivo más efectivo que las garantías prendarias convencionales. El plazo promedio de las operaciones se sitúa en 39 meses, aproximadamente tres años y medio, lo que sugiere un equilibrio razonable entre la vida útil de los equipos y el período de financiamiento.

Más allá de los números que comunican directivos del sector, la pregunta que surge naturalmente refiere a las causas profundas de esta expansión. En un contexto donde la inflación argentina mantiene volatilidad y la incertidumbre macroeconómica persiste, ¿por qué las empresas invierten en renovación de equipos precisamente ahora? Una respuesta plausible remite a la depreciación de equipamiento durante años de crisis: flotas de transporte envejecidas, máquinas de construcción que requieren reemplazo, computadoras obsoletas. Cuando la estabilidad relativa permite cierto respiro, las empresas se apresuran a modernizar lo que dejaron de mantener. Otra explicación apunta a que el leasing, al no requerir desembolso inicial de capital, se convierte en opción viable cuando el acceso al crédito permanece restrictivo o sus tasas resultan prohibitivas.

La expansión del leasing durante este período tiene implicancias que trascienden lo meramente financiero. Cada operación representa una decisión empresarial de invertir en productividad, de apuntar a crecimiento futuro. Los 1.044 puestos de trabajo generados en solo el primer trimestre de 2026 por operaciones de leasing evidencian que estas herramientas de financiamiento no son meros movimientos contables, sino impulsos concretos para empleo. Las pequeñas empresas que renuevan flotas pueden asumir más volumen de trabajo; los transportistas con camiones modernos reducen costos operativos y pueden competir mejor; las compañías de construcción con maquinaria actualizada ejecutan proyectos con mayor eficiencia. En cadena, estos cambios microeconómicos afectan el dinamismo macroeconómico.

Sin embargo, el cuadro presenta aristas que merecen atención continuada. El hecho de que las pymes concentren casi la mitad de la cartera plantea interrogantes sobre concentración de riesgo: si la economía pyme experimentara un deterioro, ¿qué pasaría con la calidad de esa cartera? La morosidad de 3,5% es baja, pero ¿qué ocurriría si las condiciones se endurecieran? Además, el liderazgo de algunos actores en segmentos específicos —Capita/Comafi en pymes, HPE en grandes empresas— sugiere que determinadas firmas tienen poder de mercado que podría reflejarse en tasas o condiciones menos competitivas para clientes sin alternativas. Por otra parte, la concentración geográfica probable del leasing en empresas del AMBA y grandes ciudades deja abierta la pregunta sobre si esta expansión beneficia equitativamente a regiones de menor dinamismo económico.

Mirando hacia adelante, la trayectoria del leasing en Argentina dependerá de variables macroeconómicas ajenas a las finanzas particulares. Si la inflación se estabiliza y las tasas reales de interés permanecen en niveles relativamente moderados, es probable que la demanda se mantenga o crezca. Si por el contrario surgen nuevas turbulencias cambiarias o crediticias, las empresas podrían pausar planes de inversión y los indicadores de mora podrían deteriorarse. El sector acumula seis trimestres consecutivos de expansión, un récord reciente, pero la historia económica argentina enseña que las rachas no son infinitas. Lo que sí parece consolidado es que el leasing, como herramienta de financiamiento empresarial, ya no es un nicho marginal sino un componente relevante de la arquitectura crediticia nacional, principalmente para empresas pequeñas y medianas que ven en él una puerta viable hacia modernización.