El mapa comercial del negocio de electrodomésticos y electrónica en la Argentina está en plena mutación. Mientras finaliza la primera mitad de 2026, el sector registra un fenómeno que hace poco parecería impensable: el cierre de veinte sucursales en apenas seis meses distribuidas tanto en el área metropolitana bonaerense como en diferentes provincias. Esta ola de desprendimientos no responde a una crisis sectorial desenfrenada, sino a un reposicionamiento estratégico que refleja cambios profundos en la manera en que funciona la distribución minorista en la era digital. Las cadenas están tomando decisiones quirúrgicas, eliminando puntos de venta que, según sus cálculos, representan más peso que beneficio en la ecuación económica actual.
Hace apenas una década, la proliferación de sucursales era el indicador más directo del poder de mercado de una empresa. Mientras más locales tuviera una cadena, mayor era su capacidad de capturar clientes en distintos puntos geográficos y de sostener su presencia como marca. Este modelo de crecimiento horizontal predominó durante los años noventa y dos mil, cuando la compra presencial era prácticamente la única opción disponible. Sin embargo, ese axioma del retail ha perdido vigencia. Hoy, los empresarios reconocen que la cantidad de puntos de venta sigue siendo relevante, pero ha dejado de ser el factor determinante que era. Lo que está ganando centralidad es la optimización de cada ubicación, la rentabilidad específica de cada local, y la capacidad de integrar la experiencia presencial con canales de comercialización que no requieren de costosas infraestructuras físicas.
El peso económico de mantener las puertas abiertas
Los números detrás de la decisión de cerrar locales revelan una realidad incómoda para el sector. Los costos operativos, particularmente los alquileres, han experimentado un incremento sostenido que presiona los márgenes de ganancia, ya de por sí comprimidos en una industria altamente competitiva. A esto se suma un fenómeno que preocupa aún más a los empresarios: la morosidad de los clientes alcanzó el 40 por ciento, según datos de la consultora EcoGo. Cuando casi la mitad de los compradores no paga en término, el flujo de caja se resiente y la rentabilidad se evaporiza. En paralelo, el promedio de precios subió dos por ciento en moneda local durante enero y febrero, lo que compensó una contracción de 1,5 por ciento en unidades vendidas en términos de facturación total, que creció apenas uno por ciento. Este escenario, donde el volumen cae pero los precios suben, sugiere que estamos ante un mercado contraído donde los consumidores compran menos cantidad de productos.
Frávega fue una de las primeras en ejecutar esta estrategia. En noviembre pasado, la cadena cerró tres sucursales con argumentos que ejemplifican la nueva lógica comercial. La sucursal de Pergamino fue desmantelada simplemente porque la empresa decidió no renovar el contrato de alquiler. El local de Temperley desapareció a pesar de tener otro punto de venta apenas a diez cuadras de distancia, lo que hacía innecesaria la duplicación de estructura. El cierre más elocuente fue el de Villa Ballester, donde el volumen de ventas directamente no alcanzaba para cubrir los gastos operativos básicos. Lejos de plantear esto como un retroceso, la dirección de Frávega comunica que la estrategia es precisamente lo opuesto: modernizar los locales que permanecen abiertos, convertirlos en espacios donde el cliente pueda interactuar con los productos antes de comprar, y crear puntos de venta que compitan en experiencia, no en cantidad. Paradójicamente, mientras cierra sucursales poco rentables, la empresa anuncia planes de apertura bajo este nuevo formato.
El cambio de hábitos y la aceleración de lo digital
On City, que en 2024 absorbió doscientas tiendas del Musimundo tras la caída de esa cadena histórica, ha sido aún más agresiva. Hasta el momento de redactar esta nota, la empresa controlada por EM SRL ha clausurado once locales en lo que va de 2026. Entre los cierres más visibles está el de la esquina de Avenida Cabildo y Olazábal, en el barrio de Belgrano, zona de alto flujo peatonal que tradicionalmente fue considerada de gran valor comercial. También bajaron las persianas en otras ubicaciones del área metropolitana: Santa Fe y Callao, Santa Fe y Pueyrredón, el shopping de San Justo, Liniers, Villa del Parque, Quilmes, Parque Chacabuco, Luján, y se extendieron los cierres hasta provincias como Córdoba y Neuquén. La justificación que dieron los ejecutivos de On City marca el rumbo del sector completo: buscan atender "más clientes y mejor, invirtiendo más en el servicio en lugar de en alquileres altos". Esto no es un eufemismo. Significa que prefieren concentrar recursos en menos locales, pero dotarlos de personal capacitado y especializado, antes que mantener una red dispersa de puntos de venta que compiten entre sí por clientes que, cada vez más, resuelven sus compras en línea.
Megatone.net, la otra grande del sector, sigue una estrategia parecida aunque con matices. En Belgrano, el local sobre Avenida Cabildo entre Juramento y Echeverría quedó con su cartel de cierre, ubicado a apenas tres cuadras del On City clausurado en la misma zona. El contrato de alquiler simplemente no fue renovado. En Rosario, la situación fue similar: un local sobre la Peatonal Córdoba cerró debido a los costos de alquiler y la baja afluencia de visitantes, aunque la empresa mantiene dos sucursales más en esa ciudad. Sin embargo, Megatone ejecutó un movimiento diferente en Necochea: en lugar de cerrar, reconvirtió un local de tamaño considerable en un formato más pequeño bajo la marca Megatone Express, con un surtido acotado pero pensado para servir como punto de venta de cercanía. Esta experimentación sugiere que el sector no está simplemente en retracción, sino buscando nuevos modelos de presencia física que se adapten a realidades locales específicas.
Pardo, cadena con larga trayectoria en el mercado de electrodomésticos, dio de baja cuatro sucursales en ciudades del interior: Rafaela y Río Cuarto en Santa Fe y Córdoba respectivamente, General Deheza en Córdoba, y Cipoletti en Río Negro. Los cierres se comunicaron mediante carteles en las vidrieras que indicaban a los clientes cómo continuar pagando sus cuotas y hacia qué sucursales cercanas dirigirse. Este procedimiento, aparentemente administrativo, refleja una realidad importante: las cadenas mantienen relaciones de crédito con sus clientes que trascienden el cierre de un local específico. La infraestructura de cobranza debe continuar funcionando aunque el punto de venta desaparezca.
La aceleración de la compra digital es el factor que articula todos estos movimientos. El comercio electrónico representa entre treinta y cuarenta por ciento del total de ventas del sector, dependiendo de la política comercial de cada empresa. Aunque aún no es mayoritario, crece año tras año y se alinea con los estándares internacionales de distribución de electrodomésticos. El Hot Sale de 2026 fue una demostración clara de esta tendencia. Notebooks, celulares y televisores encabezaron las búsquedas y compras durante ese evento de promoción digital. Los datos cuantitativos fueron elocuentes: televisores registraron 7,3 unidades vendidas por minuto, mayormente de pantallas grandes. Los aires acondicionados y sistemas de calefacción duplicaron sus ventas respecto del período anterior, acompañados por accesorios informáticos y artículos de bazar. En conjunto, una de las principales cadenas reportó que sus ventas en el Hot Sale superaron las expectativas internas y resultaron 22 por ciento superiores respecto del Hot Sale anterior, además de 44 por ciento por encima del Cyber Monday del año pasado. El pico de visitas al sitio web fue histórico. Esta performance online no solo compensó la contracción observada durante enero y febrero, sino que la superó significativamente.
Perspectivas y reconfiguración del negocio
Los analistas del sector señalan que estos movimientos de reconfiguración espacial responden a factores que no desaparecerán a corto plazo. La estructura de costos, especialmente los alquileres, seguirá siendo una presión constante. La morosidad continuará siendo un desafío mientras la economía doméstica presente volatilidad. Y la penetración del comercio electrónico seguirá creciendo, aunque probablemente de forma más moderada a medida que alcance ciertos puntos de saturación en segmentos de mercado específicos. Lo que está emergiendo es un nuevo equilibrio donde la cadena de distribución de electrodomésticos ya no se sostiene exclusivamente en la cantidad de puntos de venta físicos, sino en una combinación sofisticada de presencia estratégica presencial, especialización en el servicio, y robustez en las operaciones digitales. Las empresas que logren integrar estos tres elementos de manera coherente probable tendrán ventajas competitivas. Aquellas que no se adapten enfrentarán presión creciente sobre sus márgenes.
La pregunta que permanece abierta es cuánto más profundo será este reajuste. ¿Llegaremos a un punto de equilibrio donde el número de sucursales se estabilice, o continuará la caída de ubicaciones físicas a medida que la digitalización avance? ¿Las nuevas generaciones de compradores, ya habituadas a resolver transacciones en línea, justificarán mantener la red de locales que aún existe, o presionarán por la desaparición de aún más puntos de venta? El comportamiento del consumidor en los próximos trimestres, combinado con la evolución de los costos operativos, proporcionará las respuestas. Lo que sí es cierto es que el modelo de retail de electrodomésticos de hace diez años es irrecuperable, y el que emerja en 2026 y 2027 será sustancialmente diferente al que conocimos durante el siglo veinte.



