La economía argentina registró en marzo señales de movimiento en dos de sus sectores más sensibles a las fluctuaciones macroeconómicas. Los datos del Indec revelaron que la manufactura y la construcción alcanzaron crecimientos interanuales de 5% y 12,7% respectivamente, interrumpiendo una secuencia de volatilidad que había caracterizado al inicio del año. Sin embargo, detrás de estas cifras positivas se esconden matices que obligan a relativizar el entusiasmo: el primer trimestre cerró con retrocesos, sectores clave desaceleran y los analistas advierten sobre la fragilidad de esta recuperación. Lo que pasó en marzo podría ser apenas un espejismo de mejora en medio de una economía que sigue buscando su rumbo.
El Ministerio de Economía había anticipado públicamente esta mejoría. En el evento Expo EFI, el ministro Luis Caputo comunicó expectativas optimistas sobre el desempeño de estos segmentos, que enfrentaban un proceso de recuperación lento y errático desde hace meses. Los números finales se alinearon con lo predicho por el Gobierno, validando al menos en el corto plazo su lectura de la situación. No obstante, esta alineación entre previsión y resultado no necesariamente garantiza continuidad: históricamente, los rebotes puntuales en la actividad económica argentina no siempre se sostienen en los meses siguientes.
La manufactura: crecimientos selectivos y desiguales
Al desagregar los datos de la industria, emerge un panorama fragmentado. La producción manufacturera creció 5% frente a marzo de 2024, pero en comparación con febrero de este año apenas avanzó 3,2%. La perspectiva trimestral es menos alentadora: el primer cuarto de 2025 presentó una caída de 2,3% versus igual período del año anterior. Si se amplía la mirada histórica, la manufactura sigue 3,2% por debajo de noviembre de 2023, punto que sintetiza el estancamiento relativo del sector pese a los rebotes puntuales. De las dieciséis ramas industriales monitoreadas, diez registraron ganancias interanuales. Las ganancias más significativas provinieron de sectores como tabaco con 28,2%, químicos con 15,9%, refinación de petróleo con 13,5% y madera-papel con 12,8%. Automotriz y autopartes sumaron 7,6%, mientras que alimentos y bebidas, un rubro tradicional de importancia, creció 7,9%.
Pero esta geografía de ganancias tiene su contracara: seis ramas enfrentaron caídas interanuales, algunas de gravedad. Textiles retrocedió 23,3%, metalurgia básica 10,1%, maquinaria y equipo 11,3%, e indumentaria-cuero-calzado 8,9%. Estos descensos no son marginales sino que representan segmentos con capacidad generadora de empleo. La Unión Industrial Argentina había estimado un crecimiento de apenas 3,6% para marzo en términos interanuales, reconociendo que buena parte de esa ganancia respondía simplemente a la comparación contra una base muy deprimida en igual mes del año anterior. La entidad proyectaba una caída trimestral de 2,7%, cifra que finalmente resultó menos negativa en los datos del Indec pero que reitera la debilidad acumulada en el período.
Construcción: recuperación sobre cimientos débiles
El sector construcción mostró un dinamismo superior al manufacturero. El crecimiento interanual de 12,7% en marzo y la suba de 4,7% respecto de febrero parecerían indicar una reactivación más robusta. El acumulado trimestral mejoró 3,9% frente al primer trimestre de 2024. Los insumos constructivos reflejaron esta actividad: hormigón, cemento portland, hierro y aceros, ladrillos huecos y sanitarios de cerámica marcaron alzas que oscilaban entre 11,6% y 24%. Sin embargo, la dirigencia del sector mantiene una cautela que contrasta con los números. Gustavo Weiss, titular de Camarco, advirtió que esta recuperación se produce "sobre una base muy baja" y que en la práctica no perciben cambios sustanciales en la realidad operativa de las empresas. "Estamos igual", afirmó, síntesis que condensa el escepticismo de quien está en contacto directo con el mercado.
Los despachos de cemento en abril contradijeron el optimismo de marzo, registrando la caída más pronunciada en diecisiete meses: 733.505 toneladas representaron un retroceso interanual de 13,2%. Esta cifra es particularmente reveladora porque el cemento es indicador adelantado de actividad constructiva. Simultáneamente, la encuesta cualitativa del Indec proyectando hacia el trimestre abril-junio mostró que 75% de las empresas de obra privada y 60,9% de obra pública esperaba que la actividad se mantuviera sin cambios. Más preocupante aún, persistía un "sesgo cauteloso" reflejado en inquietud por la desaceleración que se percibe, los costos constructivos en alza y los atrasos en cadenas de pago, especialmente críticos en obra pública.
El Ministerio de Economía depositó esperanzas en que el sector recuperaría tracción a mitad de año mediante las concesiones de rutas nacionales. La proyección oficial anticipa que para julio estarían en obra los primeros 9.000 kilómetros de corredores viales, con licitación subsecuente de otros 12.000 kilómetros. Este tipo de iniciativas de infraestructura pública pueden efectivamente impulsar demanda en la cadena constructiva, pero requieren materialización efectiva y no solo anuncios para impactar en la actividad. Históricamente, los tiempos de licitación y ejecución en obras viales suelen extenderse más de lo previsto.
Perspectivas: El interrogante de los próximos meses
Más allá del rebote de marzo, el panorama que contempla analistas independientes es más templado. El contexto macroeconómico que limita estas recuperaciones sectoriales no ha mutado sustancialmente. La demanda interna continúa debilitada por erosión del poder adquisitivo en los hogares; el comercio regional no presenta dinámicas que traccionaran significativamente la exportación manufacturera; y la inversión privada, tanto en industria como en construcción, no exhibe señales robustas de expansión. En ausencia de obra pública de magnitud, la recuperación de la construcción dependerá casi exclusivamente de decisiones del sector privado, que aún no manifiesta expectativas firmes de crecimiento. Para la industria, el panorama se complica: ningún "driver" claro aparece en el horizonte que pueda impulsar una recomposición duradera.
Los próximos meses cobran particular importancia como período de observación. El desempeño de abril, cuya información completa aún no estaba disponible al momento de análisis, resultará determinante para evaluar si marzo fue piso de recuperación o simple variación estadística. ¿Cuáles serán los sectores capaces de sostener los niveles alcanzados? ¿Cuáles liderarán una eventual recomposición? Las ramas que mostraron mayor resiliencia durante 2024 parten con ventaja relativa, mientras que aquellas más rezagadas podrían continuar ajustando presupuestos y operaciones por período prolongado. El rumbo que adopte la política comercial, la viabilidad de acuerdos de inversión internacional y la evolución de la política monetaria serán variables que determinarán si estos sectores consolidarán recuperación o revertirán hacia volatilidad.
Lo que sucedió en marzo representa un respiro después de meses turbulentos, pero la verdadera prueba de fuego llegará en los meses subsecuentes. Si los crecimientos se sostienen y profundizan, podría significar el comienzo de una fase más estable para la economía. Si, por el contrario, abril muestra estancamiento o retroceso, marzo quedará registrado como un rebote coyuntural sin poder transformador. Los datos de las próximas semanas determinarán si esta recuperación es fundacional o fugaz, y en qué medida los sectores productivos pueden efectivamente traccionarla hacia adelante sin depender de estímulos externos que hoy no están presentes.



