La economía argentina navega por aguas contradictorias a mitad de 2026. Mientras que los números de inversión productiva tocan fondo con una contracción de 7,6% en el primer semestre, simultáneamente el mercado de leasing experimenta un desempeño sin precedentes en casi una década. Esta dualidad revela grietas profundas en el modelo económico actual y plantea interrogantes sobre la sustentabilidad de los mecanismos de financiamiento cuando los cimientos de la inversión real se erosionan.

Las cifras del relevamiento realizado por el Estudio Ferreres y asociados no dejan lugar a ambigüedades: la caída es generalizada y persistente. En el mes de junio específicamente, el volumen físico de inversión se contrajo 6,2% en términos interanuales, perpetuando una tendencia recesiva que atraviesa todo el semestre. Convertidas a moneda extranjera, las inversiones apenas alcanzaron US$ 7.464 millones en los primeros seis meses del año, un guarismo que refleja tanto la mengua de proyectos nuevos como la paralización de expansiones planificadas. Este deterioro ocurre a pesar de que el régimen tributario especial conocido como RIGI —implementado para atraer capitales internacionales— debería funcionar como catalizador de la inversión. Su impacto hasta ahora ha sido marginal en los números agregados.

El derrumbe en equipamiento y maquinaria

El sector de maquinaria y equipamiento absorbe el golpe con mayor intensidad. Durante junio la inversión en esta categoría registró una caída de 11,2% anual, con un comportamiento diferenciado según el origen de los bienes. Los equipos de manufactura nacional retrocedieron 9,5%, mientras que aquellos importados sufrieron una contracción aún más severa del 12,7%. Acumulado el primer semestre, la cifra acumulativa asciende a una baja de 12,2%, lo que evidencia que no se trata de una fluctuación coyuntural sino de una retirada estructural de recursos hacia estos renglones. Las empresas simplemente no están comprando máquinas nuevas, no están modernizando sus plantas, no están ampliando su capacidad productiva.

Este escenario encuentra su explicación más inmediata en el estado de postración de la industria manufacturera. Consultorías especializadas en diagnóstico sectorial han identificado que siete de las doce principales cadenas industriales operan entre 30% y 40% por debajo de sus máximos históricos de la última década, padeciendo además una capacidad ociosa promedio cercana al 40%. En otras palabras: fábricas que podrían producir al doble de lo que actualmente generan, con máquinas paradas, plantas semivacías. Bajo estas condiciones, invertir en nueva maquinaria resulta irracional desde la perspectiva empresarial. ¿Por qué comprar equipamiento cuando ya existe capacidad sin utilizar?

El desmoronamiento del tejido empresarial industrial agrava el cuadro. Entre diciembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 3.759 empresas industriales del registro nacional. Solo en los primeros cuatro meses de este año la cifra alcanzó 1.070 cierres, proyectándose que antes del 31 de diciembre se añadirán aproximadamente 2.000 empresas más. Esto significaría que 2026 cerrará con más de 3.000 negocios industriales liquidados, un ritmo de destrucción de capacidad productiva que no ha sido visto en años recientes. Cada empresa que cierra lleva consigo empleos, conocimiento acumulado, redes de proveedores y clientes.

El refugio del leasing en medio de la tormenta

En contraste diametral con esta desolación, el leasing ha alcanzado máximos históricos. Este mecanismo financiero, que permite a empresas y emprendedores acceder a maquinaria, vehículos y bienes de capital sin desembolsar el monto total de forma inmediata, ha marcado diez trimestres consecutivos de crecimiento y ha registrado en el segundo trimestre de 2026 su nivel más elevado desde fines de 2018. El saldo de cartera se posicionó en US$ 802 millones a final de junio, con una expansión del 15,9% acumulada en lo que va del año. En moneda local, la cifra total de cartera vigente alcanzó $ 1.189.119 millones, reflejando un crecimiento real del 15,7% interanual.

El volumen de nuevos contratos suscritos durante el segundo trimestre totalizó $ 235.000 millones, un incremento del 12,5% interanual ajustado por inflación. Estas operaciones se han distribuido de manera inequívoca hacia el segmento de transporte y logística, que concentró 79,5% de las operaciones trimestrales. Le siguieron con desempeño notable el sector de telefonía y tecnología, que creció 54% interanual en términos reales, y la maquinaria para construcción, que mostró un incremento del 7%. El plazo promedio de los contratos se ubicó en 31 meses, permitiendo a los tomadores distribuir el costo financiero en el tiempo de manera más manejable.

Las pequeñas y medianas empresas han sido protagonistas de este dinamismo. Estas representaron 50% de las operaciones de leasing durante el período analizado, generando según los cálculos disponibles alrededor de 2.371 puestos de trabajo directos en el primer semestre. En el segmento PyME, The Capita Corporation / Banco Comafi lideró el mercado con una cartera de $ 180.668 millones (31% del segmento PyME), seguida por BICE (14%) y Supervielle (10%). Entre las grandes corporaciones, HPE Financial Services encabezó con $ 110.036 millones (24% del segmento), acompañada por The Capita Corporation / Banco Comafi (16%) y Supervielle (13%). En el segmento de instituciones públicas, Provincia Leasing dominó la cartera con $ 51.640 millones (52%), seguida por BPN y Banco Patagonia.

El desajuste estructural y sus implicancias

Lo paradójico es que mientras el leasing prospera, la inversión física agregada se desmorona. Esto sugiere un fenómeno de sustitución donde las empresas —particularmente las medianas y pequeñas— optan por financiar la adquisición de bienes de capital a través de leasing en lugar de realizar inversión de capital propio. No es inversión genuina en el sentido de que no implica retención de utilidades, aumento de patrimonio neto o fortalecimiento del balance empresarial. Es más bien una forma de acceso a activos productivos sin compromiso de capital, que genera ingresos pero que también genera obligaciones de pago futuro. En contextos de incertidumbre económica como el actual, es una opción racional: conservar liquidez, reducir riesgo, mantener flexibilidad operativa.

Sin embargo, esta dinámica enmascarara un problema más profundo. La caída en inversión de maquinaria y equipamiento, así como el retroceso en construcción (1,7% de baja acumulada aunque con leve repunte de 0,4% en junio), refleja una pérdida de confianza estructural en el modelo económico. Los empresarios industriales, históricamente más conservadores en sus decisiones de gasto de capital, están desinvirtiendo. Incluso en construcción —sector que requiere compromisos de mediano plazo— apenas se perciben signos de recuperación. El leasing, por su parte, está siendo utilizado predominantemente para reposición y mantenimiento de flota de transporte y logística, no para expansión productiva.

La presentación de estos números coincidió con la 14ª Exposición Internacional de Equipamiento y Tecnología del Autotransporte de Carga y Pasajeros realizada en los espacios de La Rural, donde se destacó el desempeño del sector transporte como el nicho donde el leasing ha encontrado mayor demanda. Esto es coherente con la realidad: los servicios de transporte y logística son sectores transversales que crecen con cualquier modelo económico y que en un contexto inflacionario obtienen cierta protección relativa. No así la industria manufacturera, que compite internacionalmente y que requiere estabilidad de largo plazo para justificar inversiones significativas.

Las autoridades de Leasing Argentina han resaltado que este instrumento financiero funciona como "herramienta clave para transformar financiamiento en inversión de bienes de capital", subrayando además que los diez trimestres consecutivos de mejora demuestran consolidación del mecanismo. Los directivos de la asociación gremial han enfatizado que estos números reflejan decisiones concretas de expansión por parte de empresas medianas y pequeñas, generando empleo directo. Sin embargo, estos argumentos no confrontan la pregunta más incómoda: ¿qué significa que el leasing bata récords mientras la inversión agregada se desploma?

Perspectivas y tensiones hacia adelante

Los analistas del Estudio Ferreres han expresado cautela moderada respecto al futuro. Según su evaluación, "al promediar el año en curso la inversión sigue marchando a niveles muy bajos, y no se ven aun señales claras que inviten a pensar en una recuperación", aunque reconocen que "ciertos rubros puntuales mostraron mejores números en el sexto mes del año". Específicamente destacan que la construcción logró posicionarse nuevamente en terreno positivo y que los patentamientos de vehículos comerciales pesados experimentaron leves subas. Hacia adelante, esperan que "continúe desacelerando la contracción de la inversión, mostrando una mejora paulatina".

El factor que introduce mayor incertidumbre es el comportamiento de las inversiones anunciadas bajo el régimen RIGI. Estos proyectos, que teóricamente deberían representar un cambio de tendencia sustancial, mantienen cronogramas y plazos flexibles sujetos a discrecionalidad. En otras palabras: su materialización no es automática ni predecible. Depende de decisiones empresariales que pueden postergarse, modificarse o abandonarse según evolucionen las condiciones macroeconómicas y políticas. Hasta el momento, los datos agregados indican que estas inversiones anunciadas aún no han impactado de manera significativa en los números de inversión nacional.

La realidad actual presenta, entonces, un escenario de dos velocidades: una contracción generalizada de la inversión productiva tradicional coexiste con dinamismo en ciertos nichos financieros. Las pequeñas y medianas empresas, que representan la columna vertebral del empleo privado, están encontrando en el leasing una forma de mantener operatividad sin realizar inversión de capital. Las industrias manufactureras continúan su proceso de ajuste hacia la baja. Los cierres empresariales persisten a ritmo acelerado. El empleo generado por operaciones de leasing en el primer semestre —2.371 puestos— resulta marginal comparado con la destrucción de empleo industrial que está ocurriendo simultáneamente.

Los próximos trimestres serán determinantes para definir si se trata de una trayectoria transitoria o de una reconfiguración permanente de la estructura económica. Si la inversión continúa cayendo mientras el leasing mantiene su ritmo expansivo, el modelo argentino estaría consolidándose alrededor de sectores transversales (transporte, logística, servicios) en detrimento de capacidad productiva instalada. Si por el contrario las inversiones RIGI comienzan a materializarse y la industria experimenta estabilización, estos números podrían ser reinterpretados como "fondo del ciclo". Ambos escenarios tendrían implicancias profundas para el empleo, la capacidad de generación de divisas y la vulnerabilidad externa de la economía argentina en los años por venir.