El comercio porteño atraviesa uno de sus momentos más críticos de la última media década. Los números son contundentes: la tasa de ocupación de locales comerciales en la Ciudad de Buenos Aires se contrajo hasta el 90%, marcando el peor registro desde 2022. Esto significa que de cada diez negocios relevados en las arterias comerciales más importantes, uno permanece cerrado, vacío o a la espera de ser alquilado o vendido. La magnitud del retroceso no es menor: en apenas un período de evaluación, la ocupación cayó 1,6 puntos porcentuales, una contracción que los analistas describen como "muy importante" y que consolida una tendencia preocupante hacia la desertificación de las principales zonas de compras de la metrópoli.

Las causas detrás de este fenómeno son múltiples e interconectadas, formando una tormenta perfecta para el sector comercial tradicional. El primero y más evidente es el desplome del consumo privado, que en los últimos meses ha mostrado caídas significativas en términos reales. A esto se suma una estructura de costos operativos que se ha vuelto prácticamente insostenible para los pequeños y medianos empresarios: los alquileres en las zonas céntricas continúan siendo extraordinariamente elevados, sin ajustarse a la realidad de ingresos reducidos. Paralelamente, el comercio electrónico ha ganado terreno de manera imparable, atrayendo a consumidores que optan por la comodidad de comprar desde sus hogares. Este fenómeno no es exclusivo de Buenos Aires ni de Argentina, pero la combinación con una crisis de demanda agregada lo amplifica significativamente.

Un mapa detallado de la crisis: dónde duele más

El análisis territorial de los datos revela que la crisis comercial no se distribuye de manera uniforme en la Ciudad. Los números más alarmantes provienen de tres comunas específicas que concentran la mayor desocupación. La Comuna 15, que abarca barrios históricos como Villa Crespo, Chacarita, La Paternal y Parque Chas, registra una tasa de desocupación del 13,5%. Le sigue la Comuna 1, en el centro histórico y financiero de la Ciudad (que incluye a Retiro, San Nicolás, Puerto Madero y San Telmo), con 13,2% de locales sin actividad. En tercer lugar aparece la Comuna 8, que agrupa a Villa Soldati, Villa Lugano y Villa Riachuelo, con 12,8% de desocupación. Estos guarismos reflejan que tanto el centro histórico como las zonas periféricas sufren de manera similar, aunque por razones distintas.

Si se observan los ejes comerciales específicos, la geografía de la crisis se vuelve aún más clara. Parque Avellaneda presenta la desocupación más severa, con 22 de cada 100 locales sin actividad comercial. Le siguen de cerca Villa Crespo y Lavalle, ambos con tasas del 20%. Otras arterias que históricamente fueron pujantes, como Córdoba, Scalabrini Ortiz, Warnes, Defensa y Riestra, también muestran niveles preocupantes de locales cerrados. La situación en Parque Avellaneda, Lavalle y Libertad alcanza magnitudes de una "cuadra comercial muerta": en estos sectores se contabilizan alrededor de 6 locales vacíos por cuadra, un indicador que ilustra visualmente el colapso de estas zonas. En contraste, algunos ejes mantienen dinamismo: Corrientes y Pueyrredón lideran con 97% de ocupación, seguidos por Caballito con 96,7% y Alberdi con 95,7%. La concentración de éxito en pocas arterias mientras otras se desmorona sugiere una polarización del comercio porteño cada vez más marcada.

Los números crudos: cuantificación del vacío urbano

El operativo de medición del Instituto de Estadística y Censos porteño relevó un total de 12.896 locales distribuidos en las principales arterias comerciales de la Ciudad. De este universo, 11.605 se encontraban en actividad, mientras que la cifra de desocupación alcanzó los 1.291 locales. Este número incluye categorías diversas: locales vacantes completamente cerrados sin destino aparente, aquellos en proceso de construcción o refacción, y los ofrecidos en alquiler o venta. En la comparación interanual, la fotografía es todavía más desalentadora: se sumaron 198 locales desocupados adicionales respecto del mismo período del año anterior. De estos, 92 están completamente cerrados y 126 están en alquiler o venta, compensado apenas por 20 menos en construcción o refacción. Es decir, la oferta de espacios vacíos se amplía mientras que la capacidad de absorción de nuevos emprendimientos se reduce.

Desde una perspectiva geográfica más amplia, 12 de las 15 comunas porteñas experimentaron descensos en la ocupación respecto del año anterior. Las pérdidas más significativas se concentraron en las comunas ya mencionadas, aunque el fenómeno es prácticamente universal en la Ciudad. Solo tres comunas mostraron estabilidad o mejoras relativas, lo que subraya que no se trata de un problema localizado sino de una tendencia estructural que afecta la economía comercial porteña en su conjunto. La magnitud de este cambio se entiende mejor cuando se considera que hace apenas cuatro años, en 2022, la ocupación rondaba niveles más saludables, y que la actual medición representa el punto más bajo desde entonces, indicando una aceleración del deterioro en los últimos períodos.

Implicancias y futuro incierto

Los efectos de esta crisis comercial trascienden los simples números macroeconómicos. Cuando un local cierra en una cuadra, la experiencia urbana cambia: disminuye la vitalidad de los espacios públicos, se reduce la variedad de servicios disponibles, y el empleo informal y formal vinculado al comercio minorista se contrae. Muchos pequeños y medianos empresarios que durante décadas mantuvieron sus negocios enfrentan ahora decisiones difíciles: continuar operando con márgenes de ganancia prácticamente nulos, cerrar temporalmente a la espera de mejores condiciones, o abandonar definitivamente el sector. Los empleados de estos comercios, a su vez, ven reducidas sus oportunidades laborales en un contexto donde el desempleo ya presenta niveles preocupantes. La desocupación comercial también impacta en los propietarios de inmuebles, que enfrentan dificultades para cobrar alquileres o encontrar inquilinos dispuestos a pagar las sumas que se mantenían durante el período de mayor actividad.

Es relevante considerar que esta crisis se produce en un contexto donde el comercio electrónico ha modificado estructuralmente las pautas de consumo. Plataformas de venta online y marketplaces han capturado una porción significativa del gasto de los consumidores, especialmente en categorías como electrónica, indumentaria y libros. Sin embargo, el comercio de proximidad y los servicios locales (gastronomía, peluquería, farmacia, óptica) todavía representan segmentos importantes. La pregunta que persiste es si la estructura de costos de alquiler en la Ciudad puede ajustarse a una realidad de menores ingresos, o si continuará profundizando la crisis de ocupación en los próximos períodos. Las decisiones que tomen propietarios, comerciantes y actores políticos en los próximos meses resultarán determinantes para definir el futuro de estas zonas comerciales que históricamente fueron pulmones económicos de la metrópoli.