El sistema de financiamiento a familias que funciona en Argentina atraviesa una tensión estructural que trasciende los números de morosidad general. Mientras el indicador agregado de atrasos en créditos de consumo ronda el 12,9%, detrás de esa cifra se esconde una fragmentación peligrosa: aproximadamente una de cada tres entidades habilitadas para prestar dinero registra que más de la mitad de su cartera está en cesación de pagos. Esta realidad, que emerge de un relevamiento que abarca a más de 400 prestamistas de todas las categorías, dibuja un panorama donde la estabilidad del sector está lejos de ser uniforme y las consecuencias operacionales son cada vez más visibles.
El universo de instituciones bajo vigilancia del Banco Central incluye desde tradicionales casas de crédito hasta modernas fintech, pasando por bancos digitales, cooperativas y grandes cadenas comerciales que ofrecen financiamiento directo a sus consumidores. Entre los 408 operadores identificados en la base de datos regulatoria, exactamente 120 tienen más del 50% de sus saldos impagos. Pero la situación se complica aún más hacia los extremos: alrededor de 40 entidades presentan tasas de morosidad superior al 90%, cifra que refleja prácticamente la inutilidad de sus carteras de crédito. En algunos casos, particularmente entre empresas especializadas en recupero de deudas consideradas irrecuperables, los registros muestran hasta el 100% de atrasos, lo cual es lógico porque precisamente esas firmas compran carteras de terceros donde los deudores acumulan más de un año sin pagar.
Las grandes marcas no están exentas del colapso
Cuando se observan los operadores con mayores volúmenes de préstamos en circulación, emerge un cuadro que desafía las expectativas sobre grandes nombres comerciales. Credil exhibe una mora del 66%, mientras que Frávega y Megatone —dos cadenas de electrodomésticos que históricamente ofrecían crédito para sus compras— alcanzan cada una el 60%. La situación de Cartasur llega al 59%, y entidades como Crédito Argentino (CFN) se posiciona en el 56%. Incluso Santander Consumer, vinculada a un banco internacional, registra el 55% de sus créditos con pagos atrasados. Cetrogar, otra cadena de retail, cierra este grupo con 54%. Estos números sugieren que los clientes de estas empresas enfrentan dificultades económicas similares a las del resto de la población, pero también que estos operadores mantienen estándares de cobranza distintos o tienen estrategias diferentes para gestionar sus carteras.
La estructura de funcionamiento del mercado explica, en parte, por qué estas entidades no desaparecen inmediatamente a pesar de carteras tan deterioradas. Cuando una prestamista acumula saldos que considera irrecuperables —generalmente aquellos con más de doce meses sin movimiento—, recurre a una práctica común en el sector: vende esas carteras a estudios jurídicos especializados o empresas de cobranza, limpiando así sus propios balances. Esta operatoria desplaza el problema hacia otros actores, pero no lo resuelve. El volumen total de deuda que cambió de manos por este mecanismo alcanzó en julio los $2,1 billones, representando el 13,8% de todos los créditos del sistema. Hace apenas un año ese guarismo era de 4,1%, lo que implica un incremento brutal en poco tiempo.
Consolidación paradójica en un mercado fragmentado
A pesar de que 120 entidades muestran niveles de morosidad superior al 50%, su peso en el total del mercado es relativamente menor. Estas firmas con crisis aguda en cobranza tienen prestados alrededor de $1,8 billones, cifra que equivale apenas al 10% del total de créditos otorgados en el sistema. La paradoja es evidente: los operadores con mayores dificultades de recupero son precisamente aquellos con menor capacidad de préstamo, lo que contribuye a explicar por qué el promedio agregado se mantiene en 12,9% en lugar de reflejar colapsos totales. Los grandes bancos, aunque también experimentan elevaciones en sus tasas de morosidad, mantienen su capacidad de otorgamiento gracias a sus accionistas y estructuras más robustas. Los pequeños operadores, en cambio, cargan sobre sus espaldas el peso de poblaciones con menor poder adquisitivo y mayor vulnerabilidad frente a shocks económicos.
Otro fenómeno revelador es la acelerada salida de operadores del mercado. Entre el comienzo de 2024 y agosto de 2025, el Banco Central dio de baja a casi 70 entidades que poseían habilitación para otorgar créditos a hogares. De ese total, 42 fueron desactivadas durante 2025 y 26 en los primeros ocho meses de este año. Las razones específicas de estas bajas no han sido formalmente detalladas por la autoridad monetaria, pero la correlación temporal con el deterioro de las carteras sugiere una conexión directa. Estas empresas desaparecieron del registro regulatorio por insolvencia, fusión, absorción o decisión de retirarse de un negocio que se tornó insostenible. El flujo de salidas refleja un mercado en reacomodamiento donde solo sobreviven los operadores con estructuras más sólidas o con acceso a financiamiento para sostener temporadas de baja recuperación.
Los datos sectoriales agregan profundidad al análisis del problema. Las entidades no bancarias —aquellas que no son bancos tradicionales— muestran una tasa de irregularidad del 29,5% en julio, cifra que cuadriplica la morosidad del segmento bancario propiamente dicho. El endeudamiento de los hogares con estos operadores no bancarios se sitúa en 0,4 meses de ingresos salariales, mientras que si se incluye el crédito bancario el indicador sube a 1,4 meses. El nivel de endeudamiento como proporción del ingreso mensual permite dimensionar el estrés financiero de las familias, aunque en términos comparativos internacionales aún representa un nivel moderado en relación a economías desarrolladas. Sin embargo, la combinación de endeudamiento relativo y tasa de morosidad de casi 30% entre no bancarios muestra un sector bajo presión sostenida.
La crisis crediticia no se limita a hogares. El sector empresarial también exhibe señales de deterioro acelerado. La deuda empresarial con mora a 90 días o más pasó del 0,7% en enero de 2025 al 3,5% en el presente, multiplicándose por cinco en términos de saldo moroso real. Aproximadamente 41.197 empresas registran al menos una deuda en mora, cifra que representa el 14,5% de todas las empresas deudoras del país. Este volumen aumentó 57,4% en comparación interanual y se ha duplicado en apenas 18 meses. Los sectores más afectados son textil e indumentaria con 15,8% de mora, seguido por papel y edición con 14,6%. La construcción (6,9%), hotelería y restaurantes (6,8%) y consumo masivo (6,7%) completan el ranking de fragilidad. En términos absolutos, el consumo masivo concentra el 29% de toda la deuda empresarial en mora, reflejando que los sectores más conectados con el mercado interno enfrentan presiones severas derivadas de la contracción de demanda y poder adquisitivo.
Implicancias de un sistema en reconfiguración
Los datos presentados permiten identificar varios vectores simultáneos: la fragmentación del mercado crediticio con operadores en distintos grados de viabilidad, la aceleración de salidas de prestamistas pequeños y medianos, la elevación de tasas de morosidad tanto en segmentos de consumo como empresarial, y la transferencia de carteras deterioradas hacia empresas especializadas en cobranza. Las consecuencias de este proceso pueden leerse desde múltiples ángulos. Desde la perspectiva de la inclusión financiera, la reducción de operadores y el aumento de exigencias de cobranza implica que sectores de menor ingresos tendrán menos opciones de acceso al crédito, empujándolos potencialmente hacia mercados informales. Desde la óptica de la estabilidad sistémica, la concentración de la cartera en operadores más grandes y formalizados puede mejorar la supervisión pero también elevar la concentración de riesgos. Desde el ángulo empresarial, el deterioro de la capacidad de pago de pequeñas y medianas empresas afecta la cadena de inversión y empleo. Y desde la perspectiva del consumidor, la menor disponibilidad de crédito a tasas accesibles restringe la suavización del consumo ante ingresos volátiles.



