La divisa de Estados Unidos cerró una jornada marcada por la parálisis, manteniendo su cotización sin variaciones en $1.430 para la venta en las mesas de la banca oficial este viernes. El paralelo no mostró mayor dinamismo tampoco, cerrando al mismo precio que la cotización formal. Mientras la moneda se estabiliza, el panorama que rodea a la economía local comienza a pintarse con tonos más optimistas, donde la acumulación agresiva de divisas por parte de la autoridad monetaria y la caída sostenida del indicador de riesgo país conforman un escenario que contrasta con la volatilidad que caracterizó buena parte del año.
El Banco Central aprieta el acelerador en el tramo final del mes
Lo que sucedió en los mercados cambiarios durante las últimas jornadas de mayo revela una estrategia clara de la autoridad monetaria por fortalecer sus arcas. El organismo condujo operaciones de compra por US$ 70 millones durante la jornada del viernes, sumándose a una estrategia que aceleró notablemente en el cierre mensual. El jueves anterior había registrado un saldo positivo extraordinario de US$ 447 millones, lo que permitió que la acumulación total de divisas durante mayo alcanzara los US$ 2.596 millones. Esta cifra posiciona al quinto mes del año como el segundo mejor desempeño en materia de compra de dólares desde el comienzo de la gestión actual, permitiendo que se alcance casi el 97% de los objetivos de acumulación de reservas que se habían planteado al inicio del período.
Sin embargo, la historia de los depósitos en moneda extranjera no es completamente lineal. Las reservas totales que custodia el Banco Central experimentaron una contracción de US$ 320 millones durante la jornada, cerrando el viernes en US$ 48.191 millones. Esta aparente contradicción entre compras positivas y reducción de reservas encuentra su explicación en los movimientos inherentes de la gestión de pasivos del organismo. El próximo lunes estaba programado el vencimiento de US$ 1.028 millones correspondientes a los Bopreal Serie 3 2026, instrumentos que fueron concebidos durante la actual administración para resolver el rezago acumulado en los pagos de los importadores. Estos papeles, además de su función en el comercio exterior, pudieron utilizarse para el cumplimiento de obligaciones tributarias, ampliando su circulación en la economía.
Un mercado cambiario que busca sus equilibrios
El segmento mayorista de divisas reflejó la serenidad que predominó en la rueda. La cotización en el mercado de cambios interbancario apenas se movió, registrando un incremento marginal del 0,07% hasta ubicarse en $1.413 para la venta y $1.412,50 para la compra. En la semana, la divisa acumuló un avance de cinco pesos, reflejando una trayectoria que se aleja de los saltos abruptos que caracterizaron períodos anteriores.
Las instituciones financieras privadas mantuvieron sus propias bandas de cotización con variaciones menores. El Santander ofrecía la divisa a $1.430 para venta y $1.380 para compra. El BBVA elevaba levemente estos valores hasta $1.435 y $1.385 respectivamente. El ICBC cotizaba a $1.435 para la venta y $1.375 para la compra, mientras que Supervielle los ubicaba en $1.436,50 y $1.386,50. Estos diferenciales entre instituciones, que rondan los 50 pesos en promedio, constituyen márgenes normales de operación que reflejan la competencia en el segmento de retail bancario.
En los mercados alternativos, el dólar MEP o de bolsa cerró a $1.437,25, mientras que el contado con liquidación se ubicó en $1.485,27. El dólar denominado "cripto", que rastrea operaciones en plataformas digitales, mostró leve debilidad con un descenso de 0,5% hasta US$ 73.128, aunque la cotización de este segmento se mantuvo relativamente estable en $1.489,78. Estas variaciones en los mercados paralelos sugieren que la búsqueda de diferencias arbitrales sigue presente, pero sin la intensidad que caracterizó meses anteriores.
Los bonos responden, el riesgo país retrocede
El evento más significativo de la semana fue la performance de los títulos de deuda argentinos en los mercados internacionales. Los papeles cotizados en Wall Street avanzaron 0,50% durante el viernes, continuando una tendencia alcista que domina desde hace varios días. Este movimiento al alza de los bonos genera un efecto directo sobre el índice de riesgo país, que mide el diferencial de tasas que paga la Argentina respecto de los bonos estadounidenses considerados libres de riesgo. El indicador EMBI, que elabora el banco de inversión JP Morgan, cerró la jornada en 488 puntos básicos, con una reducción de 1,2%. En términos más amplios, el mes de mayo ha generado una caída acumulada del 13,9%, un movimiento que refleja una revaluación de la percepción de riesgo sobre el país.
La trayectoria descendente ha sido particularmente notable en los últimos días. El jueves la barrera de los 500 puntos fue quebrada hacia abajo, con el cierre en 496 puntos, algo que no ocurría desde hace meses. Este viernes el indicador continuó su descenso hasta los 490 puntos, posicionándose apenas a unos pasos del mínimo histórico registrado bajo la actual gestión, que fue de 483 puntos el 28 de enero pasado. Se trata de la séptima caída consecutiva del indicador, una racha que sugiere que el mercado internacional comienza a incorporar una narrativa de mayor estabilidad y previsibilidad sobre la economía argentina.
Acciones locales en alza, mercados globales con tone positivo
El optimismo que impregna las finanzas argentinas tiene su correlato también en el desempeño de la bolsa local. El índice Merval cerró la semana con una ganancia de 2,48%, con casi la totalidad del panel operando en territorio positivo. La excepción la constituyó el Banco de Valores, que registró una caída de 0,68%. Entre los ganadores principales figuró la Sociedad Comercial del Plata en cabeza de las ganancias con una suba de 6,60%, seguida por Ednor con 5,20%, Central Puerto con 4,18%, BBVA con 4,11% y Banco Macro con 3,90%.
En el segmento de papeles argentinos que cotizan en Nueva York, la performance fue mayormente al alza. Ednor subió casi 6 puntos porcentuales, Telecom Argentina avanzó 5,36%, Irsa se ubicó con ganancias de 3,92%, BBVA sumó 3,75% y Banco Macro cerró con 3,69% positivo. Las excepciones fueron Ternium y Transportadora de Gas del Sur, que mostraron leves retrocesos de 0,75% y 0,26% respectivamente. Este patrón de fortaleza en las acciones locales contrasta con el comportamiento que tuvieron durante buena parte del año, cuando las incertidumbres macroeconómicas presionaban sobre las valuaciones.
Los mercados estadounidenses proporcionaron un telón de fondo alcista. El índice S&P 500 avanzó 0,37%, el Dow Jones subió 0,77% y el Nasdaq ganó 0,36%. El VIX, popularmente conocido como el "índice del miedo" que mide la volatilidad implícita esperada, se desplomó 2,67%, señalando una percepción de menor riesgo en los mercados globales. El crudo Brent, que sirve como referencia internacional para los precios del petróleo, experimentó una caída de 1,27%, un movimiento que típicamente está asociado a expectativas de menor inflación en la economía mundial.
Las tensiones subyacentes y las medidas de política pública
A pesar del clima de estabilidad cambiaria y mejora en los indicadores de riesgo, existen tensiones en otros segmentos de la economía que demandan atención. El Banco Nación implementó recientemente un plan de asistencia financiera dirigido tanto a sus deudores morosos como a aquellos endeudados con otras instituciones, una iniciativa que generó alertas en el sector bancario. La tasa de morosidad de las familias alcanzó el 11,3% en marzo, reflejando el deterioro del poder adquisitivo que experimentan los hogares argentinos durante este período. Bancos tanto del sector público como privado están evaluando sus propias estrategias para enfrentar esta problemática, que constituye una amenaza latente para la salud crediticia del sistema.
El discurso de las autoridades públicas ha profundizado también las tensiones conceptuales sobre qué genera crecimiento económico. El presidente realizó declaraciones públicas cuestionando la idea de que la reducción de la inflación sea el motor del crecimiento, argumentando que la estabilidad monetaria y el orden macroeconómico general son condiciones necesarias pero no suficientes. Esta posición contrasta con la narrativa del equipo económico, que ha sustentado sus políticas en la creencia de que la baja de la inflación y la estabilidad proporcionan el marco adecuado para que la actividad económica se recupere. La recuperación registrada en marzo parecería ofrecer evidencia que respalda la segunda visión, aunque el debate sobre las causas profundas del crecimiento permanece abierto.
Perspectivas y escenarios posibles hacia adelante
El panorama que emerge de la economía argentina a fin de mayo presenta matices complejos que permiten lecturas contrapuestas. Por un lado, la estabilidad del tipo de cambio nominal, la acumulación agresiva de divisas y la caída sostenida del riesgo país sugieren que los mercados internacionales comienzan a incorporar mayor confianza en la trayectoria de las políticas en curso. El hecho de que el Banco Central esté próximo a alcanzar sus objetivos anuales de compra de divisas antes de lo esperado indica una capacidad de generación de superávits cambiarios que parecería haber sido subestimada. La caída del VIX global y la fortaleza de los mercados estadounidenses proporcionan un contexto internacional favorable para los activos emergentes.
Sin embargo, los desafíos estructurales persisten. La morosidad crediticia en aumento, el deterioro del consumo de las familias y las tensiones conceptuales sobre los motores del crecimiento económico apuntan a que la estabilidad cambiaria y la baja de la inflación, aunque logros innegables, coexisten con ajustes distributivos que generan fricción social. La programación de grandes vencimientos de deuda en las próximas semanas y meses, como el de los Bopreal que vencían el lunes posterior a esta jornada, sugiere que la volatilidad de las reservas continuará registrándose más allá de que la tendencia de acumulación de divisas sea positiva. Diferentes analistas del mercado interpretarán estos datos de manera divergente: algunos enfatizarán los logros en materia de estabilidad, mientras que otros señalarán que la sostenibilidad del modelo dependerá de la capacidad de las autoridades para reconducir la demanda agregada sin comprometer el avance macroeconómico logrado hasta aquí.



