El panorama de endeudamiento corporativo experimenta movimientos significativos en el sector industrial argentino. Dos operaciones de magnitud distinta pero de igual relevancia para la estabilidad financiera de grandes compañías consolidan una tendencia de reordenamiento de pasivos en mercados de capitales. Por un lado, la histórica empresa productora de lácteos consigue acceso a financiamiento a costos sustancialmente inferiores a los que enfrentaba hace apenas meses. Por otro, una de las principales generadoras de energía del país logra emerger de una situación crítica que la mantenía imposibilitada de cumplir con sus obligaciones. Estos movimientos reflejan tanto cambios estructurales en la propiedad empresarial como una mejora relativa en las condiciones de acceso al crédito internacional para actores locales.

El traspaso accionario que modifica el perfil de riesgo

Mastellone Hermanos, la firma fundada en 1929 que construyó su imperio sobre la marca La Serenísima, atravesó en marzo un punto de inflexión cuando dos gigantes de la industria de alimentos completaron su toma de control total. La multinacional argentina Arcor y la francesa Danone, que ya participaban en la estructura accionaria con una participación de casi la mitad de las acciones, resolvieron adquirir el porcentaje restante que permanecía en manos de los descendientes de los fundadores y de un fondo de inversión especializado. La operación implicó que Dallpoint Investments y la familia Mastellone transfirieran su 51,1% remanente, consolidando así un nuevo esquema de gobierno corporativo.

Este cambio generó un efecto inmediato y mesurable en la capacidad de la compañía para acceder a financiamiento. Las nuevas accionistas traen consigo perfiles de riesgo más sólidos y reputaciones crediticias establecidas en mercados internacionales. Arcor, con presencia en múltiples países y una trayectoria de décadas en mercados de capitales, posee métricas financieras que tranquilizan a inversores globales. Danone, por su parte, es una de las mayores empresas de productos lácteos a nivel mundial. Esta convergencia de fortalezas se traduce directamente en condiciones de financiamiento más favorables para cualquier compañía bajo su control.

De 10,95% a 6,50%: el costo de la deuda se desploma

El jueves anterior a estos eventos, Mastellone anunció la colocación de una Obligación Negociable denominada en dólares estadounidenses por un monto de US$ 42 millones. Lo destacable del instrumento no es simplemente su tamaño, sino la tasa de interés aplicada: 6,50% anual. Aunque esta cifra puede parecer abstracta a primera vista, cobra relevancia cuando se la compara con emisiones anteriores de la misma empresa. Menos de un año atrás, Mastellone había captado financiamiento a través de un instrumento similar con vencimiento programado para 30 de junio a una tasa de 10,95%. La diferencia de 4,45 puntos porcentuales representa ahorros sustanciales en gastos de financiamiento.

Para dimensionar el alcance de esta mejora, basta mirar hacia la matriz accionaria. Arcor, durante mayo del mismo período, logró colocar US$ 50 millones en obligaciones negociables a una tasa de 5,25%. El nivel de Mastellone queda situado entre estas dos extremidades, más cercano al perfil de una empresa de primer orden pero aún reflejando ciertos diferenciales que reconocen particularidades del mercado argentino. El plazo de vencimiento establecido en 2 años sugiere una visión de corto plazo sobre la estabilidad de condiciones macroeconómicas, una decisión prudente considerando la volatilidad histórica del contexto local.

El manejo de esta colocación revela una estrategia corporativa deliberada: la compañía no solo accede a capital fresco, sino que simultáneamente resuelve su próximo vencimiento con deuda a un costo significativamente inferior. Esto mejora indicadores de salud financiera tales como el costo promedio ponderado de la deuda y amplía márgenes de maniobra para inversiones operacionales o distribución de dividendos a accionistas.

En el sector energético: 18 meses de negociaciones que terminan en reestructura

Mientras Mastellone celebraba su mejora crediticia, otro sector strategic de la economía cerraba un capítulo de considerable turbulencia. Generación Mediterránea, conocida como GEMSA, empresa del Grupo Albanesi que concentra todo el negocio de producción de electricidad del conglomerado, anunció la conclusión exitosa de negociaciones para reestructurar compromisos financieros por aproximadamente US$ 1.500 millones. El proceso había comenzado oficialmente hace un año y medio, aunque sus raíces se hundían más atrás en el tiempo.

La entrada en default de la compañía se produjo en junio de 2025, precedida por señales de deterioro que se manifestaron desde abril del mismo año. La firma comunicó públicamente que la acumulación de dificultades provenía de "una combinación de factores externos e internos", una formulación que abarca tanto el contexto macroeconómico argentino como realidades operacionales específicas del negocio de generación térmica. El sector energético argentino ha enfrentado desafíos estructurales durante años: regulación de precios, cambios en la demanda, competencia con energías renovables y volatilidad de costos de combustibles. Para una empresa con pasivos importantes denominados en moneda extranjera, estos desafíos se amplifican exponencialmente.

La estructura de la reestructuración implicó readecuar los cronogramas de pago a "la capacidad real de cumplimiento" según expresó la compañía en su comunicado oficial. Esta formulación es relevante porque reconoce una realidad frecuente en reestructuraciones: los compromisos originales se habían contraído en un contexto diferente, con expectativas sobre flujos de caja que posteriormente no se materializaron. La solución pasó por extender plazos, modificar montos, o ambos, permitiendo que la empresa respire mientras continúa operando.

Generación de energía sin interrupciones durante la crisis

Un aspecto que distingue el caso de GEMSA es que durante todo el período de insolvencia y negociación, la compañía mantuvo operando la totalidad de su parque generador. Posee 10 centrales térmicas distribuidas en 7 provincias: dos en Buenos Aires, dos en Santa Fe, más una en cada una de Córdoba, Río Negro, La Rioja, Tucumán y Santiago del Estero. Estas instalaciones cuentan con una capacidad instalada combinada de 1.855 megavatios, cifra que representa aproximadamente el 8% de la capacidad térmica total del país. Mantener operativa una infraestructura de esa magnitud durante una crisis de liquidez requiere gestión sofisticada y cooperación de actores clave.

La compañía logró acordar con proveedores estratégicos la continuidad de servicios críticos: mantenimiento preventivo y correctivo, así como suministro permanente de repuestos. Sin estos acuerdos, la degradación acelerada de equipamiento hubiera resultado inevitable. Simultáneamente, GEMSA priorizó la finalización de inversiones críticas por US$ 600 millones que estaban en ejecución. Entre estos proyectos figuraba la puesta en marcha de la Central Térmica de Cogeneración Arroyo Seco en Santa Fe, así como ampliaciones de las centrales Ezeiza en Buenos Aires y Modesto Maranzana en Córdoba. Estas expansiones representan apuestas a mediano plazo por mayor capacidad de generación y diversificación de fuentes de ingresos.

Contexto más amplio: acceso al crédito en tiempos de volatilidad

Ambas operaciones se inscriben en un fenómeno más amplio que caracteriza el comportamiento de empresas corporativas grandes en economías volátiles. Cuando el entorno institucional y macroeconómico presenta inestabilidad, el acceso a mercados de capitales se torna selectivo. Las grandes multinacionales o aquellas con accionistas internacionales robustos logran mejores condiciones, mientras que empresas domésticas de menor tamaño enfrentan tasas prohibitivas o exclusión total. Mastellone experimenta directamente este fenómeno: el cambio de accionistas mejoró su acceso al crédito, no porque cambió algo fundamental sobre sus operaciones, sino porque los inversores depositan mayor confianza en estructuras de propiedad que incluyen gigantes multinacionales.

Por otra parte, los procesos de reestructuración de deuda como el de GEMSA responden a dinámicas de sobreendeudamiento corporativo que frecuentemente emergen en contextos de tasas de interés altas y volatilidad cambiaria. Empresas que se endeudaron cuando existía expectativa de tasas más bajas o tipos de cambio más estables se ven atrapadas cuando los supuestos fundamentales cambian. La reestructuración se vuelve entonces no un fracaso, sino un ajuste pragmático necesario para la supervivencia corporativa.

Las implicancias de estos movimientos se desglosan en múltiples dimensiones. Para los accionistas, Mastellone obtiene mejores términos financieros que traducirse en mayor rentabilidad potencial. Para GEMSA y su controlador, la resolución de la insolvencia elimina incertidumbre legal y permite planificación a mediano plazo. Para los mercados de capitales locales, ambas operaciones señalan que existen oportunidades incluso en contextos desafiantes, siempre que haya voluntad de transacción y estructuras creíbles. Para empleados y proveedores, el mantenimiento de operaciones en GEMSA durante la crisis y la continuidad que prometen ambas restructuraciones sugieren estabilidad laboral relativa. Sin embargo, también persisten interrogantes: ¿será sostenible mantener tasas más bajas en futuras emisiones? ¿Los nuevos plazos de pago de GEMSA permitirán generar flujos suficientes o requerirá nuevos ajustes? Estas preguntas permanecerán en el horizonte mientras evoluciona el contexto económico argentino.