Un quiebre significativo emerge de los análisis que elaboraron 46 consultoras y entidades financieras durante los últimos días de mayo. Mientras que los indicadores inflacionarios y de crecimiento económico se mantienen en línea con lo proyectado hace un mes, existe consenso entre los especialistas respecto a un fenómeno que podría marcar el desempeño macroeconómico argentino en los próximos dieciocho meses: el comercio exterior experimentaría una expansión sin precedentes. Este cambio de perspectiva en torno a las dinámicas externas del país reviste importancia capital porque altera las expectativas sobre uno de los pilares fundamentales de la estabilidad económica actual: la capacidad de generar divisas mediante transacciones internacionales.
La inflación se congela en cifras esperadas
En materia de precios, los analistas mantienen su diagnóstico del mes anterior sin variaciones sustanciales. La medición de expectativas que realizó el Banco Central de la República Argentina durante el período comprendido entre el 27 y el 29 de mayo arrojó que para ese mismo mes se anticipa una suba del 2,3 por ciento, guarismo idéntico al que había proyectado el relevamiento de abril. Este comportamiento estable en la métrica mensual contrasta con la trayectoria que se espera para los meses subsiguientes, donde los especialistas contemplan una desaceleración gradual: 2,1 por ciento para junio, 2 por ciento para julio y 1,8 por ciento para agosto. A nivel acumulado para el año calendario 2026, el conjunto de participantes mantiene su estimación en 30,5 por ciento.
Mirando hacia períodos más lejanos, el panorama inflacionario se torna más volátil. Para 2027, un año electoral que históricamente ha generado presiones sobre los precios en distintas administraciones, los economistas proyectan que el índice alcanzaría 19,9 por ciento. Recién en 2028 se vislumbraría una desinflación más pronunciada, con una proyección de 13,9 por ciento. Estos números revelan que, desde la perspectiva de los analistas, la tarea de consolidar la estabilidad de precios requeriría de varios años más de trabajo.
Crecimiento económico con matices positivos
En cuanto a la expansión del Producto Bruto Interno, los consultores y bancos de inversión encuestados proyectan un avance de 2,9 por ciento para 2026, una mejora marginal respecto de la evaluación anterior, que se había ubicado en 2,8 por ciento. Aunque el crecimiento proyectado pareciera modesto en términos históricos, debe contextualizarse dentro de la coyuntura específica que atraviesa la economía argentina. El país ha experimentado en los años recientes ciclos de expansión limitados por restricciones externas, lo que otorga mayor relevancia a tasas que permitan avanzar gradualmente.
Respecto al desempleo, los especialistas mantienen sin cambios sus estimaciones previas. Para el primer trimestre de 2026 se proyecta que la desocupación abierta se ubicaría en 7,7 por ciento, mientras que para el cierre del año se anticipa una reducción a 7,4 por ciento. Esta trayectoria de mejora laboral, aunque moderada, iría en línea con un crecimiento económico progresivo que permitiría la generación de nuevos puestos de trabajo en el transcurso del período analizado.
El fenómeno del comercio exterior: exportaciones disparadas, importaciones en retracción
La novedad central que introduce el relevamiento de mayo radica en la revisión al alza de las proyecciones sobre el comercio exterior. Los analistas revisaron significativamente sus estimaciones respecto a los flujos de bienes que traspondrían las fronteras argentinas durante 2026. Las exportaciones serían revaluadas en 98.547 millones de dólares, lo que representa un incremento de 2.491 millones de dólares en comparación con la encuesta anterior. De manera simultánea, los importadores locales enfrentarían una restricción de demanda: se proyecta que las compras externas disminuyan en 1.187 millones de dólares, totalizando 78.363 millones de dólares para el cierre del año.
Este comportamiento divergente entre flujos de entrada y salida genera una consecuencia de envergadura: el resultado comercial anual alcanzaría 20.185 millones de dólares de superávit, una mejora de 3.679 millones de dólares respecto de la proyección del mes anterior. Para dimensionar la magnitud de esta cifra, vale recordar que el récord histórico anterior se registró en 2024, cuando la economía atravesaba una fase recesiva que constreñía la demanda de importaciones. En aquel entonces se alcanzó un saldo favorable de 18.899 millones de dólares. Las nuevas estimaciones anticiparían, por lo tanto, el superamiento de ese guarismo bajo un contexto de mayor actividad económica, lo cual resulta particularmente significativo.
¿Cuáles son los motores que sustentarían esta expansión de exportaciones? Los economistas identifican múltiples fuentes. La mejoría en la cosecha de granos, especialmente luego de años de volatilidad climática, constituiría un factor de peso. Paralelamente, el incremento proyectado de las ventas de energía al exterior reflejaría la consolidación de capacidades productivas en el sector, particularmente en lo que respecta a hidrocarburos. Adicionalmente, las exportaciones mineras tendrían espacio para crecer. En contraposición, las importaciones permanecerían deprimidas como reflejo directo de la baja actividad económica doméstica y las restricciones al consumo que caracterizan al período reciente. Los datos de mayo dan fe de esto: las compras del exterior retrocedieron 4 por ciento respecto al mes anterior.
El tipo de cambio en territorio controlado
En materia cambiaria, los analistas proyectan una evolución que contemplaría una apreciación relativa de la moneda local frente al dólar estadounidense. La mediana de las expectativas sitúa el tipo de cambio nominal en 1.422 pesos por dólar para el promedio de junio de 2026, una cifra 15 pesos inferior a la que se había proyectado en el relevamiento anterior. Para el cierre de año, la expectativa se ubica en 1.658 pesos por dólar, lo que implicaría una variación interanual de 14,5 por ciento. Este guarismo reviste particularidad: es sustancialmente inferior a la inflación acumulada que se proyecta para el período, sugiriendo una ganancia de competitividad de la moneda local en términos reales.
Las cuentas públicas en territorio positivo
En el frente fiscal, los resultados también muestran mejora. Los participantes del relevamiento proyectan que el Sector Público Nacional no Financiero cerrará 2026 con un superávit de 16 billones de pesos, lo que representa una mejora de 100 mil millones de pesos respecto de la encuesta realizada treinta días antes. Esta trayectoria de resultado fiscal positivo reviste importancia porque se alinea con los objetivos de consolidación fiscal que han caracterizado la estrategia macroeconómica implementada en los últimos años.
La convergencia de estas variables proyectadas genera un cuadro macroeconómico que, de materializarse, presentaría características particulares: una economía que crece moderadamente, con precios en trayectoria de estabilización, pero con dinámicas comerciales que se expanden de manera significativa y un sector público que preserva su situación de cuenta equilibrada. Este escenario, sin embargo, comporta un conjunto de supuestos que requieren verificación en los meses venideros. La suba de las exportaciones agrícolas dependerá crucialmente de que los rendimientos de cosecha se mantengan dentro de los rangos esperados y de que los precios internacionales no experimenten caídas abruptas. El dinamismo de las ventas energéticas estará condicionado a la evolución de los mercados globales de hidrocarburos. Simultáneamente, la contención de importaciones podría enfrentar presiones si la actividad económica se recupera más rápidamente de lo anticipado, aumentando la demanda de bienes del exterior. Estas incertidumbres inherentes a cualquier proyección económica significan que el resultado final podría variar en uno u otro sentido respecto a lo que hoy anticipan los analistas del mercado.



