El escenario económico que se dibuja para los próximos meses en la Argentina presenta grietas que comienzan a hacerse visibles. Un conjunto de 45 consultoras y entidades financieras tanto locales como del exterior entregó a mediados de abril sus proyecciones más recientes al Banco Central, y los números revelan un replanteo significativo sobre cómo evolucionará la economía en lo que resta del año. Mientras que el fenómeno inflacionario parece estar iniciando un proceso de desaceleración en términos mensuales, los analistas decidieron aumentar sus previsiones anuales de suba de precios. Simultáneamente, recortaron sus esperanzas de que la actividad económica pueda crecer con mayor vigor. Este ajuste de expectativas, que contrasta con lo anticipado hace apenas un mes, sugiere que los economistas están revaluando los equilibrios macroeconómicos y sus dinámicas internas.
Inflación: el freno que no termina de llegar
Las últimas mediciones privadas y los sondeos del Banco Central apuntan a que la inflación de abril rondaría el 2,6%, un guarismo que se alinea con lo que indican relevamientos independientes que ubican el índice de precios al consumidor por debajo de la barrera del 3%. Este dato, cuando se conozca oficialmente el 14 de mayo, podría interpretarse como una señal de que el aceleramiento que caracterizó los primeros meses del año está perdiendo intensidad. Basta recordar que en marzo se registró el pico más alto de 2026 hasta entonces: 3,4%. Sin embargo, una perspectiva más amplia complica el panorama. En los últimos diez meses, la inflación no ha descendido de manera consistente, sino que ha oscilado en un rango que mantiene la economía bajo presión.
Cuando los economistas observan el año completo, el diagnóstico adquiere matices diferentes. La proyección agregada que surge del sondeo más reciente del Banco Central estima que el índice de precios cerrará 2026 en 30,5%, una cifra que representa una suba de 1,4 puntos porcentuales respecto a lo anticipado en la medición anterior. Este ajuste al alza, aunque parezca modesto en términos absolutos, refleja una revisión de los supuestos subyacentes sobre cómo se comportará la inflación en los meses restantes. Si esta predicción se concreta, el país terminaría el año con una inflación un punto porcentual inferior a la de 2025, cuando el registro final fue de 31,5%. No obstante, este mejoramiento relativo apenas modifica la realidad de una economía en la que los precios siguen siendo un factor de preocupación central.
La mirada hacia adelante, más allá de 2026, incorpora otro matiz inquietante. Las mismas consultoras que proyectan una inflación de 30,5% para este año anticipan que en 2027 alcanzará 19,9%, y para 2028 llegaría a 13,1%. Estos números, aunque muestran una tendencia decreciente, siguen ubicados por encima de los dos dígitos. Esto significa que, según el consenso de los economistas consultados, la Argentina enfrentaría al menos tres años consecutivos con inflación de magnitud considerable, un horizonte que condiciona decisiones de inversión, consumo y ahorro de empresas y familias.
Crecimiento: las expectativas se contraen
Si en materia de inflación el diagnóstico revela una dinámica que no termina de ceder, en lo que respecta al crecimiento económico las noticias son aún menos alentadoras. Las consultoras estimaron que durante el primer trimestre de 2026, el producto bruto interno ajustado por variaciones estacionales habría crecido 0,3%. Para el segundo trimestre, anticipan una expansión de 1%. Estas cifras, aunque positivas, sugieren un ritmo de expansión moderado. Pero el punto central radica en las expectativas anuales, donde se produjo un giro importante. El PBI real se expandiría 2,8% durante todo 2026, según las proyecciones más recientes. Esta estimación implica una reducción de 0,5 puntos porcentuales en comparación con lo que los mismos analistas habían anticipado hace un mes.
Esta revisión a la baja del crecimiento económico genera una brecha interesante respecto a lo que organismos internacionales esperan. El Fondo Monetario Internacional, en sus últimas proyecciones, anticipaba una expansión de la economía argentina de 3,5% para 2026. Los analistas consultados por el Banco Central, en cambio, son más cautos y pesimistas que el organismo multilateral, proyectando un crecimiento inferior en 0,7 puntos porcentuales. Esta diferencia de perspectiva entre economistas locales e instituciones internacionales suele reflejar evaluaciones distintas sobre factores como la capacidad de generación de divisas, la inversión privada, o la evolución del sector agropecuario.
El mercado laboral también comienza a mostrar señales de tensión. La tasa de desocupación abierta cerró 2025 en 7,5% de la Población Económicamente Activa. Para el primer trimestre de 2026, las proyecciones la ubicaron en 7,7%, lo que implica un aumento de 0,1 puntos porcentuales respecto a la medición anterior. Aunque no se trata de un cambio dramático, la tendencia es clara: conforme avanza el año, se espera que más personas se incorporen a la población desocupada. Este fenómeno suele ser consecuencia de un crecimiento económico limitado que no genera empleo al ritmo necesario para absorber la oferta laboral.
Dólar y comercio exterior: estabilidad con límites
En materia cambiaria, los analistas no anticipan movimientos bruscos en el corto plazo. La mediana de las proyecciones de tipo de cambio nominal mayorista para el promedio de mayo de 2026 se ubicó en $1.410 por dólar, una reducción de $39 comparada con la encuesta anterior. En el momento en que se recopilaron estas proyecciones, el segmento mayorista cerraba la jornada en $1.396, lo que sugiere que los analistas esperan una leve apreciación de la moneda argentina respecto a su nivel actual. Sin embargo, cuando la vista se extiende hasta fin de año, el panorama cambia. Para diciembre de 2026, el conjunto de participantes del relevamiento pronosticó un tipo de cambio nominal de $1.676 por dólar estadounidense, lo que implicaría una devaluación del peso de aproximadamente 15,8% en términos interanuales.
Esta proyección de devaluación moderada pero sostenida resulta relevante porque queda por debajo de la inflación prevista para el período. En otras palabras, se espera que el peso pierda valor frente al dólar a un ritmo menor que el de los precios internos, lo que sugiere que las expectativas de los analistas incorporan cierta estabilización relativa del tipo de cambio real. En el comercio exterior de bienes, las proyecciones son más optimistas. Las exportaciones se estimaron en US$ 96.056 millones para 2026, un incremento de US$ 2.821 millones respecto a la encuesta anterior. Las importaciones también mejorarían, proyectándose en US$ 79.550 millones. Con estos números, el superávit comercial anual esperado alcanzaría US$ 16.506 millones, lo que representa US$ 2.392 millones más que lo anticipado hace un mes. Esta mejora en las cuentas comerciales podría reflejar expectativas sobre una mayor demanda global de productos argentinos, especialmente de origen agropecuario.
El frente fiscal también fue objeto de revisión. La proyección del resultado fiscal primario del Sector Público Nacional no Financiero se estima en un superávit de $15,9 billones para 2026, aunque con una merma de $100 mil millones respecto a lo proyectado en marzo pasado. Aunque sigue siendo un superávit, el ajuste a la baja sugiere que los analistas anticipan presiones sobre las cuentas públicas, posiblemente vinculadas a mayores gastos, menores ingresos tributarios, o una combinación de ambos.
Implicancias y escenarios abiertos
El cuadro que emerge de estos números revela una economía que se mueve entre tensiones contradictorias. Por un lado, la inflación mensual parece estar iniciando un proceso de desaceleración, y el superávit comercial mejoraría respecto a lo anticipado anteriormente. Por otro, las expectativas de crecimiento se reducen, el desempleo tiende a aumentar, y las proyecciones de inflación anual se revisan al alza. Los analistas, al parecer, están señalando que aunque la economía logra mantener ciertos equilibrios macroeconómicos básicos —saldos comerciales positivos, resultado fiscal superavitario—, la capacidad de generar crecimiento y empleo se ve limitada.
El conjunto de proyecciones presentadas por las consultoras en abril constituye un ejercicio de revisión de supuestos ante cambios en las condiciones económicas. Aunque los datos varían de manera relativamente modesta respecto al mes anterior, la dirección de los ajustes transmite un mensaje: el escenario económico es más restrictivo que lo que se había previsto. Una inflación anual de 30,5%, incluso si es inferior a la de 2025, mantiene la erosión del poder adquisitivo en niveles elevados. Un crecimiento de 2,8% es positivo, pero modesto comparado con lo que otras economías latinoamericanas experimentan o anticipan. Una tasa de desocupación que avanza, aunque lentamente, indica que el mercado laboral enfrentará desafíos en los próximos meses. Estas dinámicas interconectadas sugieren que el año 2026 presenta para la economía argentina un horizonte complejo, donde los equilibrios macroeconómicos conviven con restricciones microeconómicas que afectan a empresas, trabajadores y consumidores.



