El premio que todos quieren, que pocos logran

En los círculos empresariales argentinos existe un consenso casi unánime: el reconocimiento que otorga EY, la colosal consultora internacional, funciona como el máximo galardón que puede recibir un ejecutivo o fundador. No es una opinión caprichosa ni una exageración de marketing. Durante dieciséis años consecutivos, la firma ha estado identificando y premiando a los nombres más destacados del tejido productivo del país. Lo distintivo del proceso reside en que el ganador no simplemente recibe una copa en una ceremonia local: debe trasladarse hasta Mónaco en mayo para competir contra emprendedores y líderes seleccionados de cincuenta naciones distintas. Es allí donde se juega la partida internacional, en ese escenario de lujo y exclusividad donde se reúne lo más refinado de la comunidad empresarial global.

La historia de quiénes han llegado a esa final monegasca refleja el poderío económico argentino de las últimas décadas. Nombres de resonancia internacional han representado al país: desde Marcos Galperin, quien revolucionó el comercio electrónico regional, pasando por Martín Migoya con su innovación en tecnología, hasta Marcelo Mindlin que supo construir un imperio en telecomunicaciones. Sin embargo, solo uno ha logrado conquistar el premio máximo en ese escenario internacional. Gastón Taratuta en 2022 obtuvo la distinción de Mejor Emprendedor del Mundo por su gestión en Aleph, la plataforma que conecta las grandes redes digitales globales con marcas y consumidores. Ahora le toca el turno a Federico Lauría.

Dale Play y el ascenso de un imperio del entretenimiento

Lauría fue galardonado el pasado jueves con el premio de Emprendedor del Año en la ceremonia que EY realizó en Argentina. Su empresa, Dale Play, es un fenómeno en la industria del entretenimiento y la producción de espectáculos. Bajo su liderazgo, la compañía se consolidó como una potencia en la gestión y proyección de artistas que escalaron a posiciones de relevancia internacional. La firma está detrás de figuras como Bizarrap, cuya colaboración con Shakira marcó un hito en la música latina; Duki, quien posicionó el trap argentino a nivel mundial; y Nicky Nicole, entre otros talentos que lograron trascender las fronteras locales. No es mérito menor que un productor local de entretenimiento haya conseguido colocar a sus artistas en la escena mundial con esa solidez y proyección.

En la ceremonia de premiación, Fernando Paci, quien lidera EY Argentina como Managing Partner regional, expresó su valoración sobre el trabajo de los premiados. Paci señaló que la firma mantiene su compromiso de honrar a aquellos empresarios que, a pesar de los cambios discontinuos en el entorno económico y los desafíos cada vez más severos que presenta el contexto, siguen apostando con iniciativa, pasión y perseverancia a la construcción de futuro. Esas palabras no fueron ornamentales: reflejaban la realidad de gestionar un negocio en Argentina en tiempos turbulentos.

Lauría ahora debe prepararse para competir en Mónaco a comienzos de mayo. El desafío es mayúsculo: enfrentarse a emprendedores de otros cincuenta países, muchos de ellos con recursos, mercados y estabilidad regulatoria que Argentina aún está buscando consolidar. Su candidatura llevará la bandera de Dale Play y del modelo de negocios que representa: una empresa de entretenimiento que supo escalar en un contexto de volatilidad económica.

Cuando la élite se reúne: lujos, debates y preocupaciones

La ceremonia se desenvolvió en la mansión del emblemático hotel Four Seasons, donde se sirvió una comida de la máxima categoría. Pero más allá del espectáculo y la pompa, lo que sucedió en torno a las mesas de esa noche dejó traslucir conversaciones de peso. No todos celebraban con el mismo entusiasmo. Si bien el clima era festivo y los reconocimientos abundaban, las opiniones sobre la coyuntura nacional que circulaban entre los comensales mostraban matices considerables. Facundo Gómez Minujín, CEO de JP Morgan para la región, fue distinguido en la categoría Ejecutivo del Año. Su empresa se proyecta a crecer a cinco mil empleados durante este año, impulsada por la sofisticación de los servicios que desde las oficinas argentinas se distribuyen hacia otras filiales de JP Morgan alrededor del planeta. Desde las mesas se escuchaban felicitaciones también para su madre, Marta Minujín, la artista plástica consagrada internacionalmente.

Eduardo Elsztain, presidente de IRSA, fue reconocido por su trayectoria empresarial. En su discurso de aceptación, Elsztain evocó recuerdos de infancia, remontándose a las conversaciones con su abuelo, que lo introdujo tempranamente en los mecanismos y la filosofía de los negocios. Sus cercanos mencionaban, sin demasiado recato, que próximamente se inaugurarán desarrollos comerciales de gran envergadura: un mega centro comercial en Haedo, otro más en La Plata, y la venta de diecisiete lotes en el predio que fue la histórica ciudad deportiva de La Boca. Leticia Fenoglio recibió el premio a la Mujer Destacada por su aporte a la generación de valor y a las políticas de inclusión. Fenoglio representa la tercera generación de su empresa familiar, aquella que saltó a la proyección mundial gracias a una idea simple pero efectiva: frambuesas frescas cubiertas de chocolate. En la categoría Innovación, Gabriela Renaudo de Visa Argentina fue la ganadora, quien agradeció con un mensaje que apuntó a la importancia de las personas de calidad en los equipos.

Otros nombres también fueron honrados esa noche. Tomás Mindlin, a través de su empresa tapi, que proporciona soporte tecnológico para transacciones y pagos financieros, fue premiado en la categoría Emergente. Y en el rubro de Responsabilidad Social, se compartió el galardón entre tres destacados: Juan Manuel de la Fuente de Fundación PUPI, Jorge De All de la Asociación Civil Cuerpo & Alma, y Betiana Velaz de Fuerza Mujeres.

Las grietas en la celebración: dilemas del nuevo modelo económico

Sin embargo, detrás de la brillantez de los cristales, la ternera braceada en el menú y la atmósfera de éxito, emergieron preocupaciones que los empresarios compartían sin mayores filtros. Entre quienes acompañaban a Elsztain, algunos expresaban que Argentina atraviesa una transformación radical. El país, según sus perspectivas, deberá competir de maneras en que nunca antes lo hizo. Estos sectores no parecían preocupados por la contracción del consumo interno que está ocurriendo. Su inquietud residía en otro lugar: en que se "solidifique la dirección" de las políticas económicas en marcha. La lógica que subyacía a estas conversaciones era que mientras ciertos rubros —como el agro, la energía y la minería— muestran dinamismo y perspectivas de crecimiento, otros sectores que históricamente alimentaron el empleo en los conurbanos, como la construcción e industria, enfrentan caídas significativas.

Otros empresarios presentes levantaban banderas rojas sobre la desigualdad territorial y sectorial que genera este nuevo modelo económico. El riesgo que veían era que se profundice la brecha entre regiones prósperas y regiones rezagadas, entre sectores pujantes y sectores deprimidos. Esas conversaciones, aunque matizadas y formuladas con la elegancia de los salones empresariales, evidenciaban tensiones reales sobre sostenibilidad social del modelo.

Lo más revelador fue quizás lo que surgió sobre el horizonte político. En una de las mesas, con los postres a punto de servirse, la preocupación emergió sin tapujos: ¿qué ocurrirá durante el año electoral que se aproxima? Más específicamente, ¿qué harán los fondos especulativos que actualmente están en una posición eufórica apostando al carry trade, aprovechando las tasas de interés extraordinariamente altas en dólares? ¿Serán suficientes las reservas del Banco Central para resistir un cambio abrupto en el sentimiento de los inversores? Una participante formuló la pregunta de manera directa: "¿Lo podrán surfear?", en referencia a si la economía argentina lograría navegar esa potencial tormenta.

Thiel, desregulación y cuestionamientos democráticos

Otro tema que circuló entre los comensales fue la presencia de Peter Thiel, el multimillonario estadounidense que está radicado temporalmente en Argentina por dos meses. Thiel es propietario de empresas de envergadura global, incluyendo Palantir, y fue cofundador de PayPal. Algunos de los empresarios presentes habían compartido encuentros con él. Al referirse a Thiel, calificaban su intelecto como "deslumbrante", aunque solicitaban que sus comentarios quedaran fuera de los registros públicos. Pero otros empresarios presentes ofrecían un contrapunto más crítico. Reconocían que Thiel puede ser brillante y que su presencia en Argentina coincide con el impulso desregulador que promete el Gobierno. Sin embargo, marcaban un límite: los cuestionamientos que Thiel ha formulado públicamente sobre los fundamentos de la democracia liberal no pueden ser ignorados o minimizados.

Es en esas tensiones donde se revela la complejidad de los tiempos: entre el optimismo sobre las oportunidades de negocios que abre un modelo desregulado, y las advertencias sobre riesgos macroeconómicos y políticos que acechan. La comida en el Four Seasons fue testigo de esos debates que la prensa no captura en sus titulares pero que definen el clima de la élite empresarial.

El veredicto de Mónaco y la composición del jurado

Mientras se servía el café y los comensales se disponían a los cigarros y digestivos, un jurado compuesto por figuras de relieve empresarial deseable éxito a Federico Lauría en su viaje a Mónaco. El panel incluía a Daniel Novegil, Gustavo Grobocopatel, Marcelo Mindlin, Hugo Sigman, Carlos Miguens, Santiago del Sel, Santiago Bilinkis, Miguel Kiguel, Sergio Berensztein, Clarisa Estol y María Eugenia Estenssoro. Estos nombres representan distintos sectores de la economía argentina: desde la agroindustria hasta las finanzas, desde la tecnología hasta el sector público. El resultado de la competencia global se conocerá a comienzos de mayo, cuando Lauría se enfrente a sus pares de otras latitudes. Habrá entonces que ver si Dale Play y el modelo argentino de gestión empresarial logran resonar en ese escenario de alcance mundial, o si quedan circunscriptos a la celebración local. Por ahora, la expectativa está servida.