Un fenómeno económico peculiar se despliega en las entrañas del comercio moderno argentino: el sector logístico crece con velocidad, pero sus ganancias se contraen. Este aparente contrasentido refleja las tensiones profundas de una industria atrapada entre la expansión vertiginosa del comercio electrónico y una competencia feroz que erosiona sus márgenes operativos. Las empresas transportistas, distribuidoras y operadores logísticos multiplican sus volúmenes de operación mientras ven menguar sus retornos financieros, un escenario que plantea interrogantes sobre la sustentabilidad del modelo actual.

Durante los últimos años, la demanda por servicios logísticos se multiplicó de forma exponencial en toda América Latina, impulsada por el comercio digital que modificó radicalmente los patrones de consumo. Argentina no ha sido excepción a esta tendencia global. Plataformas de venta online, marketplaces y pequeños emprendimientos que operan desde internet generan un flujo constante de paquetes, envíos y cargas que requieren ser trasladados, clasificados, almacenados y entregados. Este aumento en los volúmenes operativos se traduce en cifras de crecimiento que resultan atractivas a primera vista para analistas y empresarios. Sin embargo, detrás de esas métricas de expansión subyace una realidad económica menos glamorosa.

El dilema de crecer sin ganar

La compañía local Tasa personifica con claridad este dilema que atraviesa al sector. A pesar de registrar tasas de crecimiento en volumen significativas —indicadores que en otros rubros despierten entusiasmo inversión— la empresa experimenta márgenes de rentabilidad que no acompañan esa expansión. Este desajuste entre el crecimiento cuantitativo y los beneficios financieros constituye un problema estructural: la competencia feroz que caracteriza al mercado logístico ha generado una presión bajista sobre los precios de los servicios. Cuando múltiples operadores disputan por los mismos clientes, la estrategia de ganar mercado mediante reducciones de tarifa se convierte en práctica común, con consecuencias directas sobre la rentabilidad.

Los números revelan una industria en una encrucijada. Por un lado, los volúmenes de carga transportada, los paquetes procesados en centros de distribución y las entregas completadas crecen año tras año. Por otro, el ingreso promedio por operación disminuye. Esto significa que las empresas deben ejecutar más transacciones para mantener niveles de ganancia similares a los de años anteriores. A su vez, operaciones de mayor volumen demandan inversión en infraestructura, flota vehicular, sistemas de tecnología y recursos humanos. El resultado es un círculo donde la expansión genera costos que no siempre son cubiertos adecuadamente por los ingresos derivados de esa misma expansión.

Un fenómeno regional con características locales

Este patrón no se limita a Argentina. Empresas de logística en toda la región latinoamericana enfrentan desafíos similares. Brasil, Chile, Colombia y otros países de la zona registran escenarios análogos: crecimiento de volúmenes sin correlato en aumentos de ganancias. La diferencia es que mientras en algunos mercados regionales existen economías de escala más consolidadas, o industrias logísticas con mayor madurez, en Argentina estos desafíos adquieren particularidades propias, vinculadas con la volatilidad macroeconómica, los costos de energía, combustible y mano de obra, y la intensidad de la competencia local. Las empresas argentinas operan en un contexto donde los costos estructurales son altos pero el poder de fijación de precios es bajo, una combinación problemática.

La coyuntura internacional y local ha acentuado estas presiones. Aumentos en tarifas de servicios básicos, incrementos en el valor del combustible, salarios que buscan acompañar la inflación: todos estos factores elevan los costos operativos. Simultáneamente, la capacidad de los clientes para absorber aumentos de precios es limitada, particularmente en un contexto donde el comercio electrónico sigue siendo en proporción un segmento menor del total de consumo en Argentina. Las márgenes se ajustan como resultado, y las empresas deben elegir entre aceptar rentabilidad reducida para mantener volúmenes, o perder clientes al intentar mantener márgenes históricos.

Este diagnóstico del sector logístico convive con dinámicas más amplias del empresariado argentino. Mientras tanto, en círculos diplomáticos y empresariales, se concretaron movimientos de otra naturaleza: la despedida del embajador de Israel en Argentina registró encuentros que reflejaron la complejidad de vínculos geopolíticos, comerciales y culturales que rodean a la comunidad de negocios. Tales eventos, aunque distantes de la operatoria cotidiana de un transportista o distribuidor, forman parte del tejido donde se toman decisiones económicas mayores, donde se tejen acuerdos comerciales y donde se trazan derroteros políticos que impactan, directa o indirectamente, en sectores como el logístico.

De cara al futuro, la pregunta que atraviesa al sector es cuánto tiempo pueden sostenerse estos márgenes reducidos antes de que algunas empresas se retiren del mercado o busquen consolidaciones mediante fusiones. La lógica económica sugiere que un sector donde el crecimiento no se traduce en rentabilidad enfrenta presiones para optimizar operaciones, desarrollar tecnología que reduzca costos, o encontrar nichos de mayor valor agregado. El comercio electrónico seguirá creciendo, generando más demanda por logística, pero las condiciones en que ese crecimiento ocurra determinarán si la industria logística argentina logra evolucionar hacia un modelo más estable o si continúa en la senda actual: operando a mayor escala pero con recursos cada vez más ajustados. Diferentes actores del sector, trabajadores, empresarios y analistas, poseen visiones distintas sobre cuál será el desenlace: algunos confían en que la maduración del mercado y la consolidación industrial resolverán naturalmente la tensión; otros advierten sobre riesgos de precarización laboral y reducción de calidad en servicios si los márgenes siguen comprimiendo.