En las próximas tres semanas se concretará una de las operaciones empresariales más significativas del sector energético argentino de los últimos tiempos. Los empresarios locales José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filibertis, en alianza con la firma comercializadora de energía suiza Mercuria Energy, formalizarán la compra de Raízen Argentina, la compañía que administra la red de distribución de Shell en el país. Con este movimiento, estos inversores consolidarán un esquema empresarial sin precedentes en la industria energética nacional: un conglomerado que abarca desde la extracción de crudo en el corazón de Vaca Muerta hasta la venta de combustible en casi 900 puntos de distribución diseminados por todo el territorio argentino.
El valor estimado de la transacción ronda los 1.400 millones de dólares, cifra que resulta estratégica tanto para el comprador como para el vendedor. Para Raízen, empresa brasilera controlada conjuntamente por Shell y la corporación Cosan, esta venta representa un alivio financiero de consideración. La compañía matriz enfrenta una deuda aproximada de 13.000 millones de dólares y necesita capital para reestructurar sus obligaciones ante acreedores en el marco de procesos legales en Brasil. Para los adquirentes locales, en cambio, representa el acceso a un segmento del mercado energético que hasta ahora escapaba de su control, permitiéndoles completar una cadena productiva que se extendía incompleta.
De la cantera a la bomba: la integración vertical del poder energético
La estructura que está armándose responde a un modelo de negocio que ya domina en otros sectores de la economía nacional: la integración vertical. En la cumbre de esta pirámide operativa se posiciona Phoenix Global Resources, la petrolera participada por Mercuria Capital e Integra Capital, que actualmente extrae aproximadamente 21.000 barriles diarios de petróleo de esquisto en las áreas Mata Mora Norte, Confluencia Norte y Confluencia Sur de la formación de Vaca Muerta. Esta empresa, bajo la dirección técnica de Pablo Bizzotto —un ingeniero con trayectoria previa en YPF que se destaca por su expertise en la caracterización de la formación neuquina—, se posicionó como la primera compañía en expandir los límites operacionales de Vaca Muerta hacia la provincia de Río Negro.
Los planes de inversión de Phoenix Global Resources apuntan a un crecimiento exponencial. La petrolera solicitará su inclusión en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, el mecanismo creado para atraer capital extranjero hacia proyectos de infraestructura e industria de alto impacto económico. Con esta protección regulatoria, la compañía aspira a invertir 6.000 millones de dólares en la ampliación de su capacidad extractiva, con el objetivo de incrementar su producción hasta alcanzar 80.000 barriles por día hacia 2030. La mayor parte de ese crudo alimentará directamente la refinería de Dock Sud —la misma que ahora pasará a manos de los inversores locales—, mientras que una porción se destinará a los mercados de exportación. Este esquema genera sinergias económicas evidentes: Phoenix produce a menor costo si vende al refinador cautivo, y Manzano y Vila optimizan sus márgenes de refinación y comercialización cuando adquieren petróleo de una fuente de producción propia.
Una competencia con herramientas renovadas
La industria petrolera argentina históricamente se caracterizó por la concentración de actores que dominan múltiples eslabones de la cadena. YPF y Axion Energy ya operan bajo este modelo integrado: producen, refinan y distribuyen combustible. Con la incorporación de Shell a su portafolio, el grupo de Manzano y Vila ingresa en el mismo juego con costos operacionales comparables. La refinería de Dock Sud, considerada una de las instalaciones más eficientes del país desde el punto de vista técnico, procesa crudo y lo convierte en productos terminados con rendimientos que le permiten competir en precios mayoristas. Al tener garantizado el suministro de petróleo propio a través de Phoenix, el nuevo operador reducirá significativamente la volatilidad de sus costos de materia prima y podrá ofrecer combustible en sus casi 900 estaciones de servicio con márgenes más ajustados que los competidores que dependen del mercado de crudos internacionales o de terceros productores.
Más allá de la batalla tradicional por cuota de mercado en combustibles fósiles, la adquisición de Shell abre para los inversores una ventana hacia el futuro energético. Edenor, la distribuidora de electricidad que también integra este conglomerado empresarial, ha expandido su objeto social para posicionarse en el epicentro de la transición energética argentina. La compañía ha anunciado su intención de instalar infraestructura de carga para vehículos eléctricos y paneles solares fotovoltaicos en las estaciones de servicio Shell. La estrategia contempla una economía circular a escala local: los techos de las gasolineras funcionarían como plantas generadoras de energía solar, proveyendo tanto los requerimientos propios de la operación como el suministro para cargar baterías de automóviles. El excedente de generación se volcaría a la red de distribución de Edenor, creando una fuente de ingresos adicional derivada de la venta de energía renovable.
Este movimiento hacia la electromovilidad no es casual ni prematuro. El mercado de vehículos eléctricos experimentó un crecimiento vertiginoso en los últimos meses. En marzo de 2026, la venta de unidades eléctricas se multiplicó por diez en comparación con el mismo período del año anterior, impulsada principalmente por la llegada de fabricantes asiáticos como BYD, que ofrecen vehículos a precios competitivos. A nivel global, el fenómeno es aún más contundente: en Europa, donde la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente encareció significativamente los combustibles fósiles, las ventas de automóviles eléctricos aumentaron un 50 por ciento en respuesta a la volatilidad de precios en los carburantes convencionales. Sin embargo, el despliegue masivo de electromovilidad en Argentina aún enfrenta un cuello de botella crítico: existe solamente un número aproximado de 260 puntos de carga pública en todo el país, una cifra que resulta insuficiente para sostener la demanda creciente y que representa una barrera de entrada para potenciales compradores de estos vehículos.
La magnitud de esta operación y sus implicancias presentan escenarios complejos para múltiples actores del ecosistema energético argentino. Por un lado, la consolidación de este imperio empresarial integrado podría generar economías de escala que resulten en menores precios finales para consumidores, reflejados tanto en surtidores de combustible como en tarifas de electricidad y servicios de carga para vehículos eléctricos. La inversión en infraestructura de electromovilidad, particularmente en zonas de cobertura de Edenor, aceleraría la penetración de esta tecnología en el mercado. Por otro lado, la concentración de poder en pocas manos en una industria tan sensible desde el punto de vista económico y social plantea interrogantes sobre dinámicas competitivas futuras, márgenes de ganancia, y la dependencia de decisiones empresariales privadas respecto de la cadena de valor energética nacional. Asimismo, la viabilidad de los planes de inversión de Phoenix Global Resources dependerá de factores externos como la evolución de precios internacionales de petróleo, cambios regulatorios, y la efectiva aprobación de los incentivos solicitados.
TITULO: Los magnates energéticos avanzan hacia un imperio integrado: petrolera, refinería y gasolineras bajo un mismo paraguas SUBTITULO: Manzano, Vila y socios ultiman la adquisición de la operación Shell argentina para cerrar una cadena que va desde Vaca Muerta hasta los surtidores, con apuestas a la electromovilidad TAGS: energía,empresas,inversión IMAGEN_QUERY: estaciones de servicio Shell Argentina gasolineras, refinería Dock Sud Buenos Aires, Vaca Muerta yacimiento petrolero Neuquén


