A partir de agosto de este año, el sector del trabajo doméstico en Argentina experimenta un reordenamiento en su estructura de ingresos que impacta directamente en la economía de decenas de miles de hogares. La Comisión de Trabajadoras de Casas Particulares estableció nuevas bandas de remuneración que contemplan tanto incrementos porcentuales como bonificaciones extraordinarias según la cantidad de horas que cada persona dedique a sus tareas. Se trata de un movimiento que reconoce, una vez más, la heterogeneidad que caracteriza a este rubro laboral: no es lo mismo quien dedica unas pocas horas semanales que quien vive en la propiedad donde trabaja o quien asume responsabilidades de supervisión sobre otros empleados.
El aumento base para agosto alcanza el 1,9 por ciento, cifra que representa apenas una corrección de bolsillo en tiempos de volatilidad económica. Pero el paquete salarial incluye componentes adicionales que buscan distribuir de manera diferenciada el alivio económico. Quienes trabajan más de dieciséis horas por semana recibirán veinte mil pesos como suma única y no remunerativa. Para aquellos cuya dedicación oscila entre doce y dieciséis horas, se fija un monto de once mil quinientos pesos, mientras que los que prestan servicios por menos de doce horas accederán a ocho mil pesos. Este esquema refleja una lógica de compensación que reconoce distintos niveles de vulnerabilidad económica según el grado de dependencia laboral. Los incrementos continuarán mes a mes hasta diciembre, aunque los porcentuales específicos para los meses subsiguientes fueron diferenciados según cada período.
Cinco categorías con valoraciones distintas
El ordenamiento vigente agrupa las funciones domésticas en cinco clasificaciones que reflejan, en términos de remuneración, el nivel de complejidad y responsabilidad asignado a cada tarea. En la base de la pirámide se encuentran quienes realizan tareas generales de mantenimiento del hogar: limpieza, lavado, planchado y elaboración de comidas. Representa el grupo cuantitativamente más importante dentro del universo doméstico. Para estos trabajadores, el piso establecido en agosto es de 3.804,66 pesos por hora con retiro (es decir, cuando la persona se retira diariamente del domicilio) y 4.072,38 sin retiro (cuando vive en la propiedad). Mensualmente, estos montos se proyectan en 466.756,20 pesos con retiro y 514.903,50 sin retiro.
Un escalón arriba se posicionan las personas cuidadoras y asistentes, quienes brindan atención no terapéutica a enfermos, discapacitados, niños, adolescentes o adultos mayores. Esta categoría reconoce que el cuidado requiere una disponibilidad emocional y una responsabilidad que trascienden las tareas mecánicas de limpieza. Sus ingresos horarios se fijan en 4.072,38 con retiro y 4.520,14 sin retiro, con equivalentes mensuales de 514.903,50 y 569.593,40 pesos respectivamente. Por encima, figuran los cocineros exclusivos y especialistas que desempeñan tareas que requieren idoneidad particular: 4.303,49 por hora con retiro y 4.684,53 sin retiro, lo que se traduce en 526.829,50 y 582.283,20 pesos mensuales. Las dos categorías superiores corresponden a quienes supervisan viviendas o coordinan el trabajo de otros empleados, con montos que alcanzan los 4.523,11 y 4.920,88 pesos por hora, o 564.246,70 y 624.313,90 mensuales.
Antigüedad y formas de pago: reglas para la continuidad laboral
Un aspecto central del marco regulatorio establece que el personal doméstico acumula un complemento por antigüedad equivalente al uno por ciento de su salario mensual por cada año trabajado en relación de dependencia. Sin embargo, existe una cláusula temporal importante: aunque un trabajador posea una trayectoria superior, solo se computarán los años desde septiembre de 2021 en adelante. Esta disposición, vigente desde hace varios ciclos, genera una suerte de "reset" administrativo que limita los beneficios acumulables para quienes tienen décadas de servicio en un mismo hogar. De hecho, la fecha límite para computar antigüedad se sitúa en septiembre de 2020 como punto de partida, lo que significa que prácticamente toda la historia laboral previa a ese momento queda excluida del cálculo.
La modalidad de pago también varía según la intensidad horaria. Aquellos que trabajan veinticuatro o más horas semanales para un mismo empleador reciben sus ingresos de manera mensual, ajustados proporcionalmente a las horas efectivas trabajadas. En cambio, los que prestan servicios por menos de veinticuatro horas semanales cobran por hora, lo que requiere un seguimiento más riguroso de asistencias y una dinámica de liquidación más frecuente. Esta bifurcación responde a la naturaleza misma del sector: mientras algunos trabajadores constituyen prácticamente empleados a tiempo completo, otros combinan varios empleadores o realizan tareas esporádicas, lo que demanda sistemas administrativos diferenciados.
La complejidad del esquema actual refleja décadas de negociación entre representantes de trabajadores, empleadores y el Estado. Argentina cuenta con una larga tradición de regulación en el sector doméstico, aunque la informalidad persiste como un desafío estructural. El trabajo en casas particulares, a diferencia de otros rubros, ocurre en espacios privados donde la fiscalización resulta particularmente dificultosa. Las nuevas tablas salariales que entraron en vigencia en agosto no resuelven este dilema de fondo, pero sí establecen pisos que, al menos en teoría, deben respetarse en toda relación laboral formalizada.
La imposición de aumentos mensuales escalonados hasta diciembre sugiere que los negociadores anticipan un contexto de inflación sostenida, buscando proteger el poder adquisitivo del sector mediante ajustes graduales. Este mecanismo contrasta con la práctica histórica de aumentos anuales o bianuales, indicando una readaptación a la volatilidad económica que caracteriza al país en los últimos años. Las personas que trabajan en casas particulares, especialmente aquellas con menores ingresos y sin acceso a otros sistemas de protección social, enfrentan presiones especiales cuando sus salarios no logran mantener el ritmo de la erosión monetaria.
CONTENIDO_CIERRE:Los efectos de esta nueva estructura salarial trascienden el ámbito puramente económico. Por un lado, empleadores que anteriormente operaban en la informalidad podrían encontrar costos más altos que desalienten la formalización de sus relaciones laborales, potencialmente profundizando el trabajo "en negro". Por otro lado, trabajadores que logren acceder a estas condiciones gozan de mayor protección legal y acceso a beneficios previsionales. La metodología de compensaciones diferenciadas según horas de dedicación reconoce realidades múltiples dentro del sector, aunque también genera interrogantes respecto a cómo se implementan estos controles en hogares donde la medición de jornadas puede resultar opaca. Los próximos meses mostrarán si estos pisos salariales logran estabilizarse en el mercado laboral doméstico o si la dinámica inflacionaria vuelve a erosionarlos antes de que termine el año.



