La japonesa Nissan anunció formalmente que se encuentra en conversaciones avanzadas con dos grupos empresariales argentinos de trayectoria consolidada para transferir completamente su estructura operativa local. Grupo Simpa y Grupo Tagle serían los receptores de una operación comercial que, de concretarse el traspaso, marcaría el fin de la etapa de poco más de una década en la que Nissan funcionó como verdadera terminal automotriz en territorio nacional. El movimiento estratégico devuelve a la multinacional a un esquema que ya había experimentado antes de 2015: operar únicamente como importadora a través de distribuidores locales, sin capacidad productiva propia ni responsabilidad directa sobre plantas de fabricación.

En un comunicado oficial, Nissan precisó que ha rubricado un Memorando de Entendimiento con ambas empresas, aunque aclaró explícitamente que esto no constituye un acuerdo definitivo ni vinculante. La compañía enfatizó que el proceso se encuentra todavía en una etapa de análisis detallado, donde cada organización involucrada examina exhaustivamente los distintos componentes del negocio antes de cualquier firma definitiva. "Un memorando de entendimiento no constituye un acuerdo definitivo. Actualmente, el proceso se encuentra en una etapa de análisis que implica la revisión detallada de los distintos aspectos del negocio por parte de las compañías involucradas, como paso previo a la eventual firma de un acuerdo definitivo", explicó la automotriz a través de su comunicado oficial. Esta cautela en el lenguaje refleja las incertidumbres que todavía rodean la operación y la posibilidad de que las negociaciones se dilaten o, incluso, fracase.

La transferencia, de prosperar, integraría la operación argentina dentro de NIBU, la unidad empresarial de Nissan que agrupa a treinta y seis mercados importadores en toda América Latina. Esta estructura permite a la multinacional mantener una presencia comercial significativa sin asumir los costos e inversiones que demanda la manufactura local. Nissan se apresuró a tranquilizar a su red de distribuidores y clientes, subrayando que las operaciones comerciales continuarían sin interrupciones durante el proceso. La comercialización de su catálogo de vehículos, los lanzamientos de nuevos modelos y los servicios de postventa seguirían funcionando de manera normal a través de la red de concesionarios. Adicionalmente, Nissan Plan de Ahorro, su popular esquema de financiamiento, mantendría su continuidad operativa sin sobresaltos.

Los actores locales que asumirían la operación

Ambas empresas poseen un extenso recorrido en el sector automotriz y sectores conexos, lo que las posiciona como contrapartes creíbles para este tipo de transición. Grupo Simpa nació hace más de cuatro décadas como una pequeña distribuidora de materias primas plásticas que el inmigrante rumano Mony Schwartz estableció a fines de los años setenta. A lo largo de las décadas, la empresa diversificó sus actividades incorporando la importación y distribución de herramientas Gamma. El punto de quiebre hacia el universo automotriz llegó en 2010, cuando la tercera generación de la familia Schwartz, representada por Martín y Miguel, decidió incursionar en la importación y ensamblaje de motocicletas. Hoy, Simpa controla la licencia de más de diez marcas de motos de segmento premium y opera una planta manufacturera ubicada en Campana, desde donde distribuye hacia todo el territorio nacional.

Por su parte, Grupo Tagle posee raíces aún más profundas en la historia empresarial argentina. Fue fundado por Manuel Tagle en 1935 en Córdoba, provincia donde continúa teniendo su base operativa principal. El giro hacia el segmento automotriz ocurrió a fines de los años setenta cuando Tagle se convirtió en concesionario de Renault. Sin embargo, la vinculación más prolongada de esta empresa con Nissan data de 1990, momento en el cual asumió la representación comercial de la marca japonesa en su jurisdicción. Esta trayectoria de tres décadas como distribuidor Nissan posiciona a Tagle con un conocimiento profundo del negocio, la red de clientes y la infraestructura necesaria para gestionar las operaciones.

Una historia de fabricación llena de obstáculos y decisiones estratégicas

El ingreso de Nissan como fabricante en Argentina estuvo plagado de cambios de rumbo y desviaciones respecto de los planes originales. En 2014, la automotriz anunció con gran fanfarria un ambicioso proyecto para manufacturar una camioneta pickup junto a Mercedes Benz y Renault en la provincia de Córdoba. La inversión prevista alcanzaba los seiscientos millones de dólares, cantidad que Nissan debería aportar de manera íntegra. Sin embargo, la alianza se resquebrajó rápidamente. Mercedes Benz se retiró del proyecto a escala mundial, habiendo apenas producido unas pocas unidades de su modelo X en España. Esta deserción dejó a Nissan en una posición incómoda: perdió al socio con el cual había planificado la producción y comercialización de la mayor cantidad de unidades que fabricaría en la planta cordobesa.

A pesar de estos obstáculos, Nissan no abandonó completamente su apuesta productiva. Entre 2018 y 2025, la empresa manufacturó la camioneta Frontier dentro de la planta de Renault en Córdoba, alcanzando un pico de producción de veinticinco mil unidades anuales. Paralelamente, la línea de montaje también fue utilizada para fabricar la camioneta Renault Alaskan durante un período comprendido entre fines de 2020 y 2024. Ambos modelos representaban la apuesta de Nissan por el segmento de camionetas, un mercado tradicionalmente rentable en Argentina. No obstante, la combinación de una crisis financiera internacional severa y las dificultades económicas locales erosionaron los márgenes de rentabilidad. Nissan tomó la decisión de paralizar la manufactura, acelerando incluso el cierre respecto del cronograma inicial: en octubre de 2024, dos meses antes de lo previsto, la planta cordobesa cesó operaciones. Con ella, desapareció también la producción del Alaskan de Renault.

El contexto actual del sector automotriz argentino refleja una tendencia más amplia de reconfiguración. En febrero de 2024, Mercedes Benz Argentina había ya efectuado un movimiento análogo al que ahora emprende Nissan: vendió su fábrica de Virrey del Pino y su licencia comercial para vehículos de lujo a Prestige Auto, un grupo encabezado por Daniel Herrero, con experiencia previa en Toyota, y Alfonso Prat Gay, exministro de Hacienda. Este precedente de apenas un año demuestra que la salida de terminales automotrices multinacionales de la producción argentina responde a presiones estructurales que afectan al conjunto de la industria. Nissan sería así la segunda terminal en poco más de doce meses en tomar esta decisión estratégica. La planta de Renault mantiene sus operaciones, aunque con una cartera reducida: actualmente fabrica únicamente la Kangoo, pero tiene previsto un lanzamiento industrial para fines de este año con la nueva pickup Niagara.