La vista hacia los jacarandás de Figueroa Alcorta acompaña estas mañanas a seis hombres que decidieron romper con el script conocido. En una oficina decorada con obras de Berni, rodeados de símbolos que evocan la Buenos Aires intelectual, estos ex CEO encontraron un propósito distinto al que la carrera corporativa tradicional prometía. No es un retiro, ni una consultora más. Es algo que llaman Eolas Capital Partner, un fondo de inversión que representa un giro radical en sus trayectorias profesionales: de ser los que dirigían desde arriba, ahora buscan acompañar desde cerca.
Sergio Kaufman, quien pasó 36 años en Accenture y ocupó durante 12 años la posición de máximo ejecutivo, encontró la mejor forma de explicar lo que dispara esta iniciativa. "En la vida corporativa se ingresa y se suben escaleras", cuenta. El ascenso es predecible: primero responsable de área, después gerente, luego socio. "Se van terminando las escaleras", continúa. Y fue en ese punto de saturación donde él y sus cinco colegas tomaron una decisión que en el ambiente corporativo se considera casi herética: en lugar de seguir trepando dentro del mismo edificio, decidieron construir escaleras nuevas, con otros.
El equipo que completa esta aventura reúne una acumulación de poder y conocimiento que llama la atención por su concentración. Nerio Peitiado dirigió la banca mayorista en Santander. Javier Goñi pasó 8 años al frente de Ledesma. Gabriel Martino, apodado "el pájaro" en los pasillos de la banca, fue CEO de HSBC. A esto se suman Guillermo Lipera, abogado de formación, Santiago Mignone, quien llegó a ser socio de PWC y presidió IDEA. Todos comparten una característica que los define: tienen entre 60 y 65 años. "Somos adolescentes vintage", bromean entre ellos, con esa ironía que caracteriza a quienes accedieron a las mejores posiciones dentro de sistemas jerárquicos tradicionales.
Capitales humano y financiero en la búsqueda de un nuevo sentido
Lo curioso es que estos hombres no necesitaban invertir. Sus carreras les permitieron acumular capital suficiente para vivir sin presiones financieras. Sin embargo, eligieron poner dinero propio sobre la mesa. Para Eolas Capital Partner, cada uno invirtió en partes iguales, un gesto que va más allá de la mera transacción económica. Es una apuesta personal, una declaración de fe en lo que pretenden construir. Ahora buscan asociarse con otros fondos para ampliar la capacidad de desembolso, pero mantienen el control sobre la dirección estratégica del proyecto.
¿Qué los diferencia entonces de cualquier otro fondo de inversión? La respuesta es tan simple como incómoda para la industria del capital de riesgo tradicional: no solo ofrecen dinero. "Lo singular es acompañar", explican sin vueltas. Aquí entra en juego algo que resulta casi imposible de conseguir en el mercado abierto: acceso a CEOs con treinta años de experiencia que dediquen tiempo a repensar estrategias, a analizar cómo atacar un mercado, a implementar operativamente lo que en papel suena fantástico. Este es el verdadero diferencial. Su valor no está en los dólares que invierten, sino en el conocimiento que ponen a disposición, en la red de contactos que abren, en la experiencia que transfieren.
Los encuentros semanales donde analizan proyectos juntos son esenciales. Cada decisión debe contar con unanimidad, lo que garantiza que el análisis sea exhaustivo y que todos estén comprometidos. Asignan dos socios como tutores de cada empresa en la que invierten, lo que convierte la relación en algo mucho más profundo que la típica reunión trimestral para revisar números. Es una asociación donde el emprendedor joven accede a una mentoría constante de gente que ya pasó por las grandes ligas del mundo corporativo argentino.
Los primeros pasos y una apuesta por el futuro
Hasta el momento, ya han puesto recursos en dos proyectos, y están listos para desembolsar en un tercero. El primero, Amar mascotas, representa una observación inteligente del mercado argentino: mientras la tasa de natalidad humana cae velozmente, ciudades como Buenos Aires registran un fenómeno inverso, con más animales de compañía que niños. El proyecto evoluciona hacia una propuesta de prepaga para mascotas, un sector que crece y que tiene espacio para innovación. El segundo, SAVE, apunta al ahorro consciente y estratégico, ayudando a personas y hogares a planificar sus recursos en función de objetivos específicos, como viajar al Mundial. Ambas iniciativas comparten algo que los ex CEO buscan deliberadamente: potencial de escalabilidad más allá de las fronteras nacionales.
Cuando se les pregunta qué miran a la hora de seleccionar proyectos, la respuesta es precisa: "La idea, la calidad del liderazgo, el equipo, que se piense en grande con Latinoamérica como primer paso. Y la capacidad de ejecutar e implementar esas buenas ideas". No buscan solo visiones románticas o ideas revolucionarias. Buscan equipos con templanza, con visión regional, con capacidad de hacer. Porque de eso saben: implementar es más difícil que ideologizar.
La pregunta sobre el contexto macroeconómico argentino emerge naturalmente. ¿Es este el mejor momento para estas iniciativas? La respuesta de los inversores es matizada pero optimista. Reconocen que el consumo aún no despega, que las señales no son todas positivas. Pero traen con ellos la experiencia de haber dirigido firmas líderes durante décadas. "A los que les fue bien son los que hicieron sin importar el momento", señalan. No se trata de cerrar los ojos ante los problemas reales, sino de entender que los grandes negocios se construyen a través de la acción persistente, calculada pero valiente. Quienes realmente edificaron algo siempre estuvieron en movimiento, independientemente del clima político o económico que los rodeara.
Lo que define a estos inversores es que no son especuladores de corto plazo buscando retornos rápidos. "No somos inversores financieros, somos inversores de conocimiento", afirman con convicción. Esa distinción es fundamental. Mientras muchos fondos ponen dinero y esperan resultados, estos hombres invierten tiempo, experiencia y red de contactos. Se involucran en las decisiones operativas, ayudan a resolver problemas que los jóvenes emprendedores no ven venir porque, sencillamente, no los han vivido antes. Guían, acompañan, "cruzan la primera parte del río donde muchos se ahogan", en sus propias palabras. Es una relación donde la energía juvenil del emprendedor encuentra el respeto y el conocimiento acumulado de quien ya recorrió caminos similares en contextos diferentes.

