A principios de 2025, el grupo Techint enfrentó un golpe comercial que obligó a tomar medidas drásticas en su operación local. La pérdida de una licitación internacional para la fabricación de tubería de acero destinada a un proyecto energético de relevancia dejó sin actividad a una de sus plantas históricas. La respuesta fue inmediata: 150 trabajadores fueron despedidos de las instalaciones de SIAT Tenaris ubicadas en Valentín Alsina, en la zona sur del Gran Buenos Aires. Pero simultáneamente, la empresa italiana-argentina no se resigna. Dos grandes proyectos vinculados a la extracción y transporte de gas desde Vaca Muerta podrían cambiar el panorama en los próximos meses, reactivando operaciones y potencialmente reincorporando capacidad productiva en la planta afectada.

El escenario que enfrentó Techint fue el siguiente: Southern Energy, una compañía energética que desarrolla un gasoducto de exportación dedicado al gas licuado, adjudicó la orden de compra a Welspun, una empresa metalúrgica india que comenzará las entregas de caños en Argentina desde agosto. Esta decisión representó la pérdida de uno de los mayores contratos disponibles en el sector. Sin embargo, el mercado ofrece otras oportunidades. Dos iniciativas en fase de desarrollo podrían absorber gran parte de la capacidad productiva que quedó ociosa: un polímero de 573 kilómetros que llevará mezcla de gases desde el corazón de Neuquén hasta Bahía Blanca, y otro de aproximadamente 500 kilómetros que conectará Vaca Muerta con la costa rionegrina. Ambos proyectos demandaran inversiones que rondan entre los 10.000 y 11.000 millones de dólares en conjunto.

Los proyectos que podrían revertir la crisis

El primero de estos megaproyectos es impulsado por Transportadora de Gas del Sur (TGS), empresa controlada por la familia Mindlin a través de Pampa Energía y los accionistas Sielecki. Este proyecto alcanza un nivel de madurez superior: ya cuenta con una decisión final de inversión aprobada. La iniciativa contempla la construcción de un poliducto que transportará la mezcla de hidrocarburos líquidos —etano, propano, butano y gasolina natural— desde las cuencas neuquinas hasta las plantas de procesamiento y fraccionamiento ubicadas en Bahía Blanca. El trayecto atravesará cuatro provincias: Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, constituyendo una obra de infraestructura de envergadura para el sur argentino. La inversión total requerida para esta iniciativa asciende a 3.000 millones de dólares.

El segundo proyecto proviene del consorcio liderado por YPF, en asociación con la italiana ENI y la empresa emiratí XRG. Esta iniciativa forma parte de un plan más amplio conocido como Argentina LNG, un ambicioso programa de licuefacción y exportación de gas natural. A diferencia del proyecto de TGS, el de YPF se encuentra en etapas previas de definición. El poliducto proyectado tendría una extensión cercana a los 500 kilómetros, dirigiéndose desde las operaciones en Vaca Muerta hacia el Golfo San Matías, en la costa atlántica de Río Negro. La magnitud de inversión requerida es sustancialmente mayor: entre 7.000 y 8.000 millones de dólares, según informó Horacio Marín, máximo ejecutivo de la petrolera estatal. La empresa proyecta finalizar la adjudicación de todas las licitaciones vinculadas hacia finales de año —octubre o noviembre— para tomar la decisión de inversión definitiva en diciembre.

Competencia internacional y ventajas tributarias

La posición de Techint para competir en estas licitaciones no es sencilla. La empresa enfrenta competidores de alcance global que cuentan con diferentes ventajas competitivas. Por un lado, está el antecedente reciente de Welspun ganando la licitación de Southern Energy, lo que demuestra la capacidad de los fabricantes indios de ofrecer precios competitivos. Por otro lado, existen empresas siderúrgicas chinas que se benefician de exenciones impositivas especiales otorgadas mediante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), un marco normativo que reduce significativamente los costos de importación para proyectos de relevancia nacional. Estas ventajas tributarias permiten que los competidores internacionales ofrezcan condiciones financieras difíciles de igualar para fabricantes locales. La tensión entre proteger la industria nacional y obtener los mejores precios para proyectos de envergadura continúa siendo un dilema sin resolución definitiva en la política económica argentina.

Existe también una limitación técnica que restringe las posibilidades de Techint en ciertos segmentos. Para el gasoducto dedicado específicamente al Gas Natural Licuado (GNL) que abastecerá a Argentina LNG, se requerirán tuberías de 48 pulgadas de diámetro. Las instalaciones de SIAT Tenaris en Valentín Alsina carecen de la capacidad productiva para fabricar caños de esa magnitud. La única alternativa viable para Techint en este segmento sería trasladar la producción a sus plantas ubicadas en Brasil, donde la empresa cuenta con infraestructura de mayor escala. Esta situación ilustra las limitaciones de la capacidad industrial instalada en territorio argentino y la necesidad de inversiones adicionales para expandir la base manufacturera regional.

Los despidos ejecutados en Valentín Alsina reflejan la estructura vulnerable de la industria pesada argentina. La planta de SIAT Tenaris tiene un historial de destacadas realizaciones: en los últimos años fabricó la tubería para el Gasoducto Néstor Kirchner —posteriormente rebautizado como Perito Moreno—, participó en la ampliación del Oleoducto del Valle (Oldelval) y en la construcción del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS). Estos antecedentes demuestran tanto la experiencia como la dependencia de la planta respecto de los grandes proyectos energéticos. Sin estos contratos, la operación no resulta económicamente viable con los actuales niveles de costo. La ausencia de una demanda estable y diversificada genera ciclos de contratación y desvinculación que afectan la estabilidad laboral del personal especializado.

La resolución de esta situación dependerá de múltiples factores que escapan al control de Techint. En primer lugar, resulta crítica la viabilidad financiera y técnica de los proyectos de TGS e YPF. La adjudicación de licitaciones requiere que las propuestas cumplan con especificaciones técnicas, plazos de entrega y estructura de costos competitiva. Simultáneamente, las decisiones de inversión dependen de variables macroeconómicas globales: los precios internacionales del gas, las tasas de financiamiento, la estabilidad cambiaria y las expectativas respecto de la demanda futura de energía en los mercados de exportación. Para Techint, ganar uno o ambos contratos permitiría recuperar utilización de capacidad y reincorporar trabajadores. Para los trabajadores despedidos, representaría la posibilidad de reinserción laboral. Para el país, significaría mantener actividad en la cadena de valor local en lugar de importar la totalidad de los insumos. Sin embargo, si las empresas competidoras internacionales logran adjudicaciones mediante menores precios o términos más favorables, la estructura de costos de la industria argentina podría profundizar su erosión competitiva a escala global.