La Argentina acaba de convertirse nuevamente en epicentro de una operación comercial de envergadura en el universo de las bebidas alcohólicas. La decisión de Caffo Group —histórica empresa calabresa que controla un vasto portafolio de marcas destiladas— de confiarle a Peñaflor la distribución de Cinzano a partir del 1° de julio representa un punto de inflexión en la estrategia de posicionamiento de esta firma italiana en territorios clave de América Latina. Lo que importa aquí no es solo un cambio de manos administrativo, sino la ratificación de que el país sudamericano sigue siendo un mercado cautivo para las grandes corporaciones de bebidas a nivel mundial, y particularmente para aquellas que apuestan a expandir sus líneas de vermut, espumantes y bebidas de bitters.
El protagonista silencioso detrás de la transacción
Durante décadas, Campari —el colosal grupo italiano— mantuvo bajo su control a Cinzano, esa marca de vermut nacida en Turín hace casi tres siglos. Sin embargo, a mediados de 2025, la corporación milanesa tomó la decisión de desprenderse de este activo, vendiéndolo a NewCo, la entidad constituida por Caffo Group 1915, por una cifra que alcanzó los 100 millones de euros. Para contextualizar la magnitud del negocio: Cinzano representaba menos del 2% de la facturación total de Campari en 2024, con ingresos cercanos a los 75 millones de euros. Un negocio prácticamente marginal para la anterior propietaria, pero con potencial considerable para quien ahora la administra. Caffo, por su lado, es una empresa de raigambre profunda en Calabria que lleva más de cien años elaborando destilados y operando en setenta países alrededor del globo. Entre sus productos más reconocidos figura Vecchio Amaro del Capo, el licor más vendido en Italia, junto con otras marcas como Destilería Durbino y diversos bitters y grappas que gozan de presencia internacional.
Argentina: el bastión mundial del vermut
Lo que hace de esta transacción algo particularmente significativo es el rol que ocupa Argentina en la geografía global del vermut. Según datos de International Wine and Spirit Research, el país es nada menos que el principal productor de vermut en toda América Latina, con una producción anual que ronda los 7,6 millones de litros. Esta cifra no es secundaria: evidencia una capacidad productiva robusta y, más importante aún, un mercado consumidor extraordinariamente sofisticado. De hecho, Cinzano ha encontrado en territorio argentino su mejor cliente global. Según datos manejados por la consultora Scientia, la marca controla nada menos que aproximadamente el 68% de penetración en supermercados, autoservicios y almacenes. La presencia es tan abrumadora que Lucas Pérez Averastegui, quien ocupa la dirección general para el Cono Sur de Peñaflor, no dudó en calificar el desempeño local como excepcional, destacando que las cuotas de mercado rondan el 70%. Estos números posicionan a Argentina, de facto, como el mercado más importante para esta bebida en el mundo entero.
Tal concentración de preferencias no es casual. Históricamente, Argentina ha desarrollado una relación cultural de más de cien años con Cinzano, transformándola en un producto prácticamente consustancial con las rutinas de consumo locales. El vermut, lejos de ser una categoría en declive, experimenta en el país una vitalidad que contrasta con otros mercados donde ha perdido tracción. Esta peculiaridad es lo que despertó el interés de Nuccio Caffo cuando visitó la Argentina hace algunos meses buscando un socio distribuidor que le permitiera consolidar el legado de la marca sin perder terreno comercial.
Peñaflor: la pieza clave del rompecabezas
Peñaflor no es cualquier bodega. Es la más grande de Argentina, controladora de un vasto porfolio que incluye marcas como Trapiche y Navarro Correas, junto con otros vinos de renombre. Su estructura de distribución, su capacidad logística y su penetración en canales de venta conforman un ecosistema ideal para quien busque expandir presencia sin invertir en crear una red desde cero. La alianza que ahora se concreta no es la primera que Peñaflor protagoniza en el terreno de las bebidas de lujo y destilados. Desde 2014, la bodega gestiona la distribución de productos de Diageo, la multinacional británica que controla etiquetas emblemáticas como Johnnie Walker y Smirnoff. Desde 2022, además, maneja la distribución de Antares, la cervecería artesanal argentina. Este historial demuestra que Peñaflor ha desarrollado expertise en la gestión de portfolios complejos y marcas con diferenciación clara en el mercado.
Para la familia Bemberg, propietaria histórica de Peñaflor, esta incorporación forma parte de una estrategia más amplia de diversificación e internacionalización. En mayo de este año, la familia completó la adquisición de una de las más importantes compañías vitivinícolas del Reino Unido, operando a través del grupo internacional del cual es accionista y controladora de Peñaflor. Previamente, en 2021, ya había ingresado al mercado estadounidense mediante la compra de un distribuidor de vinos de magnitud, con operaciones basadas en California. Estos movimientos revelan una visión empresarial que trasciende las fronteras nacionales y busca posicionar al grupo como jugador relevante en mercados de primer nivel.
La continuidad de la producción: un asunto pendiente
Un aspecto que genera cierta incertidumbre es lo relativo a la fabricación local. Por ahora, Cinzano continúa siendo elaborada en la planta que Campari mantiene en Capilla del Señor, la misma instalación donde se producen otras marcas que quedaron bajo control de Campari tras la venta, como Aperol, Cynar y Skyy. El arreglo operativo actual estipula que Campari proporcionará un servicio de fabricación transitorio a Caffo, lo que garantiza continuidad sin interrupciones en la cadena de suministro ni afectaciones a la red comercial establecida. Sin embargo, las posibilidades futuras quedan abiertas. Nuccio Caffo, director general de Caffo Group, reconoció en conversaciones posteriores a su visita al país que no se descarta que eventualmente sea Peñaflor quien asuma la fabricación local, o bien que se proceda a la importación directa del producto. De ese modo, la estructura quedaría así: Caffo como propietaria de la marca y dueña de la propiedad intelectual, Campari como fabricante transitorio, y Peñaflor como responsable absoluta de la distribución y la comercialización.
Oportunidades de crecimiento en una categoría resiliente
A pesar de dominar el mercado argentino con una cuota prácticamente hegemónica, Caffo y Peñaflor consideran que existe margen significativo para expandir la categoría. Caffo Averastegui comentó públicamente que, aun siendo ya líder indiscutible en el segmento, la marca "aún puede desarrollarse más tanto en los productos tradicionales como el vermut, y en futuras innovaciones en las que estamos trabajando". Esta declaración sugiere que la dirección de la empresa contempla tanto la profundización en el core business —es decir, el vermut tal como existe hoy— como la exploración de variantes y nuevas formulaciones que atraigan a segmentos de consumidores que quizás no han sido alcanzados hasta el momento. El relanzamiento de las líneas de Cinzano que ya está siendo preparado probablemente incluya presentaciones renovadas, campaña de marketing reforzada y mayor presencia en canales clave que aún ofrecen espacio para penetración adicional. La elección de Peñaflor como socio distribuidor se fundamentó específicamente en su "estructura con potencialidades distributivas y de marketing", según palabras de Caffo. Esto implica que la empresa italiana tiene confianza en que Peñaflor no solo mantendrá el nivel actual de ventas, sino que lo incrementará mediante una gestión ofensiva de la relación con retailers, mayoristas y canales de consumo fuera del hogar.
Implicancias y escenarios futuros
Esta operación genera múltiples líneas de análisis posibles. Por un lado, consolida la posición de Argentina como mercado estratégico en la geografía global de las bebidas alcohólicas, especialmente en lo referido a vermut y bebidas de aperitivo. Por otro, evidencia la tendencia de las grandes corporaciones italianas a buscar socios locales robustos que gestionen la distribución en mercados donde no operan directamente. La ausencia de operaciones propias de Caffo en Argentina —sus productos hasta ahora solo llegan mediante importadores puntuales— explica la necesidad de un aliado con capacidad de escala. Para Peñaflor, la incorporación de Cinzano representa una oportunidad de diversificación que complementa su portafolio existente sin competencia directa con sus vinos principales. Para los consumidores argentinos, el cambio de propiedad no necesariamente significará variaciones en acceso o disponibilidad del producto, al menos en el corto plazo, dado que se ha garantizado continuidad en la producción local. En plazos más extendidos, la evolución dependerá de decisiones respecto a dónde y cómo se elaborará Cinzano, y de si las "futuras innovaciones" mencionadas por Caffo logran resonancia en el mercado local. El hecho de que una marca con más de doscientos años de historia sea objeto de transacciones multimillonarias demuestra que, en el universo de las bebidas, la antigüedad y el posicionamiento acumulado siguen siendo activos valiosos, capaces de justificar inversiones significativas incluso cuando la facturación total es modesta en comparación con el tamaño del accionista anterior.



