El movimiento de marcas uruguayas hacia territorio argentino empieza a configurar una tendencia difícil de ignorar. Apenas medio año después de que Indian —apodada por muchos como "la H&M del Uruguay"— plantara bandera en la icónica calle Florida, otro jugador del país vecino decidió cruzar el charco. Esta vez con un perfil considerablemente más exclusivo y una historia de 25 años de trabajo en la curaduría de marcas internacionales: Magma on the road acaba de inaugurar un local en el Alcorta Shopping, el centro comercial porteño de referencia para el segmento premium.

No es casualidad que las dos empresas uruguayas hayan elegido destinos tan distintos dentro de la misma ciudad. Mientras Indian optó por la masividad y la visibilidad de Florida, Magma fue directamente al Alcorta, un shopping que en los últimos años se ha consolidado como el escaparate preferido para las marcas de moda internacional que buscan un público con alto poder adquisitivo y sensibilidad hacia las tendencias globales. La elección no fue improvisada. Alex Saúl, uno de los fundadores de la marca junto a Elianne Litwin, fue explícito al respecto: "Sabíamos que cuando desembarcáramos en Buenos Aires lo haríamos en el Alcorta, el shopping de referencia para las tendencias". Un posicionamiento deliberado que dice mucho sobre la estrategia de largo plazo de la empresa.

Un nombre conocido para quienes veranean en el Este

Para una porción significativa de los argentinos que cada verano cruzan hacia Uruguay, Magma no es ninguna novedad. La tienda es casi una institución en Punta del Este, donde muchos turistas locales la tienen marcada como primera parada obligatoria al llegar. La marca cuenta actualmente con seis locales en Uruguay y en 2019 ya había dado su primer salto internacional con la apertura de un espacio en Casa Costanera, en Santiago de Chile. Buenos Aires, en ese sentido, no es una aventura a ciegas sino el paso lógico de una expansión que viene construyéndose con paciencia y criterio.

El formato elegido para este debut porteño es el de un pop-up store, es decir, un local de dimensiones acotadas que funciona como vitrina del universo de marcas que Magma representa en Uruguay. Aunque el espacio actual es reducido, los planes a mediano plazo contemplan la apertura de un local de mayor tamaño en los próximos meses. Una apuesta que refleja confianza en el mercado argentino, a pesar —o quizás precisamente por— la volatilidad económica que históricamente caracterizó a este país.

La historia de Saúl y Litwin en el negocio textil es larga y atravesó sus propias turbulencias. Durante varios años, la pareja sostuvo en Uruguay la franquicia de Chocolate, la reconocida marca argentina de indumentaria. Pero la crisis de 2001 los obligó a reinventarse, y de esa reinvención nació Magma como un concepto multimarca con identidad propia. Desde entonces, el modelo de negocio se sostiene sobre un principio claro: no vender volumen, sino vender selección. "Traemos distintos modelos y marcas, pero pocos talles de cada uno", explicó Saúl, sintetizando en una frase la filosofía detrás de la propuesta.

Curaduría como propuesta de valor: marcas italianas, francesas y norteamericanas bajo un mismo techo

El corazón de Magma es lo que en el mundo de la moda se llama curaduría: la capacidad de rastrear tendencias globales, identificar marcas con proyección y traerlas en cantidades limitadas para un público que valora la exclusividad tanto como el diseño. En el local del Alcorta, los visitantes pueden encontrar firmas como Free People, Pendleton, Manos del Uruguay y A.S.98, además de la línea propia Magma x Magma. Y el catálogo seguirá creciendo: próximamente se incorporarán nombres de peso como Anine Bing, Coperni y Missoni, tres marcas con fuerte presencia en el radar de la moda contemporánea internacional.

Uno de los productos estrella de la tienda son los zapatos y botas italianos, piezas que históricamente representaron uno de los fuertes de Magma y que difícilmente se consiguen con esta variedad en el mercado local. La lógica de ofrecer pocos talles por modelo apunta a generar una experiencia de compra distinta: quien encuentra su talle en Magma sabe que no hay cien personas más comprando exactamente lo mismo. Es un modelo que fideliza porque apela a la singularidad, una variable que las consumidoras de este segmento priorizan por encima del precio.

Desde el lado del shopping, la recepción fue igualmente entusiasta. Daiana Szarfsztejn, gerenta del Alcorta Shopping, subrayó que la propuesta de Magma encaja de manera orgánica con el perfil de su clientela: "Buscamos que cada propuesta se integre de forma genuina con nuestra comunidad. Magma logra traer un concepto con identidad propia, adaptado al estilo de nuestra clienta, que valora la moda como una experiencia cercana, actual y con curaduría". No es la primera vez que el Alcorta apuesta por la diferenciación: en los últimos años incorporó a su mix marcas como Maje, Farm Rio, Sandro, The Kooples y Skinko, todas con una fuerte impronta internacional.

El momento elegido no es casual: la apertura importadora como ventana de oportunidad

La llegada de Magma a Argentina también tiene una lectura política y económica que no puede soslayarse. Durante años, las restricciones a las importaciones que caracterizaron a distintos gobiernos locales hicieron prácticamente inviable traer productos del exterior de manera rentable y sostenible. Litwin fue directa al respecto: "Nuestro objetivo desde hace años es llegar a Argentina y creemos que este es un buen momento. Antes no podíamos hacerlo por las trabas para importar". La apertura comercial impulsada por la actual gestión nacional aparece, entonces, como el catalizador que finalmente hizo posible lo que durante años quedó en el plano de la intención.

En ese contexto, la historia de Magma en Buenos Aires recién empieza. Con 25 años de recorrido, una comunidad de clientes argentinos ya formada gracias al turismo en el Este uruguayo, y un socio estratégico como el Alcorta Shopping, la marca tiene varios elementos a su favor. El desafío será consolidar esa presencia más allá del pop-up inicial y demostrar que el modelo de curaduría selectiva, tan exitoso en Uruguay y en Chile, puede sostenerse en una plaza tan compleja —y tan apasionante— como la argentina. Por lo pronto, la primera parada ya está abierta.