La tranquilidad que había ganado terreno en los mercados financieros locales durante las últimas setenta y dos horas se disolvió en una única jornada de intranquilidad. Tras tres días consecutivos de descenso, el indicador de riesgo soberano argentino aceleró al alza, trepando 11 puntos para ubicarse en 436 unidades. Un movimiento que, aunque revierte la tendencia alcista de corto plazo, mantiene los guarismos en niveles que no se veían desde el mes de abril de 2018. Lo que sucedió en el plano doméstico no es más que el reflejo de turbulencias que sacudieron los mercados internacionales, donde la atención de los operadores se fragmentó entre múltiples focos de incertidumbre: desde los movimientos en los precios de los hidrocarburos hasta la llegada de nuevas definiciones de política monetaria en la potencia del norte.
El respiro de días pasados y su corta duración
La semana anterior había traído consigo noticias que generaron optimismo entre los analistas de riesgo crediticio. Las agencias calificadoras, esas entidades que funcionan como árbitros de confianza para los inversores globales, modificaron su perspectiva sobre la Argentina. Primero fue Fitch la que ajustó su posición hace semanas, y días atrás Standard & Poor's replicó el movimiento con una perspectiva mejorada sobre la deuda soberana. Estos cambios de evaluación no son costuras sin importancia: cuando las dos principales agencias de rating elevan sus expectativas, los fondos de inversión internacionales se ven obligados a redimensionar sus carteras. Los reglamentos que rigen a estos fondos establecen cuotas de inversión en función del nivel de riesgo que caracteriza a cada nación. Una mejora en la calificación genera automáticamente presión compradora sobre los títulos del país beneficiado.
Este fenómeno fue exactamente lo que sucedió en los últimos tiempos. La recalificación disparó una ola de adquisiciones de bonos argentinos, lo que presionó a la baja el costo de financiamiento soberano de manera significativa. A lo largo de este mes, los papeles globales acumularon avances que alcanzaron hasta 5 puntos porcentuales, con los títulos de plazo más extenso concentrando la mayor parte de estas ganancias. El riesgo país, ese termómetro que mide la desconfianza del mundo hacia la capacidad de pago de un país, se había desplomado desde el jueves de la semana anterior, cuando S&P dio su veredicto positivo. Sin embargo, la euforia estaba destinada a ser efímera.
Cuando la plaza global estornuda, los emergentes se resfrían
Lo que cambió el martes fue el escenario internacional. La volatilidad que caracterizó a las plazas globales mostró su cara más cruda en una jornada donde múltiples factores perturbaron el equilibrio de los inversores. Un nuevo retroceso en los precios del petróleo introdujo incertidumbre en los mercados; simultáneamente, la atención se concentraba en dos eventos de magnitud: el anuncio de un acuerdo preliminar entre Washington e Irán, cuyo memorándum de entendimiento se formalizaría en territorio suizo, y el comienzo de la reunión de política monetaria de la Reserva Federal estadounidense, la primera bajo el liderazgo de Kevin Warsh como presidente de la institución.
Los mercados accionarios norteamericanos expresaron esta ambigüedad mediante movimientos contradictorios. El Dow Jones avanzó 0,6% hasta tocar un nuevo pico histórico, movido por la euforia inicial ante el acuerdo geopolítico. Pero el optimismo fue parcial: el Nasdaq se desmoralizó con una caída de 1,9%, mientras que el S&P 500 perdió 0,6%. Como explicó uno de los analistas consultados, la dinámica fue clara: el entusiasmo inicial por el acuerdo entre potencias se transmutó rápidamente en prudencia cuando los inversores demandaron ver los términos exactos del documento que se firmaría. La incertidumbre sobre qué incluiría ese memorándum, sumada a la espera de definiciones monetarias en Estados Unidos, generó un ambiente donde los operadores optaron por replantear sus posiciones.
En este contexto de mercados estadounidenses divididos, los papeles argentinos que cotizan en Wall Street reflejaron la tendencia recesiva. Con una sola excepción notable —Mercado Libre avanzó 1,7%—, las acciones locales cerraron mayormente en territorio negativo. El pulso de la economía local, medido a través del índice Merval, fue más contundente: perdió 3% cuando se convierte a dólares, ampliando el castigo que reciben los títulos argentinos en la valuación internacional. Los bonos globales, esos instrumentos que habían experimentado ganancias consecutivas, también giraron en reversa con retrocesos de hasta 0,5% a lo largo de toda la curva de plazos. Operadores consultados explicaron que este movimiento bajista respondía simplemente a una toma de ganancias: después de semanas de ascenso, algunos inversores resolvieron asegurar sus beneficios.
La plaza cambiaria absorbe el flujo externo con regulaciones de fondo
En el terreno del tipo de cambio, la jornada también dejó su marca. El dólar en las mesas de los principales bancos ascendió hasta alcanzar los $1.455 por unidad, movimiento amplificado por el elevado volumen operado tras el feriado del día anterior que había dejado reducida la actividad. El mercado de cambios mayorista, donde operan las instituciones financieras entre sí, mostró presiones en dirección similar, aproximándose a los $1.430. Sin embargo, el Banco Central mantiene su presencia activa en la plaza, dosificando el ritmo de compras para evitar acumulaciones excesivas de oferta de moneda extranjera que pudiera derrumbar aún más el tipo de cambio.
Según los analistas de mercado, la estrategia de la autoridad monetaria responde a un cálculo preciso sobre lo que sucederá en los próximos meses. El sector agrícola, que es históricamente el principal proveedor de divisas frescos, podría comenzar a reducir sus liquidaciones a medida que avanza el segundo semestre del año. Frente a este escenario futuro, los especialistas anticipan que el ritmo de compras de dólares que realiza el Central podría desacelerarse. La expectativa que predomina entre los operadores es un deslizamiento gradual del tipo de cambio, un retroceso que se mantendría dentro de márgenes cautelosos para no interferir con el proceso de estabilización de precios que constituye una prioridad para las autoridades. El Central reportó adquisiciones por US$ 79 millones en la jornada, cifra que refleja un ritmo moderado de intervención.
Perspectivas divergentes sobre lo que vendrá
La dinámica de los próximos meses se presenta con múltiples aristas. Por un lado, existe la posibilidad de que los cambios positivos en las evaluaciones de riesgo de la Argentina continúen atrayendo flujos de inversores internacionales, especialmente si las calificadoras mantienen una perspectiva constructiva sobre el país. Esto podría sostener una presión compradora sobre los bonos argentinos y frenar cualquier escalada inmanejable del riesgo país. Por otra parte, la volatilidad internacional seguirá siendo un factor determinante: cualquier deterioro en los precios de materias primas, movimientos inesperados en la política monetaria global, o complicaciones en la situación geopolítica podrían revertir rápidamente el sentimiento hacia los activos de mercados emergentes. El comportamiento del dólar y la capacidad del Central de gestionar las reservas de divisas también seguirán siendo variables críticas que condicionarán la estabilidad macroeconómica local.



