La estructura económica del país está transitando una transformación profunda que obliga a repensar cómo generan rentabilidad las empresas. Así lo planteó este martes Vladimir Werning, vicepresidente de la entidad monetaria, durante su intervención ante un auditorio de empresarios en el 43° Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas. El mensaje fue directo y sin ambigüedades: quienes pretenden sostener ganancias mediante operaciones de naturaleza financiera enfrentan un horizonte cada vez más estrecho. La advertencia reviste importancia porque señala la brecha entre lo que el equipo económico espera del sector privado y lo que históricamente ha sido práctica común durante períodos de volatilidad e inflación elevada.
El cierre de una era de márgenes inflados
Durante más de una década, las empresas argentinas operaron en un contexto de extrema incertidumbre macroeconómica. La volatilidad cambiaria, la inflación persistente y el riesgo país elevadísimo generaron escenarios donde obtener ganancias mediante operaciones financieras resultaba más atractivo que invertir en mejora de procesos productivos. Werning fue enfático al señalar que cuando el riesgo país superaba los 2.000 puntos, existía una justificación económica para que las compañías priorizaran estrategias defensivas. Sin embargo, ese mundo cambió radicalmente.
El funcionario subrayó que hoy, con el indicador de riesgo país perforando los 500 puntos, las condiciones que permitían sostener márgenes financieros especulativos simplemente desaparecieron. Esto no es un capricho de la autoridad monetaria, sino una consecuencia matemática de entornos con menor volatilidad. La ganancia que antes provenía de posiciones especulativas en divisas, tasas o derivados ya no puede ser el pilar de los negocios. Por el contrario, Werning indicó que "cobrará peso la capacidad de aumentar ventas por encima de la velocidad de remarcación de precios". Esta frase resume el desafío: crecer en volumen de comercialización sin depender de traslados de costos a los precios finales.
La implicancia es profunda. Las firmas deberán mejorar su eficiencia operativa, reducir costos estructurales, innovar en productos y procesos, y competir en base a productividad real y no a manipulación de márgenes nominales. Es un viraje hacia lo que podría considerarse una economía de "suma positiva" donde el crecimiento viene del mayor volumen y la mejora de procesos, no de traslaciones inflacionarias o ganancias financieras.
El fortalecimiento del balance central como ancla de credibilidad
Parte sustancial de la exposición de Werning se dedicó a detallar el estado sanitario de la institución que conduce Santiago Bausili. Los números que presentó resultan significativos en el contexto de la historia reciente del Banco Central. La entidad cerró el último ejercicio con una ganancia de $34.000 millones en moneda constante, lo que representa un salto de 34% respecto al año anterior. Adicionalmente, estos resultados provienen de estados contables auditados, lo cual añade un nivel de confiabilidad que no siempre caracterizó los registros de la autoridad monetaria en períodos previos.
El funcionario enfatizó que esta mejora no responde a maniobras contables o reacomodamientos de partidas, sino a un cambio sustancial en la gestión institucional. Los dividendos del ejercicio fueron canalizados hacia el Tesoro Nacional, mientras que el uso de letras transferibles se dirigió a recomprar pasivos de la propia entidad, mejorando la composición del balance. Este proceso contrasta de forma deliberada con la dinámica que Werning describe como heredada: aquella donde el Central financiaba al Estado utilizando sus propios dividendos, deteriorando simultáneamente su patrimonio, intensificando controles cambiarios e inyectando expectativas inflacionarias en la economía.
Lo relevante aquí trasciende la contabilidad pura. Un Banco Central con balance sólido y patrimonio creciente genera confianza tanto local como internacional en la moneda que emite. Werning presentó esto no como un ejercicio técnico, sino como la base material que respalda la credibilidad del peso y permite mantener ancladas las expectativas de inflación. El equipo económico sostiene una premisa que Werning reiteró: la escasez relativa de monedas en el futuro debería favorecer al peso por sobre el dólar, en la medida que se mantenga la estabilidad de precios y la solidez institucional.
Recuperación de capacidades operativas y gestión del frente externo
En materia de política cambiaria y reservas internacionales, Werning celebró lo que denominó una recuperación de la "capacidad de fuego" del organismo. Informó que en los últimos días la institución logró cerrar casi completamente su posición abierta en contratos de futuros de dólar, operación que implica sanear el balance del Banco Central de obligaciones forward que generaban tensión permanente en el mercado cambiario.
Por otro lado, destacó que el mercado de cambios absorbió sin traumas una fuerte demanda de pago de dividendos por parte de empresas multinacionales. Tras el último vencimiento de títulos de deuda privada externa (los denominados Bopreal), el funcionario informó que la deuda comercial privada heredada de administraciones anteriores está saneada en un 50%. Este dato sugiere una reducción significativa en los compromisos externos de corto plazo que podrían ejercer presión sobre las reservas.
En relación a la flexibilización para el atesoramiento de dólares por parte de personas físicas, Werning aportó información sobre el comportamiento post-electoral. Mencionó que un 90% de los dólares comprados en mercados libres para ahorro (aproximadamente US$ 1.000 millones por mes) permanecen dentro del sistema financiero local. Esta circulación de divisas dentro del sistema bancario argentino dinamiza la intermediación y el crédito en moneda extranjera sin necesidad de que tales fondos escapen hacia el exterior, erosionando así las reservas internacionales.
Inflación en baja y la normalización de tarifas como factor temporal
Respecto al comportamiento de los precios al consumidor, Werning adoptó una perspectiva diferenciada entre lo coyuntural y lo estructural. Reconoció que las lecturas recientes del Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostraron subas que algunos analistas interpretaron con preocupación. Sin embargo, el vicepresidente las atribuyó a factores estacionales transitorios. Mencionó específicamente rubros como carnes, indumentaria y educación, así como la normalización de tarifas de servicios públicos que durante un tiempo estuvieron comprimidas.
El mensaje central fue que estos movimientos no representan un quiebre en la tendencia desinflacionaria. Werning afirmó que "el ancla fiscal y monetaria no convalida el traslado de shocks de costos a otros precios", es decir, que la política económica está diseñada para evitar que cualquier presión puntual se propague hacia el resto de la economía. Proyectó una reducción continua de la inflación en los próximos meses, siempre y cuando se mantengan las políticas de control fiscal y monetario que caracterizan al programa implementado desde diciembre de 2023.
Crecimiento presente e inversión futura como motores de la reactivación
Al cerrar su intervención, Werning pintó un cuadro de una economía en recuperación activa. Afirmó que el nivel de actividad actual crece a un ritmo de 4,5% anual, impulsado principalmente por exportaciones que alcanzan niveles récord en todos los rubros y un consumo privado que superó máximos históricos. Estos dos motores ya están operando y generando dinamismo.
Sin embargo, el funcionario identificó una tercera fuente de crecimiento aún dormida: la inversión privada. Según su evaluación, el período de incertidumbre electoral frenó temporalmente las decisiones de gasto en capital. Pero con el calendario electoral ya definido, Werning pronosticó que tanto el financiamiento corporativo local como el externo comenzarían a despertar en breve plazo, encendiendo entonces el motor de la inversión. Este proceso de reactivación escalonada sugiere que el equipo económico espera una expansión sostenida en los próximos trimestres, con cada componente de la demanda agregada activándose gradualmente.
Implicancias y perspectivas abiertas
Las palabras de Werning ante los empresarios dejan abiertos varios interrogantes sobre cómo evolucionará el sector privado en este nuevo contexto. De un lado, el mensaje incentiva a las compañías a orientarse hacia mejoras reales de productividad, competitividad en precios y expansión de mercados. Esto podría potenciar un crecimiento más sólido y menos vulnerable a shocks externos. Del otro lado, existe la pregunta sobre cuál será la velocidad de adaptación de empresas que durante años obtuvieron rentabilidad a través de canales financieros, y qué ocurrirá con aquellas que no logren hacer la transición hacia modelos productivos de mayor eficiencia. Los indicadores macroeconómicos que Werning presentó sugieren que la ventana de oportunidad está abierta, pero también que la paciencia del equipo económico para con márgenes especulativos tiene límites. El contexto de baja inflación, menor volatilidad cambiaria y acceso a crédito creciente ofrece condiciones objetivas para que empresas de diversos tamaños inviertan en capacidad productiva. Sin embargo, la materialización de este escenario dependerá tanto de las decisiones que tomen hoy los tomadores de decisiones empresariales como de la estabilidad de las políticas macroeconómicas que el sector público logre mantener en el tiempo.



