El puerto de Amberes se convirtió en el último acto de un teatro de guerre silencioso donde los traficantes ensayan nuevas coreografías criminales cada semana y los funcionarios aduanales responden con equipamiento sofisticado y entrenamiento intensivo. La realidad es que mientras las autoridades belgas logran detectar volúmenes récord de cocaína en los contenedores que llegan desde América del Sur, los contrabandistas ya están diseñando sus próximos movimientos: rutas alternas por África occidental, embarcaciones semisumergibles sin tripulación, drones y aeronaves privadas. Lo que sucede en este puerto flamenco, el segundo más importante de Europa, proyecta sombras sobre toda la seguridad del continente y plantea interrogantes sobre si las medidas coercitivas pueden realmente detener el flujo de estupefacientes hacia mercados cada vez más sedientos.

Una puerta giratoria de 13,6 millones de contenedores

Bajo luces fluorescentes implacables, los inspectores aduanales trabajan en un ballet repetitivo y minucioso. Sara Van Cotthem, funcionaria de comunicaciones de la aduana belga, toma un cúter de seguridad y abre con precisión quirúrgica cajas de cartón. Adentro hay escaleras de aluminio fabricadas en China. Revisa la documentación, golpea la estructura metálica con un imán para verificar que sea realmente aluminio y no algún metal que sirva de disfraz. La operación es rutinaria en el puesto de inspección fronteriza del puerto, que el año pasado procesó el equivalente a 13,6 millones de contenedores de veinte pies de largo. La escalera pasa el control. El camión, atestado de cajas idénticas, prosigue hacia Alemania sin inconvenientes.

Pero esta es apenas la punta visible de un iceberg peligroso. Más allá de los intentos convencionales de evasión arancelaria o la importación de mercancías falsificadas, los aduaneros enfrentan presiones de naturaleza completamente distinta: organizaciones criminales violentas que desplazan toneladas de cocaína hacia el corazón de Europa. Entre enero de 2019 y junio de 2024, las autoridades belgass incautaron 483 toneladas de cocaína en Amberes, la cifra más elevada registrada entre diecisiete puertos europeos que reportan a la Agencia de la Unión Europea contra las Drogas. Ese volumen no es casualidad. Responde a una confluencia de factores: la explosión de la producción de cocaína en América del Sur, especialmente en Colombia; la reconfiguración de las redes criminales holandesas que abandonaron Róterdam para concentrarse en Bélgica; y el establecimiento de operaciones locales propias que convirtieron al puerto en un hub continental de distribución.

De 121 toneladas a un juego de gato y ratón sin fin

Los números dan vértigo. En 2023, Amberes alcanzó un récord histórico con 121 toneladas incautadas. Al año siguiente, la cifra bajó a 55 toneladas en 2025, lo que podría interpretarse como un triunfo de las medidas implementadas. Sin embargo, especialistas y autoridades advierten que esta reducción no refleja un debilitamiento de las operaciones de tráfico sino, en cambio, una adaptación sofisticada de los criminales a controles más estrictos. "Es como un juego de gato y ratón", explica Van Cotthem. "Cada vez, los traficantes encuentran nuevas maneras de contrabandear las drogas."

La tecnología desplegada en el puerto da cuenta de la escalada. Hace poco, aduanas adquirió nueve escáneres móviles de última generación, con tres unidades operando en otras locaciones portuarias. El objetivo es examinar contenedores sospechosos con rapidez, minimizando las ventanas de oportunidad que los criminales podrían explotar para recuperar sus cargamentos antes de que los funcionarios realicen inspecciones profundas. En 2025, fueron escaneados 65.000 contenedores de riesgo en el puerto, un número superior al ejercicio anterior. La meta final es alcanzar el escaneo de entre 350.000 y 400.000 contenedores mediante máquinas fijas en cintas transportadoras de flujo continuo.

Pero la sofisticación de los traficantes crece al ritmo de la tecnología de las autoridades. Los métodos para disfrazar la cocaína han evolucionado desde los tradicionales empaquetamientos dentro de frutas hacia técnicas imaginativas: mezclado con jugo de naranja, ocultado en piñas falsificadas, incrustado en cajas de cartón y textiles, escondido dentro de vigas de madera y piedras de pavimento. Los funcionarios aduanales dedican como mínimo un año de capacitación para reconocer marcas reveladoras en los contenedores escaneados: ruptures en patrones visuales, anomalías en los espacios entre mercancías oficiales, inconsistencias que el ojo entrenado detecta pero que los delincuentes intentan perpetuamente perfeccionar.

La ruta africana y las embarcaciones fantasma

Kristian Vanderwaeren, titular de aduanas y tributos de Bélgica, observa transformaciones más profundas en la operatoria criminal. Los traficantes están reencaminando sus rutas de distribución: en lugar de enviar cocaína directamente desde América del Sur a Europa, la desplazan primero hacia África occidental, en un circuito deliberadamente sinuoso diseñado para engañar los protocolos de riesgo que las autoridades utilizan para decidir qué contenedores inspeccionar. Estos protocolos se basan parcialmente en la identificación del país de origen de la mercancía. El cambio ha sido dramático: en 2025, Ghana emergió como el tercer país de origen más significativo en incautaciones belgas, detrás de Ecuador y Costa Rica, mientras que Colombia, la fuente tradicional de décadas, descendió al quinto lugar.

Paralelamente, los contrabandistas están abandonando los puertos convencionales. Operan lo que denominan "buques nodriza" procedentes de América del Sur que transfieren cocaína a embarcaciones más pequeñas o arrojan bultos impermeables equipados con flotadores y rastreadores GPS al océano para su recuperación posterior. Las fuerzas de seguridad han identificado estas prácticas desde locaciones tan australes como las Islas Canarias hasta puntos tan septentrionales como el Kattegat, el estrecho que separa Dinamarca de Suecia. Vanderwaeren advierte que no hay garantía de que dentro de poco tiempo los traficantes no intenten enviar drogas sin tripulación alguna. Europo informó hace poco que embarcaciones semisumergibles equipadas con antenas y módems "ya son probablemente capaces de cruzar el Atlántico sin personal a bordo".

Los cielos también han sido explorados. Vanderwaeren recuerda que autoridades brasileñas interceptaron hace algunos años un avión privado cargado de cocaína destinado a Bélgica. Su agencia estudia cómo interceptar aeronaves, drones y submarinos. "Pero no es un trabajo fácil de hacer. Muy a menudo necesitas también el apoyo o la ayuda de las fuerzas militares para esto", reconoce.

El efecto de la cama de agua: presión en un punto, desborde en otro

Las medidas de endurecimiento implementadas en Amberes y Róterdam han generado lo que los especialistas denominan un "efecto de cama de agua": la presión aplicada en un lugar simplemente desplaza el problema hacia otras locaciones. Francia y España se convirtieron en destinos atractivos para los traficantes. España reportó 123 toneladas incautadas en 2024, cifra récord, mientras que Francia experimentó un duplico de cocaína incautada entre 2023 y 2024. "Ves más incautaciones en España, ves más incautaciones en Francia, porque se está tornando cada vez más difícil para la mafia de Amberes introducir su mercancía en el puerto", explica Vanderwaeren.

Las autoridades belgas han respondido con una expansión de capacidades estatales. Contrataron personal policial adicional, incluida una unidad especializada en combate al contrabando en las instalaciones portuarias. "Somos muy duros, hemos invertido muchas más capacidades estatales para abordar el problema", sostiene Vanderwaeren. Sin embargo, el desafío escala junto con cada respuesta institucional, creando un ciclo donde los recursos nunca parecen suficientes.

Lo que los números no muestran: cambios en la arquitectura del tráfico

Letizia Paoli, directora de la cátedra de Derecho Penal y Criminología en la Universidad KU Leuven, introduce un elemento crucial en el análisis: nadie sabe con certeza cuánta cocaína realmente ingresa a Amberes. Su hipótesis, respaldada por evidencia, sugiere que los traficantes están modificando su enfoque táctico respecto al puerto. "Los traficantes rara vez envían múltiples toneladas en un solo envío, sino que prefieren enviar más envíos con cantidades pequeñas para distribuir el riesgo", señala. Esta transformación aparece reflejada en los datos: aumentaron las incautaciones de cocaína en cantidades inferiores a 100 gramos mientras que disminuyeron los grandes cargamentos entre 2023 y 2025 en Amberes.

Paoli también cuestiona la narrativa que circula sobre Bélgica como un potencial "narcoestado". Según su análisis, las prácticas de corrupción vinculadas al tráfico de drogas permanecen "bastante raras" y "de bajo nivel", especialmente cuando se comparan con naciones como México y Honduras, donde altos funcionarios han sido condenados por aceptar sobornos de carteles internacionales. La violencia relacionada con el narcotráfico en Bélgica también se mantiene en niveles bajos, aunque Paoli enfatiza su empatía con las advertencias formuladas por otros funcionarios.

Sin embargo, la disponibilidad de cocaína sigue siendo generalizada. "La cocaína permanece ampliamente disponible a un nivel muy elevado de pureza", advierte Paoli. "Los traficantes de drogas aquí ni siquiera se molestan en mezclar la cocaína con otras sustancias; la venden casi pura, con purezas del 80%, 90%, lo que no sucedía en el pasado. Esto sugiere que realmente hay más cocaína que pueden deshacerse." En investigación conjunta con colegas académicos, estimó en 2021 que los consumidores de la Unión Europea utilizaban 160 toneladas del fármaco anualmente, cifra que la policía considera una subestimación. Incluso si fuera significativamente superior, digamos 250 toneladas, señala que podría diluirse fácilmente en el volumen total de comercio legítimo: 2.100 millones de toneladas de mercancías ingresan anualmente a puertos europeos desde el resto del mundo.

Epílogo: la persistencia del flujo y sus implicaciones futuras

Lo que ocurre en Amberes trasciende los números de incautaciones y los equipos de escaneo. Representa una batalla asimétrica donde los recursos estatales luchan contra enemigos que se adaptan, mutan y encuentran circunvalaciones apenas los cercos se cierran. Las autoridades belgas han demostrado capacidad para detectar cantidades gigantescas de cocaína, implementar tecnología de punta y reorganizar sus estructuras operativas. No obstante, los cambios en las estrategias de los traficantes sugieren que cada victoria táctica puede traducirse en reconfiguración de rutas, métodos y geografías de distribución. El desplazamiento de volúmenes hacia puertos españoles y franceses, la experimentación con embarcaciones no tripuladas, el desvío de rutas mediante África occidental y la fragmentación de cargamentos grandes en envíos pequeños indican que el fenómeno no está siendo erradicado sino gestionado, contenido en ciertos puntos mientras se filtra hacia otros. Los próximos años determinarán si las inversiones en tecnología, personal y coordinación internacional logran adelantarse a la innovación criminal o si, nuevamente, los traficantes encuentran la próxima puerta que las autoridades aún no han aprendido a vigilar.