Las calles angostas del centro histórico ateniense bulle de movimiento. Grupos de turistas serpentean entre ruinas milenarias, siguiendo a guías que señalan cada recoveco arquitectónico. Hace poco, cualquier funcionario municipal habría festejado esta escena como símbolo de prosperidad. Pero los tiempos cambiaron en la capital griega, y su nuevo intendente tiene otras prioridades que las cifras de visitantes internacionales.
Haris Doukas, el intendente socialista que asumió el cargo en 2024 tras una sorpresiva victoria electoral con respaldo del partido Pasok, ha puesto un tema incómodo sobre la mesa: la ciudad está ahogándose en su propio éxito turístico. Con más de 8 millones de personas recorriendo sus calles anualmente —un récord histórico para lo que alguna vez fue apenas una parada de paso hacia las islas griegas—, la municipalidad enfrenta un punto de quiebre. El ex profesor de energía y clima no tiene dudas sobre el diagnóstico: "Atenas no puede funcionar como si fuera un hotel gigante". Así de directo es su planteo, así de sin vueltas sus intenciones de revertir una dinámica que considera destructiva.
El precio del éxito: infraestructura al colapso y vecinos desalojados
Los números cuentan una historia de transformación acelerada y sus consecuencias implacables. En el barrio de Plaka, ese sector emblemático que se despliega bajo la sombra de la Acrópolis, los alquileres por temporada se han más que duplicado desde 2018, de acuerdo a un relevamiento encargado por la propia administración municipal. Esta proliferación de viviendas destinadas al hospedaje turístico ha generado un efecto secundario devastador: los porteños de clase media y trabajadora simplemente desaparecieron de estos territorios. Ya no pueden pagar. Sus departamentos fueron convertidos en máquinas de hacer dinero para inversores ausentes que nunca pisan el lugar.
La presión sobre los servicios básicos es, por decirlo suavemente, insostenible. Doukas describe el cuadro con realismo sin romanticismos: mientras la municipalidad tiene que atender a unos 700 mil residentes permanentes, simultáneamente debe absorber el consumo y la demanda de infraestructura equivalente a otros tantos millones de visitantes anuales. El resultado es una ciudad en permanente estado de obra. "Todo Atenas está siendo excavada", comenta el intendente sin exagerar, "para poder soportar la carga. Estamos construyendo redes eléctricas, sistemas de agua, nuevos desagües, infraestructura 5G. Cuando tenés trescientos mil habitantes más en forma de visitantes simultáneos, la presión se vuelve colosal". Mensualmente, la municipalidad suma más personal, más equipamiento, más máquinas para intentar que el sistema no colapse definitivamente.
El contraataque normativo: una ley que cierre las puertas a la especulación
Doukas no se quedó en el diagnóstico. Desde que asumió, ha implementado una estrategia de confrontación abierta contra aquellos actores que identifica como responsables de la "expansión desenfrenada" en zonas turísticas neurálgicas. Su lista de enemigos es extensa: constructoras empeñadas en levantar edificios de múltiples pisos a los pies de la Acrópolis del siglo V a.C., inversores inmobiliarios buscando rentabilidad rápida, emprendedores que han poblado las azoteas con bares y restaurantes, frecuentemente sin las licencias correspondientes. Paralelamente, ha promovido ambiciones más verdes: aproximadamente 3.855 árboles fueron plantados en los 39 kilómetros cuadrados de la jurisdicción bajo su gestión, como parte de un plan declarado para "verdificar" lo que muchos consideran la capital continental más sofocante del continente.
Pero la medida más agresiva está por venir. Esta semana, Doukas anunció su intención de utilizar un proyecto de ley sobre uso de tierra vinculado al turismo, actualmente en debate legislativo, para imponer una prohibición total a nuevas actividades comerciales ligadas al sector en el casco histórico capitalino. Su objetivo específico es Plaka, donde planea "detener toda inversión turística". Sin eufemismos, explicó: "No hay más espacio. Ni para alquileres de corto plazo, ni para departamentos amueblados, ni para hoteles, ni para ningún otro uso turístico. La zona está saturada". Su propuesta apunta a que esta restricción quede cristalizada en la legislación permanente, transformando así una decisión política en un marco legal blindado contra futuras presiones. Los inversores que quieran desarrollar negocios turísticos deberán buscar otras áreas menos congestionadas de la capital.
El intendente también baraja la posibilidad de congelar los permisos de construcción para nuevos hoteles. Esta iniciativa vendría a complementar una medida anterior, implementada por el gobierno de centro-derecha, que ya había frenado las licencias para alquileres de corta duración en barrios con vista directa a la Acrópolis. Lo inesperado sucedió esta semana cuando, durante un evento dedicado a promocionar la ciudad, Evgenios Vassilikos, presidente de la poderosa asociación de hoteleros, sorprendió al respaldarlo públicamente. El empresario hotelero también planteó la posibilidad de establecer un techo en la construcción de nuevos hospedajes, citando el precedente de Barcelona, que desde 2017 no otorga licencias para hoteles adicionales. "No necesitamos reinventar la rueda", comentó Vassilikos, sugiriendo que ha llegado el momento para que el sector turístico ateniense reflexione seriamente sobre su futuro a una década o quince años vista.
Barcelona como espejo: cuando los alcaldes aprenden unos de otros
Doukas se siente fortalecido por tener a un aliado de esta magnitud dentro de la industria hotelera. Su respuesta fue inmediata: "Cuando todo el centro de Atenas se está convirtiendo en una zona hotelera, no puedo ser el único levantando la voz. Ahora que el presidente de la asociación de hoteleros también ha hablado, la discusión comenzó oficialmente. Atenas no puede transformarse en otra Barcelona". La referencia no es casual. El intendente de izquierda ateniense ha encontrado inspiración en Jaume Collboni, su contraparte barcelonés, quien hace poco anunció la prohibición total de alquileres de corto plazo a partir de noviembre de 2028, cuando se revocarán los permisos de más de diez mil departamentos. Ambos alcaldes integran un grupo de quince ediles de ciudades europeas que se adhirieron a un plan de acción continental sobre vivienda, exhortando a la Unión Europea a tomar medidas audaces para enfrentar la crisis habitacional.
El acceso a viviendas a precio asequible se ha convertido para Doukas en el desafío mayúsculo de su gestión. Dicho con claridad: muchas personas simplemente no pueden vivir en el centro capitalino porque la presión de la demanda turística hizo desplomar cualquier posibilidad de acceso a una propiedad o un alquiler permanente. Para combatir esto, constituyó una oficina especializada en vivienda social destinada a identificar inmuebles que puedan ser refaccionados con fondos europeos. La idea es incentivar a parejas jóvenes a quedarse en el perímetro céntrico, apostando a que una ciudad más verde, con menos edificios de hormigón y vidrio, con plazas públicas recuperadas y parques donde antes había ladrillo, resultará más atractiva para sus propios ciudadanos. "Mientras otras ciudades se están moviendo hacia el cemento y los rascacielos, nosotros estamos yendo en una dirección completamente diferente, incluyendo la demolición de edificios para crear espacios públicos con parques e instalaciones para niños. Atenas es para su gente. No es únicamente para quienes simplemente quieren explotarla", sentencia Doukas con un énfasis que no deja lugar a interpretaciones.

