Un giro dramático en la estrategia ambiental de BHP, una de las mayores extractoras de minerales del planeta, quedó expuesto a través de documentos internos que contradicen frontalmente los anuncios públicos que la compañía ha realizado durante los últimos años. La brecha entre lo que la empresa promete hacer y lo que realmente ejecuta en materia de reducción de emisiones plantea interrogantes profundos sobre la efectividad de las políticas climáticas australianas y la credibilidad de los compromisos corporativos frente a la crisis ambiental global.
Hace seis años, el entonces máximo ejecutivo de BHP brindó un discurso memorable en Londres durante una ola de calor que batía récords en toda Europa. Con temperaturas extremas que dejaban cientos de muertos y generaban daños en infraestructuras ferroviarias, aquel ejecutivo pronunció palabras que resonaron en círculos empresariales y gubernamentales de todo el mundo. Advirtió que la dependencia mundial de combustibles fósiles conllevaba riesgos de dimensiones catastróficas, incluso existenciales para la humanidad. Aseveró que enfrentar el calentamiento global requería una movilización comparable a la del esfuerzo durante la Segunda Guerra Mundial. La compañía subsecuentemente estableció metas públicas: reducir sus emisiones operacionales en un 30 por ciento hacia 2030 y alcanzar neutralidad de carbono para 2050. También se propuso limitar las emisiones indirectas generadas por el uso de sus productos, que en ese momento equivalían a la contaminación de aproximadamente 126 millones de automóviles circulando.
El proyecto que nunca fue
En mayo de 2025, seis años después de aquel discurso resonante, ejecutivos senior de BHP recibieron un memorándum interno cuyo contenido revela un escenario radicalmente distinto. El documento abordaba la descarbonización de la vasta red de operaciones mineras, plantas de energía, ferrocarriles y flotas de camiones diésel que constituyen la división de mineral de hierro en Australia Occidental. La urgencia de transitar hacia fuentes renovables, según lo expresado internamente, había disminuido considerablemente. La empresa sostenía que su plan original para alcanzar carbono neutral en la región hacia 2050 poseía una "probabilidad baja de éxito".
El memorándum presentaba un abanico de opciones que postergaban significativamente iniciativas centrales de descarbonización. Un proyecto de viento y energía solar de gran envergadura, con capacidad para abastecer aproximadamente 150 mil hogares, sufriría retrasos sustanciales. La empresa contemplaba tres escenarios alternativos para demorar la electrificación de sus flota de transporte terrestre y ferroviario. El primero, denominado internamente como caso "central" o de "despliegue FY35", trasladaría el lanzamiento de camiones y trenes eléctricos hasta 2035, es decir, una demora de siete años respecto de los plazos inicialmente comunicados a inversores y reguladores. Este retraso, advertía el memo, podría requerir "reformular objetivos y/o ajustar comunicaciones externas que relajen ambiciones previamente establecidas".
La segunda opción se presentaba bajo la denominación de "inversión diferida" o caso "justo a tiempo", proponiendo un proceso de transición que comenzaría en 2040. Esta alternativa, según lo señalado en el documento, "arriesgaba el cumplimiento del objetivo 2050" e implicaba riesgos financieros si existiera un cambio material en los precios del carbono o si el gobierno australiano revocara los beneficios tributarios sobre combustible diésel que actualmente otorga a la minera. La tercera opción disponible para los ejecutivos constituía simplemente mantener la situación actual: no hacer nada. Esta alternativa comportaba, según el memo, riesgos reputacionales significativos, dado que representaría una ruptura con los compromisos establecidos en su plan de acción por la transición climática, un documento que los accionistas habían respaldado de manera abrumadora.
La cancela silenciosa de iniciativas clave
Más allá de los retrasos en proyectos de energías limpias, BHP tomó decisiones aun más drásticas respecto de emprendimientos que hubiesen generado impactos sustanciales en la reducción de emisiones. En el corazón de la región de Pilbara, cerca de su enorme mina a cielo abierto de Jimblebar, la compañía había planeado construir una planta de beneficiación que mejorara significativamente la calidad del mineral extraído. Este mineral de mayor pureza podría comercializarse a precios superiores y ser utilizado por clientes siderúrgicos de BHP de manera considerablemente menos contaminante. Con la industria siderúrgica china enfrentando presiones inmensas derivadas de mandatos gubernamentales, esquemas de comercio de emisiones y el nuevo mecanismo de ajuste por carbono de la Unión Europea, BHP había estimado que la planta reduciría emisiones indirectas en 1.7 millones de toneladas anuales, equivalente a retirar más de 350 mil vehículos de circulación. Internamente, la compañía clasificó el proyecto como portador de "excelente valor social" y "alineado" con su plan de transición climática avalado por accionistas.
Sin embargo, a mediados del año anterior, documentos internos muestran que BHP canceló silenciosamente esta iniciativa. Se suspendieron todos los trabajos posteriores. En sus explicaciones internas, la minera argumentó que la planta presentaba economía marginal y dificultades para competir con otros proyectos de capital. Un proyecto con potencial para eliminar más contaminación que cualquier otra iniciativa de descarbonización que BHP contemplaba en toda la región fue abandonado sin explicaciones públicas.
El mismo destino sufrió otra iniciativa: un proyecto de solar de 50 megavatios y 20 megavatios de batería ubicado junto a la mina Jimblebar, con capacidad de abastecer aproximadamente 20 mil hogares. El directorio de BHP había aprobado una inversión de 390 millones de dólares para esta iniciativa, clasificada internamente como "excelente oportunidad para mejorar el valor social de BHP". A mediados de 2023, el proyecto fue cerrado y fusionado con otro iniciativa de renovables de mayor envergadura. Esa segunda iniciativa no cuenta con financiamiento de capital asignado durante años y ella misma ha experimentado retrasos significativos. La decisión generó sorpresa entre personal interno. Algunos cuestionaron cómo BHP podía apartarse de una dirección tan clara emanada de su directorio.
El contraste con competidores y el rol de políticas de gobierno
Este panorama resulta particularmente notable cuando se lo contrasta con el desempeño de Fortescue, un competidor principal de BHP en Pilbara. Fortescue ha realizado pedidos significativos de camiones eléctricos y adelantó sus ambiciones de carbono neutral hacia 2030. Aunque sus emisiones aumentaron recientemente por la incorporación de una operación importante de magnetita, la empresa espera poder abastecer todas sus operaciones en Pilbara durante períodos de veinticuatro horas sin recurrir a combustibles fósiles para fines de 2027. BHP, por su lado, actualmente utiliza un acuerdo de compra de energía para abastecer el 30 por ciento de sus operaciones en Port Hedland con energía solar.
Expertos en política climática señalan que la desaceleración de BHP expone fallas fundamentales en una de las principales políticas climáticas del gobierno australiano: el mecanismo de salvaguarda. Este sistema requiere que aproximadamente 200 emplazamientos industriales grandes, incluyendo minas, reduzcan anualmente la intensidad de sus emisiones. Sin embargo, las empresas propietarias de las minas pueden cumplir sus metas comprando controvertidos compensadores de carbono australianos en lugar de realizar cortes directos, postergando la necesidad de reducción en el mismo sitio. Las emisiones de más de la mitad de los emplazamientos contaminantes de BHP excedieron durante el último ejercicio fiscal los límites establecidos por el gobierno, conocidos como líneas de base. La compañía debió presentar aproximadamente 225 mil créditos de carbono —con un costo inferior a 9 millones de dólares— para compensar la contaminación adicional.
El alcance de la contaminación de BHP resulta difícil de dimensionar. Desde su creación como Broken Hill Proprietary Company en 1885, el comercio de mineral de hierro, carbón y cobre ha convertido a BHP en un éxito comercial extraordinario y simultáneamente en uno de los mayores contribuyentes a la crisis climática global. Ocupa el décimo lugar en contaminación climática histórica entre empresas de capital privado. Según su informe anual, la compañía emitió 8.7 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera durante el último ejercicio fiscal, más que aproximadamente 80 países individuales. Sus emisiones de alcance tres —aquellas liberadas cuando clientes utilizan sus productos— continuaron aumentando, registrando un crecimiento del 7 por ciento entre 2020 y 2025. La división de mineral de hierro en Australia Occidental generó 2.62 millones de toneladas, equivalente a toda la contaminación proveniente de buses circulando en carreteras australianas. La operación consumió 1.23 mil millones de litros de diésel y recibió 622 millones de dólares en créditos tributarios sobre combustible durante 2024-25, consolidándose como el mayor receptor del subsidio de combustible del gobierno australiano.
Comunicación estratégica versus acción real
BHP fue inicialmente consciente de la importancia de la descarbonización. Realizó declaraciones audaces dirigidas a accionistas y gobiernos —tanto federales como estatales— respecto de la importancia de su plan de reducción de emisiones. Un memorándum interno de 2023 reflejaba esta preocupación: "El lento progreso en reducción de emisiones por parte de WAIO [la división de mineral de hierro de Australia Occidental] tendría impactos reputacionales, particularmente en el contexto de acciones rápidas por parte de otros mineros de hierro en Pilbara". El documento agregaba: "La descarbonización urgente alineada con los compromisos públicos de BHP efectivamente sostiene la licencia para operar, sustentarse y crecer de WAIO".
Sin embargo, mientras mantiene públicamente sus objetivos, la compañía ha reducido dramáticamente su gasto en descarbonización, pasando de 4 mil millones de dólares estadounidenses a 500 millones. Retrasó los cronogramas de entrega para la transición fuera de camiones diésel e indicó que, dadas esas demoras, pospondría inversiones en electricidad de bajas o nulas emisiones para alinearse con el lanzamiento posterior de equipos eléctricos. La empresa atribuyó estas decisiones a la "falta de soluciones tecnológicas disponibles para apoyar reducciones rápidas de emisiones para reemplazo diésel". La posición contrasta notablemente con competidores que han hecho apuestas mayores en tecnología emergente. En su informe anual, BHP utilizó lenguaje que anticipa una desaceleración en sus planes de descarbonización y señaló una reducción dramática en gasto dedicado a estas iniciativas. Al mismo tiempo, anunció a inversores en junio de 2024: "Hacia el final de esta década, planeamos contar con hasta 500 megavatios de activos de viento, solar y almacenamiento de batería disponibles en Pilbara, respaldados por energía firme de nuestra estación de energía de gas natural altamente eficiente Yarnima".
Influencia política y lobby corporativo
BHP posee recursos considerables para desplegar cuando intenta influir sobre la administración federal. Utiliza tres firmas registradas como cabilderos ante el gobierno, incluyendo GRACosway, Brookline Advisory y GXO Strategies, además de contar con un equipo propio de relaciones con el gobierno. La compañía mantiene una política de evitar donaciones políticas directas, pero financia viajes a sus emplazamientos remotos para políticos, periodistas e inversores. Recientemente otorgó "vuelos chárter, hospitalidad y alojamiento" a la ministra de recursos para facilitar una sesión informativa, tour y anuncio en Olympic Dam. BHP ha realizado múltiples presentaciones ante gobiernos buscando influir sobre la operación del mecanismo de salvaguarda, incluyendo durante un proceso de reforma en 2022, cuando argumentó por cambios que reducirían los costos que enfrenta, incluyendo la introducción de compensadores internacionales de bajo costo.
Estos hechos adquieren particular relevancia considerando que los accionistas de BHP han manifestado claramente sus expectativas de que la empresa actúe frente a la emergencia climática. En la asamblea general anual de 2024, votaron de manera abrumadora a favor de su plan actualizado de transición climática, un documento que establece una estrategia clara de electrificar camiones, recurrir a energías renovables, descarbonizar operaciones y limitar emisiones indirectas. Una año después, BHP utilizó su informe anual para anticipar una desaceleración en sus planes y señaló una reducción dramática en gasto relacionado.
Perspectivas divergentes y consecuencias futuras
Los hechos revelados a través de documentos internos plantean cuestiones fundamentales respecto de la efectividad de marcos regulatorios diseñados para reducir emisiones en economías intensivas en recursos. La capacidad de grandes corporaciones para postergar indefinidamente inversiones en descarbonización mientras mantienen públicamente compromisos ambiciosos sugiere tensiones profundas entre objetivos declarados y limitaciones prácticas de políticas de gobierno. Algunos observadores sostienen que el mecanismo de salvaguarda australiano proporciona incentivos insuficientes para cambios acelerados, permitiendo que operadores económicos racionales optimicen costos a corto plazo mediante compensaciones de carbono en lugar de transformaciones operacionales fundamentales. Otros argumentan que las dificultades tecnológicas para escalar soluciones como camiones eléctricos de 240 toneladas en operaciones de minería de Pilbara son genuinas y requieren períodos realistas de desarrollo. Las decisiones de BHP respecto de postergar inversiones en energías renovables y cancelar iniciativas de beneficiación generarán diferentes interpretaciones según perspectivas sobre responsabilidad corporativa, viabilidad tecnológica y alcance apropiado de intervención regulatoria. Lo que permanece claro es que la magnitud de las emisiones corporativas demanda acciones de transformación operacional inmediata, mientras que la trayectoria documentada de BHP muestra una reducción en la velocidad de cambio justamente cuando la ventana de tiempo para prevenir impactos climáticos más severos se estrecha. Las próximas



